Qué ecuatoriano, especialmente guayaquileño, puede olvidar la multitudinaria concentración convocada por una autoridad de Guayaquil hace ya algunos años, midiendo fuerzas contra la que fue convocada por ese entonces presidente de la República y ahora fugitivo de la justicia.

Los discursos caldeados criticando duramente al gobierno de dicho expresidente fueron la tónica de esa autoridad de Guayaquil durante toda la década perdida, cuyo alcance de la corrupción durante ese desgobierno se ha llegado a saber en estos últimos años y aún queda todavía mucha tela por cortar, muchos actos de corrupción que no han sido llamados todavía a tela de juicio y han causado la indignación y el rechazo de los ecuatorianos honestos. Ante lo expuesto, es incomprensible, inaudito, grotesco, y para mí hasta inmoral, conocer que una exautoridad de Guayaquil haya olvidado su postura de aquel entonces y esté ahora pactando con quien tanto criticó e insultó. ¿No es falta de carácter tal proceder, de principios, valores? No se puede servir a Dios y al diablo. Por ética uno debe apegarse a los ideales que la conciencia le dicta, pero ciertos políticos parecen no conocer lo que es ética ni tener conciencia. (O)

Nelly Mercedes Lozada García, Guayaquil