Desde el 20 de marzo hasta mediados de abril, principalmente, Guayaquil vivía una de las etapas más terribles de su historia. Cadáveres botados en las calles, enfermos que agonizaban en sus casas sin un medicamento u otros que sucumbían sin lograr atención en los hospitales y clínicas; incluso algunos que, por el encierro obligatorio por el COVID-19, no tenían ni víveres para subsistir.

“Mamita necesita URGENTE: plaquinol de 200 mg, azitromicina de 500, ivermín de 6 mg y un tanque de OXÍGENO”. “Si nos pueden fumigar los 2 cerros, en menos de 8 días han fallecido por lo menos 20 moradores, entre ellos algunos de COVID-19”. “Si alguien puede ayudar, nadie responde en 911, en la vía a Daule hay 4 cuerpos juntos ya varios días”. Los llamados de auxilio, de todo tipo, eran sucesivos por redes y en chats de periodistas.

En medio de esa pesadilla, cientos de personas desafiaban al miedo, retaban a la muerte y trataban de paliar esa angustia que se vivía en Guayaquil, convertida en foco de la pandemia en América del Sur. Salió a flote, entonces, ese espíritu histórico de voluntariado, de solidaridad y ayuda al prójimo.

Así, ciudadanos por su cuenta, fundaciones, grupos de familias o amigos, empresas, entidades privadas y autoridades aceleraron una cruzada para que, ahora, cuatro meses después del inicio de esa tragedia, también la ciudad sea citada como ejemplo de recuperación de uno de los peores brotes de COVID-19 del mundo, como lo reseñan medios extranjeros.

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Pese a que el riesgo no ha pasado, Guayaquil siente que no está sola, percibe que cada uno hace algo para su recuperación. “A Guayaquil lo levantamos juntos” es el lema que el Municipio ha impregnado como un grito de guerra, como un sello oficial.

En esa coyuntura, este Diario destaca en esta edición ese puño solidario que se levanta en la ciudad. Contamos el trabajo de dos entidades públicas claves, Municipalidad y Gobernación, y de casi una treintena de grupos que han hecho labor solidaria; asimismo, enlistamos a unas 250 aportantes. Y, seguro, nos faltan otras. Y nos faltan aquellas personas que hicieron mucho en silencio.

“Es satisfactorio no solamente los resultados, sino haber probado, percibido y sentido de primera mano que Guayaquil es una ciudad solidaria. Una ciudad que no espera que los problemas los resuelvan otros, sino que forma parte de la solución y toma como personales los problemas que son de otros”, dice María Gloria Alarcón, vocera del Comité Especial de Emergencia por coronavirus en Guayaquil, integrado además por el Comité del Bicentenario, que dirige el exalcalde Jaime Nebot Saadi.

Este grupo dejó de lado algunas obras y festejos por el bicentenario de independencia para ese presupuesto y el aporte de empresarios dedicarlos a la compra de medicinas, de pruebas para COVID-19 e insumos.

La Alcaldía de Guayaquil, desde mediados de abril, empezó un trabajo barrio por barrio, con toma de muestras, atención médica y entrega de víveres. Instaló un centro de atención intermedia para COVID-19, con provisión de oxígeno; puso a andar el hospital Bicentenario, donde fue la antigua maternidad Enrique Sotomayor, edificación proporcionada gratis por un año por su propietario Simón Bolívar Rosero. Estas y otras acciones se hicieron no solo con su presupuesto, sino con aportes de personas y empresas.

La alcaldesa Cynthia Viteri cuenta que todo fue una cadena de favores. Ella destaca el trabajo de los médicos y de todo el personal que se arriesgó a laborar, a ayudar en esa época dura. “Todos ellos merecen un aplauso solidario, son el ejemplo de lo que es esta tierra”.

En ese grupo también están los policías, militares, bomberos, agentes de tránsito. Ellos llevaron la ayuda a los barrios. Además de empleados públicos, de empresas privadas y voluntarios. Entre ellos también hubo víctimas.

En el caso de la Gobernación del Guayas no tuvo presupuesto propio, pero gestionó ayuda con 76 empresas y 7 ciudadanos. Consiguió cerca de 140 toneladas de comida, además de insumos médicos y pruebas de COVID-19 (20 000 test).

“Se hizo una jornada maratónica, un trabajo sobrehumano donde siempre estuvimos expuestos; hubo empresas que nos donaban pruebas de COVID-19, lo que permitió hacer pruebas en mercados, a taxistas, tricimoteros, todo gracias a la donación de la empresa privada”, dice el gobernador, Pedro Pablo Duart. (I)