Jesús Rojas labora en una cadena de venta de hamburguesas desde hace 20 años. Su trabajo consiste en atender al público, limpiar mesas y ordenarlas antes de que abra el local. Él reside en La Prosperina, noroeste de Guayaquil, y tiene cuatro hijos.

Rojas dijo haber trabajado constantemente para que los cuatro estudiaran en la universidad. Aunque era muy difícil cancelar los rubros por pensión en esas instituciones, nunca se rindió y logró pagar la totalidad de los cursos.

Todo el dinero que recaudaba lo invirtió en ellos y tuvo resultados gratificantes. Como papá se siente orgulloso de ver a sus hijos capacitados y desenvueltos en el mundo profesional.

Comentó que durante la época alta de la pandemia en Guayaquil vivió momentos difíciles, pues no tenía mucho dinero. Dijo que algunas veces no le pagaban la totalidad de su salario y en otras ocasiones se atrasaban en cancelarle.

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Sin embargo, con sus ahorros sacó adelante a su familia distribuyendo de manera correcta el dinero.

Luego del terremoto que sacudió a Esmeraldas y Manabí, el 16 de abril de 2016, Rojas se dirigió hacia las zonas más afectadas para ayudar y entregar víveres a cientos de familias damnificadas.

Emocionado, contó que escuchó a tres niños llorando sin cesar porque no encontraban a sus padres. Aquello lo conmovió y decidió acogerlos en su hogar en Guayaquil. Ahora él los cría como si fueran suyos en su vivienda.

Y dijo que se esfuerza a diario para que ellos estudien y no les falte comida en la mesa. Seguirá trabajando hasta ver que los tres pequeños, cuando crezcan, sean profesionales. Esa es su meta.

Rojas comentó que al no haber podido seguir estudios universitarios, se planteó luchar para que sus descendientes sí pudieran acceder a estas instituciones.

Para celebrar el Día del Padre, hoy espera reunirse junto con sus hijos. El año pasado no pudo festejar por las restricciones debido a la pandemia.

Está orgulloso de la familia que ha formado y de poder brindarles amor, hogar y educación a los niños manabitas. (I)