Eduardo C. tiene 67 años y trabaja como personal de limpieza. Tenía quince años viviendo en su casa propia en Socio Vivienda, noroeste de Guayaquil, desde que dejó el suburbio por una reubicación en este plan habitacional.
Allí vio a sus hijos formar un hogar, recibió a sus nietos, pero ahora ya no quiere permanecer un día más: decidió irse para precautelar su vida.
Al igual que Eduardo y su familia, al menos unas 50 familias en ese sector han migrado desde la masacre que dejó 22 personas asesinadas, el pasado jueves 6 de marzo.
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Con explosivos destruyen covacha usada para tener a secuestrados en Socio Vivienda
El Comité Permanente de Derechos Humanos (CDH) registra más de 41 familias afectadas con un desplazamiento forzoso. Este jueves, con la incursión del ministro Jhon Reimberg, otras familias más realizaban mudanza escoltadas por personal policial.
Y es que en Socio Vivienda no paró la delincuencia con la masacre, nueve cuerpos desmembrados se han encontrado en los últimos días, a más de otros asesinatos a personas que viven o llegaron a ese sector.
Según autoridades, la disputa de facciones de Los Tiguerones aumenta la violencia.
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Eduardo se mudó a la casa de su hermana, en El Fortín, a pocos pasos de su trabajo. Ella fue quien hace 21 días les dio posada a él y a sus hijos para que vivan allí después de haber abandonado su vivienda.
El hombre explicó que desde que fue la matanza de 22 personas en ese sitio, la situación en Socio Vivienda cambió radicalmente: no ingresaban los distribuidores de productos de primera necesidad, si había un daño en el servicio de luz o de internet tampoco iban los operadores a solucionar, ni siquiera las líneas de transporte 21 y 123 ingresaron por inseguridad.
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Socio Vivienda pasó de ser uno de los sitios más peligrosos de Guayaquil al lugar más temido hasta por sus propios residentes que llevaban años siendo testigos de diferentes tipos de delitos, como robo, asesinato, secuestro, venta de droga, etc.
“Ya no aguantamos más. Mi hermana me dio posada, a Socio Vivienda ya no puedo regresar, ya nadie respeta nada, sentimos que en cualquier momento alguien puede entrar a nuestra casa y matarnos”, lamentó el hombre, quien estaba en la Entrada de la 8 esperando un bus para acercarse a ver su casa.
Él detalló que va a revisar su vivienda porque de lo contrario los integrantes de las bandas criminales se las toman, pero para llegar hasta allá se ha vuelto toda una peripecia.
“Primero tomo el bus hasta la Entrada de la 8, luego otro que me lleve hasta la entrada principal hacia Socio Vivienda, pero como los buses no entran, entonces me toca caminar hasta donde están los taxirrutas y que me dejen hasta el colegio réplica, de ahí camino unos 3 kilómetros hasta donde están las viviendas”, relató.
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Ayer, otras familias se sumaban a la cifra de desplazamiento forzado en Socio Vivienda. Ellos tuvieron que tener resguardo policial para embarcar refrigeradora, cocina, televisores, entre otros enseres.
Sus vecinos los veían con tristeza. “Me alegra por el vecino, pero yo no tengo para mudarme, no tengo dónde ir”, lamentó una de las mujeres que estaba en la vereda.
El Bloque de Seguridad realizó una nueva incursión en Socio Vivienda, en donde destruyeron un centro de operaciones donde mantenían secuestradas a varias personas. Se detuvieron a cinco personas y se decomisaron municiones.
Agentes, además, recorrieron casa por casa en Socio Vivienda 2 para comprobar si eran los dueños o estaba invadida. (I)