Cada vez que escucho al presidente Lasso hablar entusiasmado sobre un ‘punto de apoyo’, recuerdo una ponencia sobre inclusión educativa y laboral. Era 1998 y yo buscaba ilustrar la idea de que las personas con discapacidad requieren de varios apoyos para lograrlo. De pronto encontré una frase atribuida al gran matemático, físico e ingeniero griego Arquímedes y ¡eureka!, mis neuronas se activaron con la metáfora.

Cuenta la leyenda que el rey Herón le pidió a Arquímedes (-287-212) ayudar a botar el Siracusa al agua. Era un barco tan pesado que el científico tuvo que inventar un sistema de poleas con un soporte o fulcro, ubicado de forma que una fuerza pequeña pudiese levantar un peso comparativamente grande. El fulcro podría utilizarse también como punto de apoyo de una palanca, sobre la cual entrarían también en juego la potencia y la resistencia. De allí surgió la conocida frase: “Dadme una palanca suficientemente larga y un punto de apoyo y moveré la tierra”.

Cuando encaramos temas de pobreza, inequidad, inseguridad, narcotráfico o impunidad, requerimos contar con puntos de apoyo para vencer el enorme peso de la burocracia dorada, la política perversa, la extrema violencia o la monstruosa corrupción. El capital económico, social, cultural y simbólico necesario para gobernar (financiamiento, eficiencia, visión compartida de país, capacidad de negociación política, confianza ciudadana, deseo de cambio) se convierte en fuerza de potencia que debilita las fuerzas restrictivas que atentan contra un ideal de prosperidad, equidad y justicia. Y es la sociedad civil el punto de apoyo que hace la diferencia, atenuando los excesos del individualismo con la afirmación de los derechos de otros en sociedad.

En su Informe 2021, Civicus, una coalición de organizaciones de la sociedad civil en más de 175 países concluye que, en la década pasada, hubo sucesos que perturbaron sus acciones. Algunos positivos como una nueva generación de jóvenes y mujeres creando estructuras participativas, la reivindicación de la diferencia o el reconocimiento del cambio climático como crisis. Otros, negativos: represión sostenida de espacios cívicos, mutaciones políticas antidemocráticas, corrupción en altas esferas, ultracapitalismo, exclusión estructural, economía de la desinformación, exportación global del autoritarismo, asedio al multilateralismo y enfoque militarizado ante acciones humanitarias.

Frente a la adversidad, como anota Civicus, el optimismo es el ‘superpoder’ de la sociedad civil. Pero para que se sostenga: 1. Deben respetarse las libertades cívicas y movilizaciones pacíficas de quienes reclaman cambios, y 2. La masividad de las demandas es clave para marcar tales cambios; nada o poco ocurre si no es exigido.

Se podrá decir que no hay puntos de apoyo fijos en este mundo líquido, o como apuntaba Descartes: si Arquímedes pedía un punto de apoyo firme para mover el mundo, él tendría la esperanza de hallar algo sobre lo que no pudiera dudar. Pero bueno… “Dadme un balcón en cada pueblo y seré presidente”, prometió José María Velasco Ibarra cuando no hubo más dinero para su campaña. Y lo cumplió cinco veces. (O)