Raúl Mejía, director regional del Instituto de Meteorología e Hidrología (Inamhi), expresa que la temperatura de las aguas en la costa ecuatoriana en la actualidad fluctúa entre los 24 y 25 grados centígrados, 2 grados más del promedio en esta época del año, asegura.

Indica que esta circunstancia es una de las probables causales de la presencia del fenómeno de El Niño en el mar.

Carlos Perugachi, jefe del centro de monitoreo del Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar), dice que a más del calentamiento de las aguas hay anomalías a nivel superficial y subsuperficial que referirían de una ocurrencia del fenómeno de El Niño, pero no de carácter alarmante.

Señala que la incidencia de este fenómeno se determinaría luego de la llegada a las costas ecuatorianas de la corriente fría de Humboldt, que permitirá debilitar estas condiciones en el mar y en el nivel atmosférico, por ejemplo, que en julio disminuyan las lluvias que aún se evidencian en varias provincias.

Dice que además de la condición en el mar, otros factores han contribuido a que todavía se generen precipitaciones, como núcleos derivados “de la zona de convergencia que es básicamente la estacionalidad del clima en la parte continental y la componente amazónica”.

De no cambiar ese panorama, asegura Mejía, podría darse la llegada del fenómeno de El Niño, pero que en el caso de Ecuador se daría en el 2016.

“De no ser así (el enfriamiento de aguas con la corriente de Humboldt), cambiaría el panorama y estaríamos hablando de que estaríamos ante un fenómeno de El Niño de carácter moderado a fuerte, pero que nos afectaría el próximo año”.

Agrega que las mayores perspectivas indican que el agua fría de Humboldt ingrese, como todos los años, a partir de agosto o septiembre, lo cual contribuye a que se atenue. “Entonces no tenemos impactos de gran dimensión”, explica Mejía.

Manifiesta que estos cambios en el fondo del mar benefician a especies como el camarón, que se lo captura artesanalmente y repunta con estas condiciones. (I)