Con juegos de luces y música del italiano Domenico Zipoli, los turistas se adentran en las ruinas de las misiones jesuíticas de Paraguay para transportarse en el tiempo e imaginarse el esplendor de aquel experimento de sociedad perfecta en los siglos XVII y XVIII.

Sus vestigios se conservan como un tesoro al aire libre en las ruinas de las misiones Jesús y Trinidad, a orillas del río Paraná, justo en la frontera con Argentina.

El camino de las misiones es más largo. Parte de Asunción y se extiende unos 250 km más al sur: San Juan Bautista, San Ignacio, la primera misión fundada por la Compañía de Jesús en 1608, Santa María de Fe, Santiago, San Cosme y Damián, antes de terminar en las misiones de Jesús y Trinidad.

Según el portavoz de la Secretaría Nacional de Turismo, Néstor Noguera, unos 50.000 extranjeros visitaron Paraguay en Semana Santa de 2017. Este año se esperaban muchos más, especialmente argentinos favorecidos por los precios y el tipo de cambio.

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Indicó que al menos 60 % de los turistas recorren las misiones jesuíticas, especialmente las de Jesús y Trinidad.

“Es la experiencia que el anticlerical Voltaire por lo menos reconocía como un triunfo de la humanidad”, comentó el historiador y estudioso esloveno-argentino Bozidar Darko Sustersic, profesor jubilado de la Universidad de Buenos Aires.

Sustersic acaba de lanzar en Asunción el libro Brasanelli. Pintor, escultor y arquitecto de las misiones guaraní-jesuíticas, sobre el italiano Giuseppe Brasanelli (1659-1728), maestro en el tallado en madera de imágenes de santos.

En las paredes de las ruinas de Trinidad permanecen incólumes hileras de frisos y una larga banda decorativa de esculturas de santos, ángeles músicos, hasta la Virgen con labios gruesos, pómulos grandes y ojos redondos, a semejanza de las aborígenes.

Según el historiador, Brasanelli era un genio para la época en que abandonó Europa atraído como otros artistas por el imán de la vida jesuítica en las misiones, mismo destino del músico Domenico Zipoli (1668-1726).

En América
Los jesuitas fundaron 30 pueblos que abarcan territorios que hoy pertenecen a Brasil, Bolivia, Argentina y Uruguay. En ellos, sabios europeos se aposentaron para entrenar a los indígenas en el arte y la ciencia durante 150 años, hasta que estos religiosos fueron expulsados por la Corona en 1769. (I)