Apenas se hicieron públicas las medallas ganadas por ecuatorianos esforzados y brillantes en los juegos olímpicos, el expresidente Correa saltó a la palestra a perorar que eran producto de los centros de alto rendimiento. Tamaño desacierto, pues nunca especificó de qué centro de alto rendimiento salió cuál deportista que obtuvo cuál medalla.

Solamente habló de manera general, impropio de un exmandatario. Hasta la presente fecha he esperado con paciencia que especifique como corresponde a alguien que ejerció una primera magistratura, pero no, solamente hemos obtenido el más vergonzoso silencio. Seguramente se percató de que sus expresiones no tenían sustento. Peor aún con la investigación de un canal de televisión, queda en evidencia que esos centros difícilmente podrían producir medallistas olímpicos, ni siquiera medallistas nacionales. Una persona medianamente sensata, con el alto grado que ostentó este señor, debería primero informarse bien antes de soltar una aseveración como esa. Claro que para eso se necesita madurez y sensatez. Ya vemos, también, que sus seguidores andan por el mismo sendero, como los interpelantes a Pablo Celi, que, lamentablemente, mostraron poca preparación y tuvieron que dar un paso al costado para que la censura se diera. Ese paso al costado fue un reconocimiento a que su planteamiento inicial era vacío; una muestra de quiénes están en ese movimiento. (O)

José Jalil Haas, ingeniero químico, Quito