Aunque en Guayaquil la época de invierno ha comenzado, las lluvias no son la única preocupación para los expertos en el tema climático. Sus intereses incluyen también la medición de temperatura atmosférica, presión, humedad, dirección y velocidad del viento.

Para aquello y pese a la poca confianza ciudadana en los pronósticos, el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) no solo cuenta con cinco estaciones climatológicas automáticas y tres convencionales en diversos puntos de Guayaquil, sino también con un elemento que ubica a Ecuador en el mapa mundial de las 170 estaciones de radiosondas, parte del Sistema Mundial de Observación del Clima.

Se trata de un globo aerológico que se infla con helio, llega a entre 15 y 25 km de altura y mide la temperatura, presión atmosférica y humedad, cita el coordinador del Inamhi en Guayaquil, Raúl Mejía.

El pasado 15 de abril se lo implementó y se lo lanza todos los días, a las 05:30, en la estación de bomberos Divino Niño, del cantón Durán.

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“Esto surgió por la necesidad de obtener  información en la altura de los parámetros meteorológicos”, refiere Mejía.

Hasta ahora, cuenta, el sistema ha dado buenos resultados. La información, que es enviada a miembros del National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) y al Inamhi de Quito, es utilizada “para tener mayor acierto” en el pronóstico del tiempo de Guayaquil y para los proyectos de investigación que ejecuta la entidad, entre ellos el Cliden, que evalúa el clima y la incidencia del dengue.

Apenas empezó el 2014, en la ciudad, cayeron leves lloviznas, pero el lunes pasado se registraron las lluvias más fuertes.

Mejía explica que ese día cayó un 40% de lo que debía llover en el mes. “Es un efecto acumulativo, como para decirlo más práctico. En diciembre debía haber llovido, pero fue un mes seco. Toda esa energía como que se acumula y como que se descarga, viene de golpe, y produce esos picos”, cuenta.

En lo referente a temperaturas también hay variación. Dice que en el centro y hacia el norte, zona influenciada más por la brisa del río, es más fresco. “Hay como hasta dos grados de diferencia”, relata el técnico.

Y para evaluar ese proceso entran las estaciones. En la Universidad de Guayaquil se hallan los dos sistemas, el automático y el convencional.

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Jorge Lliguisaca, técnico en meteorología en la estación convencional, indica que cada elemento cumple su tarea. Están la arpa de Wild, que verifica la dirección del viento; el pluviómetro y el pluviógrafo, ambos miden la cantidad de agua lluvia caída, pero el primero lo hace por milímetros y el segundo por registro en papel.

También están el anemómetro y anemógrafo, que registran la dirección del viento; la heliofanía, que representa la duración del brillo solar; y el tanque de evaporación.

“Para tener un informe, debemos verificar cada hora lo que registran estos equipos, es un proceso manual”, expresa.

Caso contrario es con la estación automática. Verónica García, técnica, afirma que este sistema –que es más sofisticado– solo requiere mantenimiento y no una presencia humana perenne para recoger los datos.

Esta estación tiene tres sensores: de precipitación, temperatura y humedad. “Aquí se produce información cada 15 segundos, cada hora la procesa y a través de un GPRS la manda a Quito (la sede del Inamhi)”.

Los resultados deben coincidir y así se tiene mayor acierto. “Los pronósticos no siempre tendrán la precisión exacta porque es muy difícil lograrlo. Implementamos mucho para mejorar”, dice Mejía.

Detalles: Sistemas

Sistema de radiosondeo
El globo aerológico lleva equipos de calibración y recepción de datos. El costo diario para que se cumpla este proceso es de $ 300 ($ 250 en el globo y $ 50 en el gas helio).

Estaciones
Estas se ubican en Ciudadela Universitaria, vía a la costa, Montebello, Puerto Marítimo, Durán y aeropuerto.

 

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En el norte y centro de Guayaquil llueve más, por topografía de la ciudad.