La vida no importa ni un comino para autoridades del Ecuador. Muchas personas de distintas edades, víctimas de dolorosas enfermedades catastróficas como de cáncer, riñón..., están apagándose, están muriéndose, porque no reciben gratis hace meses las medicinas para sus tratamientos, a las que tienen por justicia derecho, y porque para eso miles de personas han aportado a la dizque ‘seguridad social’ ecuatoriana.

Nadie en Ecuador, con mando, ni autoridades, políticos ni asambleístas..., no hacen nada para salvar estas valiosas vidas que vienen rogando por sus medicinas. No hay medicamentos, insumos, no hay recursos, etc., cuando los medios de comunicación destapan que los gobiernos, el Estado, ciertos funcionarios públicos..., derrochan los dineros del país en corrupción.

La vida de dichos pacientes no importa ni un comino para autoridades del Ecuador ni para sus entidades públicas llamadas a salvaguardar la salud de la población, un botón el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) y otros centros de salud pública del país, porque carecen de fármacos importantes, no les llegan, no luchan para conseguirlos. No observamos que existan ganas, intenciones valientes humanistas decididas de ninguna autoridad, para resolver ahora urgente el problema, porque no viven en carne propia una enfermedad grave, no sufren angustia corporal y espiritual como dichos pacientes; no suplican, no ruegan, no esperan vejados cuatro, cinco... meses sin obtener los medicamentos para tratamientos oncológicos, etc., que son sumamente vitales en sus condiciones de salud; no recibirlos solo en un mes, ni decir en cuatro meses o más, es miserable y es no tener misericordia hacia esos compatriotas ni a sus lágrimas y dolencias. Algunas personas con cáncer, enfermedades catastróficas, con débiles fuerzas han realizado plantones para llamar inútilmente la atención de las autoridades que solo se van en promesas, pero también se van apagando, perdiendo vidas. Dios en la Biblia promete que tomará cuenta a cada uno de nosotros (hombres y mujeres de toda edad), de todas y cada una de nuestras acciones y omisiones, buenas y malas. Ojalá el presidente de la República y la primera dama hagan algo para que salven estas vidas y no falten las medicinas para tratamientos contra el cáncer y enfermedades catastróficas. (O)

Liz de Mariscal, Guayaquil