Como si los astros se hubiesen alineado de forma insólita para crear infortunios a la más valiosa fruta de exportación, comienzan a percibirse los embates de una guerra atroz, que no es nuestra, cerrando todas las vías posibles para colocar cerca de 1,7 millones de toneladas de banano a los mercados de Rusia y Ucrania (23 % del total vendido en el 2021), sepultadas en una confrontación que las destruirá y entre sus mortajas se confundirá el futuro de miles de ecuatorianos que han venido subsistiendo de la producción y venta a esos lugares.

Las navieras inclementes, ahora con argumentos irrebatibles, no podrán transportar productos agrícolas por el taponamiento de rutas, los misiles, bombas y toda clase de artefactos destructivos que arrasan sin misericordia vidas e infraestructuras, las terminales de descarga están devastadas y serán pronto fortines de enemigos sin alma; lo poco que pudiese llegar a destino será a un costo tan elevado que cargarán a los nacionales, sean productores o exportadores y, en medio de tantas penurias, exigirán pago adelantado de un desmesurado flete, con contratos leoninos por penalidades para cubrirse, ellas sí, de eventualidades y peligros. Los embarques a Rusia ya reflejan bajas del 54 %, para Ucrania se esfumaron y continuarán así sucesivamente mientras no cese el conflicto. ¿Pero a quiénes impacta este duro escenario? No es exclusivamente a los exportadores, como se ha advertido con ligereza. El daño es a toda la nación que dejará de percibir divisas necesarias para el sostenimiento de su economía, lo más grave es que atentará al bienestar de miles de agricultores de baja superficie y sus obreros, hombres y mujeres, que reciben emolumentos por el trabajo que genera la cadena campesina en las fases de procesamiento y comercialización, que significa miles de plazas de empleo agravando la inconformidad poblacional.

La fruta destinada a los mercados convulsionados y sus vecinos no es la misma que se orienta a otros centros de consumo, hay diferencias de requisitos fitosanitarios, exigentes sí, pero menos que la Unión Europea y Estados Unidos, además lo que se llegase a colocar en otros rumbos se saturarán tanto que ocasionarán derrumbe generalizado de precios, los más afectados serán pequeños cultivadores, que no son ricos, que configuran el grueso del territorio nacional. Sería tan grave la convulsión que pequeñas ciudades que basan su accionar en la influencia bananera y platanera dibujarán panoramas desoladores y tristes de una guerra trasplantada con huellas indelebles de impactante desocupación. Cuando se reduce la actividad agroexportadora repercute en la misma proporción a otras dependientes de ella, sean obreros, campesinos o citadinos, jornaleros o profesionales, comerciantes al por menor, proveedores de insumos, alimentos y transportistas de todo género.

El Estado debe demostrar su sensibilidad social a través de un inteligente salvataje, reintegrar tributos que la ley franquea, con ayudas directas a bananeros, evitando el descalabro, los agricultores y exportadores harían lo suyo aportando una alícuota por caja para fortalecer el socorro al que se aspira. (O)