Ciudades y países que han alcanzado un alto porcentaje de vacunación contra el COVID-19 empiezan a retirar la obligatoriedad del uso de mascarillas en espacios públicos e incluso en ambientes cerrados, como en el caso de Israel, que el martes levantó la restricción también en aulas de escuelas y en las oficinas.

En Ecuador, el plan de vacunación del nuevo Gobierno, que espera vacunar a nueve millones de personas los primeros cien días, busca con la inmunización masiva la reactivación de todos los sectores. Sin embargo, se observa ausentismo en personas que ya tuvieron oportunidad de ser vacunadas, mientras muchísimas están a la espera de un turno.

El vicepresidente Alfredo Borrero señaló el viernes que, ante el porcentaje de ausentismo reportado en las últimas jornadas de vacunación, se va a implementar un sistema en el que se busque a las personas para vacunarlas. Recordando que lo peor que podemos hacer es no vacunarnos, porque la vacuna nos va a alejar de la muerte y de la enfermedad.

Se ha anunciado también que se volverá a incluir la hora en el agendamiento. En algunos centros de vacunación, las personas deseosas de recibir la vacuna se aglomeran desde muy temprano. En otros, hay que esperar completar una determinada cantidad de personas para poder abrir un recipiente de vacunas que contiene varias dosis.

Tal vez, cuando esté en funcionamiento el ‘vacunómetro’ anunciado por el Ministerio de Salud, con el que se busca hacer un seguimiento casi en línea de las dosis aplicadas por día, por rango de edades, tipo de ocupación, etcétera, se pueda implementar una aplicación para que las personas puedan expresar su deseo de vacunarse o no y se les dé prioridad a quienes sí desean recibir la inmunización.

Quizás de esa manera quienes muestran falta de confianza en la efectividad de las vacunas o temor a los efectos después de la inoculación se sientan alentados al ver que son más las personas que confían en la vacunación. (O)