Hace más de una semana, la Secretaría de Comunicación invitó a un par de periodistas especializados en los asuntos de Carondelet a una entrevista con Lenín Moreno para el programa De frente con el presidente.

Los reporteros se hicieron pruebas PCR y prepararon sus preguntas. El tema de la convocatoria: la transición. Sin embargo, en la noche del martes 9 de febrero recibieron la noticia de que la entrevista había sido cancelada. ¿Por qué?, preguntaron. “Por la coyuntura electoral”, contestaron desde el otro lado del teléfono.

Esa misma noche, dos días después del día de las elecciones, los candidatos Guillermo Lasso y Yaku Pérez ya peleaban voto a voto su paso a la segunda vuelta. La diferencia era mínima, cualquiera de los dos podía llegar a disputar la Presidencia con el correísta Andrés Arauz, que ya había ganado su puesto en la final.

Nadie sabe a ciencia cierta si en estos momentos o en los dos meses que le quedan al proceso electoral una palabra demás, una frase mal construida o una idea suelta de Moreno sean, realmente, determinantes en la intención de voto; sin embargo, el Gobierno prefirió el silencio.

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Lo hizo cancelando la entrevista y también antes, al no hacer mayores pronunciamientos sobre las elecciones o sus puntos débiles, como los errores en el manejo de la pandemia (vacunación sin plan, cuestionamientos al ministro de Salud, etc.) o el deterioro de los indicadores laborales y económicos.

Como protagonista, pues cede su puesto a su sucesor, el equipo de Moreno -liderado por Juan Sebastián Roldán- se ha decidido por mantener un perfil bajo, como contando los días para salir del Palacio.

El analista político Santiago Basabe sostiene que hasta el momento Moreno -que registra una popularidad menor al 10% en la mayoría de encuestadoras- no ha tenido incidencia alguna en las elecciones. “Es un gobierno muy desgastado, con tan poca credibilidad, que tiene poco que ofrecer; es preferible que se mantenga al margen, sin hablar mucho”, dice.

Sin embargo, la posición de Moreno, su anticorreísmo y su pacto de colegislación con Lasso sí podría incidir en la segunda vuelta; especialmente, si su debilidad y sus errores quedan aún más expuestos y son capitalizados por Arauz, el delfín de Rafael Correa.

“Es que una cosa son los votos, los candidatos, Lasso, Yaku…., pero lo que no se está viendo es el contexto. Y ese contexto es el gobierno de Moreno”, indica el consultor Pedro Donoso.

Es cierto que el Gobierno no ha tenido una voz fuerte, señala, pero “ha sido el gran elector”. Donoso advierte que cada vez que Moreno se equivoca el correísmo sale a captar votos. “Y lo seguirá haciendo”.

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“El contexto es clave”, insiste Santiago Mejía, experto en campañas electorales del Instituto de Altos Estudios Nacionales. Explica que la disputa correísmo versus anticorreísmo de los últimos 14 años, más la gestión de Moreno, sigue siendo un determinante en la votación.

“La derechización del Gobierno ha creado las condiciones para que la izquierda, en sus distintas expresiones, alcance una gran votación. La gente no está conforme con lo que viene sucediendo y hay que considerar, asimismo, la crisis de octubre del 2019”.

¿Qué transición nos espera? Ningún estudioso de la política ecuatoriana se atreve a un pronóstico fijo. Aunque Mejía se plantea escenarios: “Si gana Andrés Arauz, la ruta política y económica será distinta; los ministros que designe nos permitirán inferir qué tan radical sería la Revolución Ciudadana esta vez. Si el ganador es Yaku Pérez, la orientación será de izquierda; no está claro en qué medida. Y si, finalmente, gana Lasso, las cosas no van a cambiar mucho, con un modelo empresarial, dándole al mercado un lugar central dentro del esquema económico”.

Sin embargo, hasta que llegue el momento de la transición y pase quien pase a segunda vuelta, los analistas coinciden en que, pese a su sigilo y prudencia, el gobierno de Moreno y las consecuencias de sus decisiones -especialmente, sociales y económicas- son ese gran contexto que también puede poner y quitar votos el 11 de abril. (I)