El Centro de Estudios Ambientales y Químicos de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (Cesaq-PUCE) ha realizado durante varios años estudios sobre la presencia de metales pesados como el plomo, el mercurio, el cadmio, el cromo y el níquel -que son muy tóxicos- en alimentos que se comercializan en el país. Los resultados han sido alarmantes, pues esos químicos están relacionados con la generación de cáncer y otras enfermedades catastróficas.

Arcsa alerta de dos productos contaminados con plomo, conozca cuáles son

El último análisis del Cesaq ubicó una alta concentración de plomo en un polvo de canela, en una salsa BBQ y dos salsas de tomate, que se expenden en supermercados. Este estudio se hizo luego de que decenas de niños se intoxicaran en Estados Unidos, por consumir una papilla de manzana y canela elaborada en Ecuador. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de ese país reportó 73 casos de intoxicación confirmados, 157 probables y 21 sospechosos.

El doctor en Ciencias Biológicas Hugo Navarrete, director de Investigación de la PUCE, fue parte del equipo que elaboró ese análisis. Él conversó con EL UNIVERSO sobre la contaminación de alimentos en el país. La única solución que él encuentra para erradicar este problema es incentivar el control.

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La Arcsa busca plomo en 42 alimentos con canela que se comercializan en Ecuador

¿Cuál es su diagnóstico sobre la contaminación de alimentos en el Ecuador?

Se puede decir que tenemos un riesgo relativamente alto porque muchos de estos alimentos están contaminados desde su origen, o sea, desde cuando son cultivados aquí en el Ecuador.

¿Por qué sucede esto?

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El tema del plomo y el cadmio, en general, se debe a la contaminación por la gasolina y los hidrocarburos como el asfalto. Además, en la Amazonía, por ejemplo, hay suelos que naturalmente tienen cadmio. No es algo extraño ni se puede decir que sea malo. Es algo natural. Lo que tenemos que tener cuidado es en qué se cultiva ahí.

¿Qué estamos haciendo mal para que esa contaminación pase a los alimentos?

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Hay que comprender que la contaminación por plomo no es natural. Esa es de origen antrópico. Tiene mucho que ver con dos fuentes principales: la primera fue la gasolina con plomo que dejó de existir, al menos en Quito, en 1996. Tenemos tranquilamente seis o siete décadas en que se quemaron millones de toneladas de tetraetilo de plomo. Salía por los tubos de escape y se depositaba a los lados de las carreteras y esto contaminaba los suelos. Esto se esparce por las fuentes de agua y se va bioacumulando. Entonces se cultivan plantas, que absorben de mejor manera el plomo, y luego eso se transmite al ser humano y a los animales que pastan.

¿Y cuál es la segunda fuente contaminante de plomo?

La segunda fue, aunque yo no estoy convencido de que no sea todavía, las pinturas. Durante mucho tiempo se utilizó para el color blanco un compuesto llamado carbonato de plomo, que es blanquísimo y extremadamente venenoso. También había carbonato de plomo en los enlozados, en los platos e incluso en las tinas. Además, las pinturas arquitectónicas particularmente de colores amarillos se hacen con cromato de plomo o con algún otro compuesto de cromo. Y también las pinturas viales. Son micropartículas que finalmente respiramos o se van en el agua y con eso quedamos contaminados.

¿Cuáles son los principales metales contaminantes en alimentos?

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El plomo, el cadmio y el cromo.

Entonces, ¿qué estamos haciendo mal para que esos metales pesados lleguen a nuestra comida?

En el país lo que hace falta es control. Hay estándares, políticas y legislación, que es maravillosa. Si uno ve todo el marco legal del país, no deberíamos tener ningún problema. El problema es que no se aplica.

De hecho, estamos hablando de este tema porque hace pocas semanas, las autoridades de Estados Unidos encontraron plomo en papillas producidas en Ecuador. El control se hizo allá y fue la alerta para que acá se tomen medidas. ¿Por qué cree no se hace control aquí?

Porque los organismo de control no funcionan. Es así. No se invierte en control. Se quiere solucionar esto, bien criollamente, al susto. Ahora que está pasando esta ola, estamos aprovechando la oportunidad, tanto periodistas como la academia y otros sectores, para llamar la atención del público. Nosotros proponemos certificar ciertos productos, como las leches, para verificar que cumplan con las normas adecuadas. Hay productos que se dice que cumplen con la norma INEN, pero el problema es que no hay control. En muchos casos, la autoridad se conforma con los certificados de origen y ahí le pueden decir que el producto viene hasta bendecido y ya. No se hace nada más.

¿Cómo funcionan los certificados de origen?

Es para productos importados, para alimentos o para materia prima que se usa en la elaboración de alimentos.

¿O sea que no solo es el problema de la contaminación en el país, sino que importamos productos que suponemos que están bien, pero realmente están contaminados?

Claro, porque no hay control.

¿En qué productos han encontrado ustedes metales tóxicos?

Hemos encontrado en tomates, zanahorias, lechugas, bananos, leche, pescados y, en nuestro último análisis, en algunos productos que tienen polvo de canela añadido. Aquí es importante hacer una precisión, pues en las ramas de canela no hay problema. Si usted consume la raja de canela, como usualmente se dice, no hay problema. El problema viene cuando le adulteran al polvo, seguramente para que pese más, no sabemos. No tenemos todo el acceso. Ese ya no es nuestro trabajo.

En esa última investigación, ustedes encontraron altos niveles de plomo en un polvo de canela, una salsa BBQ y en dos salsas de tomate, pero anunciaron que no podían dar las marcas, pues eso le correspondía al Arcsa. ¿Cuándo los ciudadanos tendremos esa información para salvaguardar nuestra salud?

Yo estoy completamente de acuerdo con usted, pero yo no puedo ir a hacer esa denuncia porque no me corresponde. Yo no tengo un amparo legal. La empresa viene y me pone un juicio. Yo cumplo con decirle a la autoridad lo que encontramos.

¿Y qué le ha dicho el Arcsa?

Que ya se ha reunido con las empresas y que están esperando su respuesta. Aquí intervienen varios factores. Nosotros hicimos bien el análisis, pero no con todos los protocolos de un acto administrativo. Esos son argumentos que pueden usar las empresas. Nosotros compramos los productos en los supermercados para analizarlos. Lo hicimos por curiosidad científica. Pero no podemos decir al público qué consumir y qué no. No queremos caer en ningún tipo de difamación. Nuestro fin último no es hacer una mala propaganda.

¿Qué enfermedades genera el consumo de productos contaminados con metales pesados?

Lo que le pasó a una niña en Estados Unidos fue que se enfermó y tuvo todos los síntomas de intoxicación con plomo, que es un caso particular, pues debió haber consumido mucho de ese producto contaminado. Se dañan órganos internos. Se afecta el hígado, los riñones, el sistema nervioso. Lo más común es que una persona consuma estos metales en muy pequeñas cantidades durante mucho mucho tiempo. Lo malo es que estos metales no se expulsan sino que se van acumulando en el organismo. Tome en cuenta que antes la expectativa de vida era mucho más baja, entre 40 y 50 años; ahora es de 70 a 80. Cuando una persona llega a esta edad, los niveles de contaminación que ha acumulado pueden ser considerables y pueden tranquilamente desarrollar enfermedades que antes no eran tan comunes, como el cáncer. Estos metales también están relacionados con afecciones al sistema nervioso, pérdida de oído y de gusto; a la demencia senil; y a afecciones al hígado y al riñón.

¿Qué debería hacer el ciudadano común para no exponerse a esa contaminación?

Exigir que existan los controles. Ya tenemos casi 100 años de que el plomo ha estado aquí presente y no se va. No tenemos una evaluación clara de cuánto plomo hay en el ambiente ni dónde están estos puntos rojos de contaminación.

¿Es posible hacer una investigación de esas características?

Por supuesto. Lo único que se necesita es decisión política y recursos. Gente en el país existe lo suficientemente formada y gente brillante para hacer este tipo de estudios. Equipamiento tenemos. Lo que falta es decisión política y recursos económicos. Pueden decir que cuesta mucho. Es una pena ponerlo de esta manera, pero es más caro tener enfermos y gente con mala calidad de vida.

¿Qué podríamos cambiar los ciudadanos en nuestros hábitos de consumo para reducir el riesgo?

Yo recomendaría comer gallinas de campo, consumir huevos de gallinas felices. Hay más posibilidades de que no estén contaminados. La carne de vaca es relativamente segura, pero que no tenga mucha grasa porque normalmente el plomo y estos metales se acumulan conjuntamente con los adipocitos, con la grasa. Los mercados son buenos, pero por un estudio que hicimos sabemos que hay zonas que están contaminadas y otras que están en excelentes condiciones. Por ejemplo, en Bolívar, la leche es excelente. Yo trataría de establecer una suerte de certificaciones de origen. O sea, si sabemos que la leche de Bolívar es buena y hay una planta ahí, podemos certificar la calidad de ese producto. En cambio, las ciudades grandes, donde se quemó muchísimo plomo, son zonas contaminadas. Es parte de la historia, no es culpa de nadie, pero ahí es donde entran las decisiones. Qué tal si a 300 metros de las carreteras no cultivamos alimentos sino solo sembramos árboles para la construcción. Sería una buena medida.

En definitiva, ¿hoy por hoy no es posible dejar de consumir alimentos contaminados?

En este momento no lograremos evitar el consumo de estos alimentos. Vamos a seguir consumiéndolos por años en Ecuador. Sería ilusorio pensar lo contrario, pero lo más importante es tomar la decisión para al menos tener un control, tener las denominaciones de origen, encontrar las zonas limpias y las zonas rojas. Bueno, nuestra generación ya se comió lo que tenía que comerse, pero de aquí en adelante podemos controlar para que ya no seguir ingiriendo más alimentos contaminados. Quizás eso no tenga mayor impacto en nuestra generación, pues ya llevamos una vida entera consumiendo esos productos, pero sí ayudará a las siguientes generaciones. Al país hay que pensarlo, no en ciclos de un año o en ciclos de un gobierno, hay que pensarlo en 20 o 30 años. Y la solución es el control. (I)