En los primeros días del juicio a Ghislaine Maxwell una mujer la acusó de hacerse su amiga cuando era niña solo para participar en el abuso sexual que ocurrió después.

Durante una tarde de 1994, una chica de 14 años comía helado con unos amigos en una mesa de picnic en un campamento artístico de verano en Michigan cuando una “mujer alta y delgada” con “un yorkie chiquito y bonito” pasó por ahí.

Los chicos preguntaron si podían tocar al perro, pero poco después se marcharon y dejaron a la chica con la mujer. Luego, un hombre se les unió y le preguntó a la joven sobre el campamento y sus otros intereses. Dijo que era un benefactor que hacía donativos al campamento y que apoyaba el talento joven. Cuando la niña dijo que vivía en Palm Beach, Florida, el hombre dijo: “Qué coincidencia, nosotros también vivimos ahí”. Y le pidió su número de teléfono.

Al testificar el martes, durante el juicio por tráfico sexual contra Ghislaine Maxwell, la niña de 14 años de Florida —que ahora es una mujer adulta que la corte solo identificó como “Jane”—, describió al jurado cómo un encuentro fortuito con Maxwell, la mujer del yorkie, y Jeffrey Epstein condujo a años de abuso sexual.

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Jane, la denunciante

El abuso ocurrió en las propiedades de Epstein en Florida, Nuevo México y Nueva York y en ocasiones involucró a grupos de personas, relató. Según ella, en algunas ocasiones, Maxwell también participó en los actos sexuales.

En su declaración, Jane dijo que durante años no le contó a nadie de los abusos y solo se lo confió a sus seres queridos en el año 2002, luego de haber interrumpido el contacto con Epstein. La mujer, quien dijo que trabajaba como actriz, no le contó a las autoridades sobre sus acusaciones hasta después de la muerte de Epstein en 2019, en parte porque dijo que le preocupaba enfrentar repercusiones profesionales en Hollywood.

Jane fue la primera denunciante en declarar durante el juicio, y describió cómo Maxwell y Epstein la atrajeron a sus vidas y cómo lo que parecía ser una relación especial, una suerte de mentoría, pronto se convirtió en abuso sexual.

Así fueron los últimos días de Jeffrey Epstein, nada hacía presumir depresión o arrepentimiento

Semanas después de su encuentro inicial en Michigan, dijo Jane, regresó a su casa de la escuela —empezaba el octavo grado— para enterarse de que Epstein había llamado para invitarla a ella y a su madre a tomar el té en su residencia. Un chofer pasó a recogerlas y las llevó al hogar de Epstein.

Fue la primera de muchas visitas que haría pero su madre nunca la volvió a acompañar. Dijo que la casa era impresionante, como Epstein y Maxwell, aunque sus conductas a veces podían ser confusas o abrumadoras.

Al describir esos primeros días, Jane a veces se reía de sí misma, hacía amplios aspavientos y le hablaba directamente al jurado. Pero al relatar el abuso —y más tarde cuando el abogado de Maxwell intentó desafiar sus recuerdos durante el careo— el tono de Jane se volvió más serio.

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Durante varios momentos de la declaración de Jane, Maxwell se inclinó al frente en su silla de la mesa de defensa, se puso un par de gafas y tomó notas.

“Desde el principio hubo mucho alardeo de que eran amigos básicamente de todos”, dijo Jane y añadió que Maxwell y Epstein mencionaban nombres para presumir, recordó que se refirieron a personajes como Donald Trump, Bill Clinton y Mike Wallece. El efecto era sugerir que “estaban muy bien relacionados y eran pudientes”.

Como hermana mayor ‘rara’

Pronto Jane empezó a visitar la casa de Epstein en Palm Beach cada semana o cada quincena y Maxwell solía estar ahí. Al principio, Maxwell era una especie de hermana mayor, “rara” y “estrafalaria”, dijo Jane, “pero era linda”. Jane dijo que Maxwell la llevó al cine y a comprar camisas y un suéter de casimir y a Victoria’s Secret por ropa interior “básica”, como “pantaletas blancas de algodón”.

Pero poco después Maxwell empezó a hablarle de sexo, dijo Jane. Un día, contó, Maxwell estaba con un grupo de mujeres que estaban en topless o desnudas alrededor de la piscina de Epstein.

Juicio a Ghislaine Maxwell por delitos sexuales, dos años después de la muerte de Jeffrey Epstein

Otro día, cuando aún tenía 14 años, hablaba con Epstein en su oficina cuando él le dijo que podía presentarle a buscadores de talento y “lograr que se den las cosas” a su favor. Luego “abruptamente” concluyó la conversación, la tomó de la mano y le dijo “sígueme” mientras la guiaba a la casa de la piscina.

Luego, Epstein la llevó hasta un sillón y se quitó los pantalones. La jaló hacia él y “procedió a masturbarse”, testificó con voz entrecortada. Luego de terminar, dijo, fue al baño a limpiarse y “actuó como si nada hubiera pasado”.

“Estaba paralizada de miedo”, dijo Jane. Declaró que no le contó a nadie sobre lo que había pasado en la casa de la piscina, y añadió: “Estaba aterrada y me sentí asqueada y avergonzada”.

Fotografía de archivo en la que se registró un tablero de la Fiscalía de Estados Unidos al anunciar cargos contra Ghislaine Maxwell (d), por su presunto papel de cómplice y encubrimiento de explotación sexual y abuso de varias menores por parte de Jeffrey Ebpstein (i), en Nueva York (NY, EE.UU.). EFE/Jason Szenes Foto: EFE

Poco después de ese incidente, Maxwell se les unió en la habitación de Epstein; mientras los dos adultos se tocaban mutuamente la guiaron para que se les uniera. En visitas posteriores, la llevaron a la habitación de los masajes y Maxwell le explicó cómo le gustaba a Epstein que lo masajearan.

Una fiscala, Alison Moe, le preguntó sobre el comportamiento de Maxwell durante esos incidentes.

“Diría que parecía muy casual, como que era muy normal, como si no fuera gran cosa”, dijo Jane.

El testimonio de Jane, a menudo emotivo, sucedió durante el segundo día del juicio contra Maxwell en la Corte Federal de Distrito de Manhattan por cargos de que ayudó a Epstein a reclutar preparar (grooming) y finalmente abusar sexualmente de menores de hasta 14 años.

Testigos

Los fiscales han dicho que Jane y otras tres denunciantes, todas adultas ahora, testificarán con pseudónimos o solo con una parte de sus nombres.

La defensa dejó muy claro que planea socavar la credibilidad de Jane en el careo al insinuar que ella está actuando y que solo decidió cooperar con el gobierno e implicar a Maxwell porque creía que le ayudaría a presentar un reclamo al fondo de víctimas de Epstein, que le otorgó 5 millones de dólares.

Durante la tarde del martes, una de las abogadas de Maxwell, Laura Menninger, empezó el interrogatorio presionando a Jane sobre el tiempo que se demoró en reportar sus denuncias e intentó mostrar las lagunas en el recuerdo de su adolescencia en Florida.

Antes de eso, Moe, la fiscala, le preguntó a Jane si alguna vez había revelado públicamente su identidad como víctima de Epstein y Maxwell.

No, dijo Jane, y no le interesaba.

“Siempre quise dejar esto atrás. Avancé con mi vida”, dijo Jane. “Trabajo en la industria del entretenimiento y la culpabilización de las víctimas sigue muy presente hoy en día”. Hablar en público, dijo, también podía afectar su carrera.

“No quería tener nada que ver”, dijo. “Solo quería que desapareciera”. (I)

Lola Fadulu colaboró con reportería.

Benjamin Weiser es un reportero que cubre los tribunales federales de Manhattan. Ha cubierto durante mucho tiempo la justicia penal, tanto como reportero de investigación como periodista. Antes de unirse al Times en 1997, trabajó en The Washington Post. @BenWeiserNYT

Rebecca Davis O’Brien cubre la aplicación de la ley y los tribunales en Nueva York. Anteriormente trabajó en The Wall Street Journal, donde formó parte de un equipo que ganó un Pulitzer en 2019 en reportajes nacionales por investigar historias sobre pagos secretos hechos en nombre de Donald Trump a dos mujeres.