Todo había comenzado de forma espectacular. Galway, la antigua aldea de pescadores irlandesa, celebró la entrada al año como Capital Europea de la Cultura 2020 con el cantante pop británico Ed Sheeran y la canción que compuso especialmente para la ocasión, Galway Girl.

En el puerto croata de Rijeka, sobre el mar Adriático, 200 músicos, bailarines y cantantes de coro inauguraron el año con una Ópera industrial en la que recrearon los intensos sonidos de la que fuera una ciudad de astilleros y trabajadores.

Rijeka (Croacia), Capital Europea de la Cultura 2020.

Esto fue en febrero de 2020, cuando ambas ciudades celebraron sus ceremonias de apertura con la expectativa de disfrutar un año cultural pleno de acontecimientos y emociones.

Pero pocas semanas después, la pandemia de coronavirus arrasó Europa. Los confinamientos, cierres de fronteras, la prohibición de contacto y el miedo al virus hicieron que los eventos y viajes de los artistas fueran en su mayor parte imposibles de concretar.

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La catedral es una de las tantas atracciones de Galway. (DPA) Foto: Alexandra Stahl

Los presupuestos se achicaron, los programas se condensaron. “Sin embargo, tomamos la decisión estratégica de no arrojar la toalla”, explica la directora general del proyecto Rijeka 2020, Irena Kregar-Segota, en una entrevista.

Teatro Nacional en Rijeka (Croacia). (DPA)

En todo caso, los responsables a nivel europeo tomaron la decisión de que Rijeka y Galway continuaran hasta finales de abril de 2021 su año como Capitales Europeas de la Cultura.

¿Qué fue lo que pudieron rescatar de sus ambiciosas ofertas culturales en tiempos de restricciones forzadas por la pandemia?

“Hemos reestructurado y reprogramado”, explica Kregar-Segota. “Nos concentramos en los artistas locales y en iniciativas locales”, detalla.

El arte en el espacio público al aire libre experimentó una revalorización especial, no solo en forma de murales coloridos pintados sobre muros y paredes de edificios en Rijeka, sino también como esculturas e instalaciones en la bahía de Kvarner, que es parte del entorno de la ciudad.

Además, Kregar-Segota está orgullosa de que, pese al recorte del presupuesto en un 40 por ciento, se hayan podido organizar y llevar a cabo 221 programas con hasta 80 eventos cada uno, que han atraído a 130.000 espectadores y visitantes.

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Galway también intentó rescatar aquello que podía rescatarse.

En un año como ningún otro, se ha demostrado “cuánto se han comprometido los artistas con Galway 2020 para compartir con el público sus proyectos, que han creado y desarrollado a lo largo de años”, destaca la ministra irlandesa de Cultura, Catherine Martin.

Las coloridas casas del barrio de Claddagh contrastan en Galway con el cielo gris que predomina incluso en verano. (DPA) Foto: Alexandra Stahl

En el marco del denominado proyecto Livefeed, la escena musical les dio a los jóvenes, en la época previa al coronavirus, la oportunidad de probarse en diversos ámbitos como la composición, la presentación, la producción de audio o la fotografía de conciertos.

Los pubs con música, como The King's Head, abundan en Galway. (DPA) Foto: Alexandra Stahl

Cuando la irrupción de la pandemia frustró gran parte de las iniciativas, la Capital de la Cultura decidió emitir conciertos en alta calidad y en estos días los músicos difundieron los últimos recitales de Livefeed por la plataforma YouTube a todo el mundo.

El director del proyecto, David Boland, afirma que la iniciativa es enriquecedora e inspiradora. “Estos conciertos bellamente grabados son una forma espectacular de terminar este viaje épico”, señala Boland en un comunicado.

"La ciudad más amable del mundo", un título que Galway ostenta con cierto orgullo. (DPA) Foto: Alexandra Stahl

También la Capital Europea de la Cultura irlandesa apostó con fuerza por el arte al aire libre. Así, recientemente aparecieron en un pantano irlandés retratos de personalidades regionales, esculpidos en el paisaje por el artista plástico Séan Ó Flaithearta.

Rijeka, por su parte, pudo renovar su infraestructura cultural gracias a las generosas ayudas de la Unión Europea (UE) para la ocasión.

En el emplazamiento de una antigua fábrica de azúcar del siglo XIX se está construyendo un nuevo barrio de museos con una superficie de 30.000 metros cuadrados. Ya se inauguraron el Museo de Arte Moderno, el Museo de la Ciudad y la Casa del Niño, y este año abrirá sus puertas la nueva biblioteca municipal.

Chimenea de la desactivada fábrica de papel Hartera, en el distrito de Rijeka del mismo nombre. Las dos Capitales Europeas de la Cultura 2020 en Croacia e Irlanda comenzaron sus programas con muchas ideas y grandes ambiciones. Pero la pandemia de coronavirus las obligó a luchar con circunstancias adversas. (DPA) Foto: Gregor Mayer

“Es la mayor inversión en la cultura de Croacia desde 1945”, dice Kregar-Segota. “Dará forma a la identidad de esta ciudad”, asegura.

La Capital Europea de la Cultura es una iniciativa de la Unión Europea. Cada año se eligen dos ciudades, en general una de los países miembros más antiguos del bloque y otra de los que se sumaron más tarde. Pero la pandemia de coronavirus ha trastocado esta rutina.

Tras la decisión de prolongar hasta fines de abril el año de Galway y Rijeka, en 2021 no habrá Capital Europea de la Cultura.

La serbia Novi Sad y la rumana Timisoara, que habían sido designadas capitales culturales para este año, deberán esperar.

Novi Sad será Capital Europea de la Cultura en 2022 junto con Kaunas, de Lituania, y Esch-sur-Alzette, de Luxemburgo, que habían sido designadas para el año próximo. En tanto, Timisaora celebrará su año en 2023 junto con la griega Elefsina. (I)