El 16 de julio de 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, se produjo un hecho que cambió el curso de nuestra era: la detonación de Trinity, la primera bomba nuclear de la historia. Los trágicos hechos que surgieron a partir de este descubrimiento ya los conocemos, pero actualmente los científicos han dado con un hallazgo inesperado del inolvidable episodio: la primera aparición de un cuasicristal producido por la humanidad.

La prueba de Trinity, que fue el primer encuentro de la humanidad con la bomba atómica ocurrió en el desierto de Nuevo México, en territorio de Estados Unidos.

Menos de un mes después se lanzaron dos bombas sobre Japón: la primera, “Little Boy”, un arma de uranio, cayó sobre la ciudad de Hiroshima. bomba detonada usaba como material fisionable plutonio, igual que la lanzada más tarde sobre Nagasaki.

“Los cuasicristales se forman en ambientes extremos que rara vez existen en la Tierra”, explicó el geofísico Terry Wallace, del Laboratorio Nacional de Los Álamos. “Es necesario un evento traumático con una sacudida, una temperatura y una presión extremos. No solemos ver esto, excepto en algo tan dramático como una explosión nuclear”.

Según el portal especialista Sciencealert, los átomos de todos los cristales se organizan formando una serie de patrones que se repiten. Sin excepción. Sin embargo, esta regla no se aplica a los cuasicristales, cuya estructura interna no cuenta con patrones periódicos. Hasta los años 80 se sospechaba que la existencia de estos cuasicristales era algo imposible, hasta que el científico israelí Dan Shechtman fue capaz de recrearlos en un laboratorio, un hecho que lo llevó a ganar el Nobel de Química casi 20 años después.

Foto: Luca Bindi y Paul J Steinhardt

Actualmente, unos años más tarde, un equipo de científicos liderado por el geólogo italiano Luca Bindi decidió estudiar a profundidad unos restos de trinita, un material vidrioso que se descubrió a partir de la explosión de la prueba de Trinity. Los encontró en el interior de los restos de una peculiar trinita de color rojo donde apareció este cuasicristal.

Por medio de modernas técnicas de barrido y rayos X, los investigadores pudieron identificar la existencia del cuasicristal, aunque todavía quedan preguntas a las que no han sido capaces de dar respuesta. “Este cuasicristal es magnífico por su complejidad, pero nadie puede decirnos todavía por qué se formó de esta manera”, explicaba Wallace.

Esta investigación, junto con un mayor estudio de los minerales que han aparecido en detonaciones similares, podría ayudar a los científicos a comprender mejor su formación y acabar desembocando en avances aplicados sobre ingeniería de materiales. (I)