El concurso organizado por el Municipio del Distrito Metropolitano de Quito para la elaboración del Nuevo Corredor Metropolitano de la Ciudad se encuentra actualmente en su segunda fase, en la cual los finalistas preseleccionados deben complementar sus propuestas ya presentadas. Dicho concurso nace de una preocupación válida, la cual es el alto índice de desocupación de inmuebles en las avenidas Galo Plaza Lasso, 10 de Agosto, Guayaquil y Maldonado. Los organizadores del concurso solicitaron a los participantes que realicen propuestas arquitectónicas, complementadas con reglamentos urbanos y normativas de uso de suelo, que permitan convertir aquel sector en un nuevo foco de desarrollo urbano, donde Quito pueda crecer sobre sí mismo.

En términos generales, intervenir en las mencionadas calles, con el objetivo de mejorar el deplorable estado en que se encuentran actualmente, es una buena estrategia. Dichas calles lidian con espacios que resultan mezquinos para el peatón. En algunos sitios, las veredas no pasan de los 90 centímetros de ancho. En gran parte, los carros particulares tienen que compartir su espacio con el Trolebús. Esto no necesariamente debería ser considerado como algo negativo. Sin embargo, desde que se incorporaron nuevas unidades a diésel, y se disminuyó el numero de unidades con motor eléctrico, la contaminación por gases carbónicos ha aumentado en aquellas vías, llegando a depositar una leve capa marrón de hollín sobre las fachadas de los edificios y casas circundantes.

Quito tiene la oportunidad de plantearse a través de este concurso un espacio público que piense primero en el peatón y en el transporte público. Con ellos como factor prioritario, es inminente –y hasta inevitable– que surjan propuestas de veredas más anchas y arborizadas; junto con alternativas que mitiguen la contaminación vehicular y transformen al Corredor Metropolitano en un lugar atractivo para habitar y trabajar.

Sin embargo, hay confusiones que se deben evitar. En los últimos veinte años, Quito ha tenido una serie de proyectos que han sido vistos en su momento como “transformadores de la ciudad”. El nuevo aeropuerto en Tababela, las plataformas gubernamentales y el parque Bicentenario son algunos de los tantos proyectos que se pensó que harían un antes y un después en la vida de la capital. Pero muchos de dichos proyectos no lograron el impacto que originalmente prometían. Los famosos rascacielos que surgirían alrededor del parque Bicentenario no asoman hasta la fecha. Algo semejante ocurre con las plataformas gubernamentales, de las cuales solo dos han sido construidas y con una serie de cuestionamientos por parte de la opinión pública.

Quito debe alejarse del pensamiento mesianista, según el cual el próximo proyecto será el que reconfigure positivamente a la capital. Me parece que el Metropolitano es una buena alternativa para reactivar áreas abandonadas, sin embargo, no podemos quedarnos solo ahí. Quito ya no es una ciudad lineal, y un corredor longitudinal es insuficiente. Ojalá el siguiente paso sea el planteamiento de varios corredores transversales que sirvan para interconectar al Quito complejo de nuestros días con tres millones de habitantes distribuidos en tres valles. (O)