Hace 11 años nació la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que el pasado fin de semana recibió la atención de la región por lo sucedido en la reunión entre mandatarios. Principalmente por el arribo de Nicolás Maduro como representante de Venezuela, pese a que varios de los países de la región no lo reconocen ya como tal y algunos se lo hicieron notar, provocando enfrentamientos verbales en los que también se criticó a Cuba y a Nicaragua.

Nacido como una alternativa a la Organización de Estados Americanos (OEA), principalmente impulsado por el entonces presidente venezolano Hugo Chávez en la época de los petrodólares para alejar la influencia de Estados Unidos, ahora con una intención parecida y tras años de estar en segundo plano, el actual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ha tratado de retomar esta plataforma y erigirse como una figura de acercamiento latinoamericano.

De acuerdo con Esteban Santos, analista de temas internacionales, fue otra cumbre con muchos discursos y nada más.

“Creo que es una oportunidad perdida porque las personas de calle sentimos que (los presidentes) van, se gasta mucho dinero en estas cumbres a cuenta de qué, qué pudimos sacar. Los presidentes se dijeron de todo con Maduro, otros no dijeron mayor cosa. El presidente mexicano quiso que este sea el foro que remplace a la OEA, se dijo que no, entonces quedó el mismo status quo a un costo muy elevado”, comenta Santos, para quien la necesidad imperiosa de llegar a acuerdos en la región se aleja más porque todo queda en discursos sin algo concreto, algo negativo porque cree que la integración es una vía para salir de estas crisis y tener democracias más estables, además de servir para denunciar cuando existen violaciones a los derechos humanos.

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Michel Leví, coordinador del Centro Andino de Estudios Internacionales de la Universidad Andina, comenta que la reunión dejó igual bien posicionado a México como un actor importante en la estructura regional, como lo tuvo Lula da Silva en algún momento. Tiene la capacidad de convocar a sectores de diferentes corrientes, los democráticos y los autocráticos.

“Luego nos deja una clara división entre un grupo de jefes de Estados que representan valores más liberales y democráticos, y un grupo de jefes de Estado más autocráticos, autoritarios, más limitados en sus aspectos de participación”, plantea Leví.

Para Santos, AMLO quiere se un nuevo líder en la región, pero sin que EE. UU. intervenga a través de la OEA, pero eso muy difícil que pase porque la Celac no tiene estructura y son solo reuniones, mientras que la OEA tiene un presupuesto, sede, cientos de trabajadores y se han ventilado muchas causas en su seno, además de que está vinculada a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH).

Para él, la OEA tiene peso, pero necesita una reestructuración para que los Estados Unidos tenga un rol menos determinante, porque es demasiado visible su influencia y eso afecta la relación con los otros países.

Leví comenta que la Celac es un foro de diálogo político con la visión de ser una alternativa a la OEA con más facilidades para la toma de decisión. Sin embargo, no se puede aún pensar como un organismo o bloque y no tiene una orientación común entre Sudamérica, Centroamérica, el Caribe y México (Norteamérica), aunque China o la Unión Europea tengan acercamientos directos en esta cumbre.

“Unir todas esas lógicas (subcontinentales) en un mecanismo no es algo sencillo y el futuro de esta estructura dependerá netamente del interés que tengan los jefes de Estado en mantenerla como un foro de diálogo político y las capacidades que les den para realizar algunas de las actividades que han puesto como objetivo”, afirma Leví.

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“¿Por qué han estado perjudicados los procesos de integración en general? Por la política populista, porque llegó el socialismo del Siglo 21, porque llegó Chávez, que propuso justamente la Celac cuando había muchos petrodólares y se podía pensar en un organismo sin Canadá ni Estados Unidos. Tan pronto como esto fracasó Brasil se abrió. Entonces, pensar en un organismo sin estos tres países es muy complicado y más hoy en una crisis muy fuerte en la que ningún país latinoamericano está a favor de poner más dinero en un foro de integración. (Además) recién salimos del fracaso de Unasur”, dice, en tanto, Santos, quien añade que si bien siempre hay una voluntad de integración, todavía no logramos pasar los discursos incendiarios porque no existe un acuerdo real de cómo salir adelante, como una supranacionalidad -como la Unión Europea (UE)- o acuerdos netamente comerciales.

Precisamente AMLO invitó a los mandatarios a formar un organismo similar a lo que fue la comunidad económica europea, antesala de la UE. Además ha mencionado que la Celac puede ser un instrumento para consolidar las relaciones económicas con Estados Unidos y Canadá.

“Con todos sus peros, los únicos organismos que han funcionado son la CAN (Comunidad Andina) y el Mercosur, sin más”, afirma Santos.

Según el canciller mexicano Marcelo Ebrard, pese a todo esta vez se logró acuerdos para enfrentar la pandemia, para abordar asuntos políticos de la región y se puso sobre la mesa transformar la OEA.

El invitado de la discordia

El arribo de Maduro no era esperado por varios de los mandatarios y, según, Leví, este sí salió algo favorecido porque se le dio espacio público a pesar de ser una figura poco apreciada a nivel global.

Además pudo participar y confrontar a otros líderes regionales, pero que eso al mismo tiempo mostró que estos actores sin o con una legitimidad muy limitada pueden ser confrontados públicamente, algo importante para que no tomen el papel de víctimas cuando se los aparte e invisibiliza.

En tanto, el ausente fue el presidente Colombia, Iván Duque. Por lo que el futuro se tendrá que ver quiénes permanecen participando en la Celac, porque de esto también dependerá su futuro. (I)