“Esto ya parece la Copa Brasil Libertadores”, se quejaban usuarios en Twitter, dada la cantidad de equipos brasileños en octavos de final -seis-. Pero, finalmente, Palmeiras y Atlético Mineiro se eliminaron entre ellos y Flamengo y Atlético Paranaense cayeron inesperadamente ante Olimpia y el Bolívar de La Paz. De modo que el cuadro de cuartos de final quedó integrado con 3 brasileños, 2 argentinos, 1 boliviano, 1 paraguayo y 1 colombiano. El año pasado había quedado reducido a 5 brasileños y 3 argentinos, con lo cual el torneo perdió totalmente interés para la afición de ocho países. Pero esto no es culpa de los que llegan, sino de quienes no evolucionan. El mejor ejemplo es Bolívar. El club paceño, envuelto en un presente luminoso, armó un plantel muy calificado y está en cuartos de final. Y pelea.

Seguimos con Bolívar. Había ganado la ida 3 a 1 a Paranaense con solvencia, no por la altura. En Curitiba se plantó bien para mantener la ventaja, pero sufrió una gravísima actuación del árbitro peruano Kevin Ortega. Le anuló un gol válido que le daba el empate a uno. Desde el VAR le dijeron “no vemos falta”, sin embargo, él insistió en que hubo una carga ilícita de Ronnie Fernández a Thiago Heleno. Antes había concedido un penal inexistente al Paranaense por una mano que no se vio del zaguero Bentaberry. El cuadro brasileño ganó 2-0, fueron a penales y ahí Kevin Ortega no pudo hacer nada. Hubo un solo penal fallado y justamente fue el de Thiago Heleno, que dio en el travesaño. Bolívar deberá enfrentar a Inter de Porto Alegre y no es descabellado pensar que será una serie pareja.

Otro arbitraje muy cuestionado fue el del uruguayo Andrés Matonte, que no concedió un penal monumental de Enzo Díaz, de River, a Fabricio Bustos, del Inter de Porto Alegre. Iban 0 a 0 y podía resultar decisivo. Pero Matonte, pese a la claridad de la acción, dijo no. Lo que está claro es que, cuando el réferi quiere, no hay VAR que valga, hace la suya.

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Afortunadamente, los groseros fallos arbitrales no impidieron que se hiciera justicia. Clasificaron quienes habían hecho más.

Boca, en el debut de Édinson Cavani (buenas intenciones y pobre rendimiento), reventó La Bombonera, aunque apenas pudo empatar 2-2 con Nacional de Montevideo (la ida había terminado 0-0). Pese a las continuas contrataciones, Boca no logra afirmarse con juego, no muestra solidez aun siendo el de menos goles en contra de la Copa, apenas 4 en 8 partidos. No obstante, como diría Perogrullo, “Boca es Boca” y nunca es descarte.

A Independiente del Valle, esta vez, la moneda le cayó del otro lado. Fue eliminado por un equipo discreto, pero luchador y de despliegue físico, como el Pereira. IDV parecía tener la llave más sencilla de las ocho, quedó fuera ante un Pereira que casi toda la noche puso diez hombres en su área.

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El penal malogrado por Hoyos cerca del final demuestra que los arqueros deben esperar hasta el último instante. Si es posible, sin moverse. Eso genera dudas en el ejecutante. Dudas, aparte de la presión que ya tiene el pateador. En la definición por tiros desde los doce pases entre Inter-River vimos al arquero uruguayo Rochet (excelente durante el juego) elegir un palo y tirarse antes de que salga la pelota. Eso se hacía antes. Los especialistas en parar penales (Dibu Martínez o el fabuloso brasileño Diego Alves, que contuvo el 75 % de los remates) tienen una receta: aguantar hasta último momento antes de lanzarse. Si el tiro no es demasiado fuerte o esquinado, lo atajan.

BUENOS AIRES, Argentina. Jugadores de Racing festejaron su triunfo ante Atlético Nacional de Medellín. Foto: EFE

El Pereira deambuló casi ocho décadas en Primera División sin poder nunca gritar campeón. Se le dio en diciembre del año pasado. Venció en la final al Independiente Medellín. Y por primera vez también entró en la Copa. Con una nómina modesta hizo frente a Boca, a Colo Colo, clasificó a octavos y ahora volteó un muñeco que era amplio favorito: IDV. No estaba en planes de nadie. El Pereira primero defiende, después defiende y por último defiende. Y pone sobre el césped un valor que no debe faltar en ningún orden de vida si se busca el éxito: actitud. Claro, ahora le toca Palmeiras y parece como que se le viene encima un cartel que dice “fin del camino”. Pero esto es fútbol y todo puede suceder.

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Palmeiras, bicampeón 2020 y 2021, semifinalista en 2022, amenaza llegar alto de nuevo, siempre conducido por el portugués Abel Ferreira. Un equipo durísimo en defensa, que mantiene toda la columna vertebral: su golero Weberton (para este cronista, el mejor de Brasil por encima de Alisson y Ederson), el gran capitán Gustavo Gómez, Raphael Veiga, Dudu, Rony. Llevan años allí y juegan a ojos cerrados. Es supercandidato a enfrentar en semifinal a Boca o a Racing.

Racing y Olimpia dieron una demostración de grandeza fantástica. Si existe un cuadro copero se llama Olimpia de Paraguay, con tres coronas, siete finales y tantas semifinales. Sin embargo, la noche del jueves le dio a sus hinchas una de las mayores alegrías en sus 64 años de disputas coperas. Mal en el torneo local, sumido en deudas, había perdido ante Flamengo en Río por la mínima. Se esperaba una fácil clasificación del rubro-negro carioca. Y a los 6 minutos en el Defensores del Chaco, gol de Flamengo. Más favoritismo. Pero ahí apareció la estirpe, la garra, el corazón olimpista para darlo vuelta: 3 a 1 bien a la paraguaya, con tres goles de cabeza, aunque el tercero fue de un argentino, Facundo Bruera. Los tres fueron cabezazos matadores.

No menos emotivo fue el triunfo de Racing 3-0 sobre Nacional de Medellín, que había ganado la ida en Colombia 4 a 2. Racing salió a pisarlo a Nacional y lo borró del campo. Un 3-0 que tal vez mereció ser más amplio. Honores a la Academia, que seguro jugará dos partidos épicos con Boca. Está hermosa la Copa. (O)