La compra de un vehículo en Ecuador sigue marcada por las altas cargas arancelarias que enfrentan los autos importados. El país mantiene uno de los esquemas más restrictivos de la región, lo que ha derivado en precios elevados y en un parque automotor con una antigüedad promedio superior a los 16 años. En este escenario, la firma de acuerdos comerciales se presenta como una alternativa para dinamizar el acceso a unidades nuevas y mejorar la competitividad. Aunque esto no es todo, los aranceles con los países son una vía y los costos arancelarios internos representan otros costos adicionales.

El estudio de Imasen, aplicado en agosto a una muestra representativa en Ecuador, buscó medir la brecha entre las expectativas de compra y las posibilidades reales de los ciudadanos. Los resultados muestran que el 71,2 % considera que los autos, al igual que los bienes tecnológicos, son una necesidad básica. Sin embargo, el 41,1 % de los encuestados asegura que no puede adquirir un vehículo debido a que su precio está fuera de su alcance.

Uno de los factores más señalados por los ciudadanos para explicar esta situación son los aranceles. Aunque no todos tienen claridad sobre cómo operan, la comparación con otros países de la región evidencia la diferencia: mientras en Argentina una reducción arancelaria permitió abaratar los precios hasta en un 20 % y aumentar las ventas en un 75 %, en Ecuador aún se aplican cargas de hasta el 40 %, salvo en los casos en que existen acuerdos de libre comercio.

La firma definitiva del Acuerdo Estratégico de Cooperación Económica entre Ecuador y Corea del Sur, el pasado 26 de agosto, representa una expectativa para el sector automotor. Según explicó Daniel Legarda, exministro de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca, los autos provenientes de Corea pagan actualmente entre un 35 % y 40 % de arancel. Con el convenio, se aplicará un cronograma de reducción entre 3,5 % y 4 % anual durante diez años hasta alcanzar el 0 %. “Este fue uno de los puntos más debatidos en la negociación, que se cerró con la anuencia del sector”, indicó.

Legarda detalló que el acuerdo también consolida la desgravación al 0 % para los autos eléctricos, un beneficio que Ecuador ya aplica para estas unidades sin importar el país de origen. Añadió que en este tiempo la industria local debe buscar alianzas y mejorar su competitividad, como ocurre con el acuerdo con China, vigente desde mayo de 2024, que establece un desmonte gradual de aranceles hasta 2038.

No obstante, otros orígenes como Indonesia, Tailandia, Japón e India siguen enfrentando aranceles de hasta 40 %, lo que limita la entrada de sus vehículos. En el caso de Estados Unidos, la tarifa se redujo de manera unilateral al 10 %, aunque esta medida tiene carácter temporal hasta finales de año. Es decir, el gobierno tendrá que analizar si subirá nuevamente el arancel a EE.UU. y cómo se comportará frente al principio de trato igualitario con los demás países.

En medio de este panorama, la visita del presidente Daniel Noboa a Japón incluyó la propuesta de explorar un tratado de libre comercio. Una negociación con ese país no solo abarataría las reconocidas marcas automotrices japonesas, sino que también ampliaría oportunidades para exportaciones ecuatorianas en sectores como banano, camarón y vehículos ensamblados localmente.

Según Imasen, el reto de las autoridades es equilibrar la recaudación fiscal con el derecho a la movilidad. Para ello, propone avanzar hacia un esquema más competitivo que permita renovar un parque automotor con más de 16 años de antigüedad promedio y reducir efectos negativos como la contaminación y la inseguridad vial. En este sentido, el analista económico Alberto Acosta Burneo enfatiza que “es necesario tomar definiciones y volver al país más competitivo y accesible”, porque mantener altos aranceles no solo encarece artificialmente los autos, sino que priva a los ciudadanos de un derecho básico de movilidad. Con una carga tributaria y arancelaria que llega hasta el 40 %, Ecuador se ubica entre los mercados más caros de la región.