Richard Carapaz ha consumido toneladas de papel, hectolitros de tinta, cientos de horas de radio y televisión en todos los medios de comunicación del mundo, en todos los idiomas. Es sorprendente la dimensión universal que ha alcanzado su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 por tratarse de un deportista que se ha formado en medio de enormes dificultades, perteneciente a un país de escasa tradición victoriosa en esta clase de justas y porque compitió casi solo, sin el apoyo de un equipo. Por las reglas del ranking de la Unión Ciclista Internacional (UCI) Ecuador solo podía inscribir a dos participantes en ruta, frente a países que contaban con seis ciclistas y una exuberante muestra de sistemas de apoyo, bicicletas, ruedas, manillares, pedales de repuesto, un staff médico y una dotación de medios de hidratación.

Richard Carapaz, campeón olímpico ‘sin apoyo’

La distancia que separaba a Carapaz y a Jhonatan Narváez de estas escuadrillas, tan bien armadas, era sideral. Para estas pruebas de ruta un ciclista necesita de gregarios, corredores que ayudan a conseguir la victoria a su líder. La labor del gregario puede ser de todo tipo: desde suministrar bebidas, hasta colocarse delante del hombre fuerte para disminuir el rozamiento de este con el viento que le hace perder aerodinámica; incluso, le brinda apoyo emocional cuando parece desfallecer. Narváez fue un gran apoyo anímico, pero a la hora de las grandes decisiones, cuando Carapaz luchaba contra los mejores del mundo en ruta, estaba lejos. Solo contra todos, nuestro gladiador logró imponerse y llegar con amplia ventaja a la meta para darnos una de las mayores alegrías de la historia. La falta de apoyo de organismos deportivos desde que empezó a enamorarse del ciclismo en una bicicleta armada con chatarra, que no tenía llantas, hasta comenzar a despegar como un deportista de élite lo ha tornado rebelde ante los dirigentes. Carapaz es un hombre sencillo, pero la adversidad, las humillaciones, las persecuciones lo han hecho insumiso. Y aplaudimos que lo sea.

‘En las buenas y en las malas’, le dice Jhonatan Narváez al medallista olímpico Richard Carapaz

Desde la cima de la gloria ha agradecido a quienes confiaron en él y lo apoyaron. Cuando habló de que Ecuador no creyó nunca en él, no se refirió a nuestro pueblo que ya le había demostrado su admiración y su afecto desde la victoria en el Giro de Italia 2019. El misil ha enfilado hacia los dirigentes y los funcionarios que le negaron ayuda en sus comienzos y luego lo abochornaron en el triste episodio de los Juegos Bolivarianos del 2017.

La entonces ministra del Deporte, Andrea Sotomayor, que no era integrante oficial de la delegación, estuvo entre quienes acusó a Carapaz, Narváez y Jonathan Caicedo, seleccionados a los Juegos, de cometer una grave falta disciplinaria. Sin tener autoridad para ello aprobó expulsarlos de la delegación, castigo que el presidente del Comité Olímpico y el jefe de misión, que eran quienes debía decidir, acordaron aceptar como hecho consumado ante una burócrata autoritaria. El COE anunció la apertura de un expediente disciplinario que iba a dar la oportunidad de que los ciclistas dieran su versión. Tal expediente nunca se abrió. Esto pudo haber terminado con la carrera de los deportistas que se repusieron anímicamente de la injusticia. Los scouts de talentos ya se habían fijado en nuestros compatriotas y los llevaron a Europa. Fue en el 2018, meses después del agravio, que Sotomayor decidió incluir a Carapaz (que acababa de ganar una etapa del Giro ese año) en el Plan de Alto Rendimiento con una pensión exigua para un deporte que exige grandes gastos si se considera que solo una bicicleta de competencias puede llegar a costar $ 18.000.

El COE responde a queja de Richard Carapaz sobre masajista

Los JJ. OO. de Tokio iban a realizarse en 2020. En enero de ese año Carapaz dijo no saber de planes ni de fondos para la preparación. La Secretaría del Deporte aseguró en un comunicado que “la Federación Ecuatoriana de Ciclismo había recibido a inicios de ese año $ 642.916. $ 342.202 de la suma global ha sido asignada para la preparación para los eventos, reconocimiento de la ruta de los Juegos Olímpicos de Tokio, eventos de Copa del Mundo y participación en el Tour Colombia 2.1”. Habría que preguntarle a nuestro medallista y a Narváez cuánto de ese dinero les fue entregado para su preparación. Mientras el planeta entero se pone de pie para reconocer el valor de Carapaz, Ecuador se llena de desquicios y dislates. Andrea Sotomayor afirma en una entrevista que el campeón olímpico debe agradecerle haberle castigado, pues a partir de la sanción que ella aprobó es que empieza la grandeza de Carapaz. Solo le faltó pedir que el carchense le agradezca y le entregue la presea de oro, pues no existe nadie que la merezca tanto como ella. La respuesta que ha recibido en las redes sociales es suficiente castigo ¿Entienden ahora la reacción del medallista?

Un minúsculo sector del periodismo ha criticado a nuestro campeón por su actitud. Ninguno entiende acerca de los valores del deporte y lo que aportan a la sociedad. Alberto Dahik Garzozi les ha dado una lección en un artículo de opinión en EL UNIVERSO. Recomiendo su lectura, tanto como vacunarse contra el COVID-19. Es una buena manera de prevenir ciertos contagios a los que la inocencia, la negación o la ignorancia nos empujan frecuentemente, especialmente a opinantes de buena fe. No conozco un pueblo donde el periodismo trate de destruir a las glorias, en lugar de enorgullecerse de ellas. Apenas surge un triunfador surgen opiniones que escarnecen a los que antes fueron héroes. Todo viene con el cuento de la pregunta ¿quién es el mejor de todos los tiempos? En lugar de levantar un monumento a la memoria de quienes nos hicieron grandes, caemos a hachazos al épico pasado para instalar al único, al inigualable, al portentoso atleta que representa el presente.

Oro olímpico impulsa a Richard Carapaz al cuarto lugar del ranking de la UCI

Cuando Andrés Gómez ganó Roland Garros (dos Grand Slam más en dobles) lo primero que le escuchamos a un indigente intelectual fue “olvídense del cuento de Pancho Segura; no existe; el único grande es Andrés”. Y es indiscutible que Gómez es un gigante, pero Segura fue tres veces campeón del mundo y es el único ecuatoriano en un Salón de la Fama que lo ha convertido en legendario e inmortal. Antonio Valencia llegó al Manchester United, fue titular y capitán en varias temporadas. Hoy un escuadrón grita ahora: “No nos hablen de Alberto Spencer; ese no se puede comparar con Valencia”. Y ocurre que Spencer fue dos veces campeón del mundo; está considerado uno de los diez mejores jugadores de la historia; figura en un tomo especial de la Enciclopedia Océano del Fútbol titulado ‘Los Inmortales’, junto a Pelé, Cruyff, Maradona, Di Stéfano, Bobby Moore y otros cracks.

¿Por qué escoger a uno cuando podemos disfrutarlos a todos: Carapaz, Jefferson Pérez, Segura, Spencer, Jorge Delgado, Jacinta Sandiford, Carlos Luis Gilbert y varios nombres más? Estados Unidos puede elegir. Tiene 2.523 medallas olímpicas; nosotros 3. Y queremos destruir a quienes nos han dado fama, aplausos, prestigio, celebridad. Apartémonos de sujetos de escaso nivel que proponen esa tarea y elevemos nuestro aplauso y reconocimiento a nuestros deportistas de fama universal. (O)