El olor fétido que emanan las lagunas de oxidación ubicadas en el sector de Samanes, a un costado de la autopista Narcisa de Jesús, sigue generando malestar en las personas que habitan en los alrededores de estas lagunas de aguas residuales. El ambiente nauseabundo se percibe además cuando se pasa por esta vía, por lo que los efectos lo sienten también cientos de conductores y ocupantes de vehículos.

Habitantes de estos sectores del norte de Guayaquil dicen que su olfato ya se acostumbró al olor desagradable, porque ya tienen residiendo en sus zonas más de 20 años y nadie ha podido mermar la hediondez de estas lagunas.

Guayacanes, Sauces 4, Samanes y algunas urbanizaciones de Samborondón, al otro lado del río Daule, son los sectores residenciales que soportan este problema, que se concentra en sus hogares desde la mañana hasta la tarde y, según los vientos, por la noche. Los moradores se sienten hastiados del problema.

“No es justo que todavía percibamos el olor después de tantos años; ya es hora de que solucionen este problema, más aún porque estamos viviendo con un virus”, exclama Jacinto Avilés, morador de Guayacanes.

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Él y otros vecinos temen enfermarse por el ambiente fétido con el que conviven y también contagiarse fácilmente de COVID-19, porque con el olor se deterioran sus pulmones o hace que tengan bajas defensas.

Los reclamos se dan casi dos semanas después de que este Diario hiciera un recorrido por estas zonas, captara sus impresiones y publicara sus reclamos. En aquella ocasión se pidieron respuestas, mediante correo electrónico, a Interagua, Emapag y al Municipio de Guayaquil. Incluso personal de Interagua se comunicó con la periodista que elaboró la nota y ofreció respuestas. Igual sucedió con el Municipio.

Pero no llegaron ni las versiones ni las soluciones de las entidades. En el reporte se hizo constar que, en junio del 2018, el entonces alcalde Jaime Nebot señaló que nunca más se percibiría esa pestilencia, al anunciar que se haría la planta de tratamiento Los Merinos así como acciones para evitar los malos olores. Efectivamente, estos desaparecieron, pero en este año han vuelto a hacerse sentir.

Gisella Vallejo, residente de Sauces 4, dice que antes de cambiarse a vivir allí no se percató del olor que emanan las lagunas, y al asentarse sintió ya aquel aire repugnante que le hace doler la cabeza.

“Con el ambiente nauseabundo que vivimos tenemos más probabilidad de que nos contagiemos del COVID-19”, afirma Ariel Zurita, residente de la zona.

Este olor desagradable se concentra más con el sol, al mediodía, cuando las familias comienzan a preparar el almuerzo. Los problemas mayores se presentan a la hora de comer, pues hasta se les quita el apetito, según el hombre y otros vecinos.

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Fiorella Guamán, dueña de una tienda en Samanes, explica que a la hora de su almuerzo tiene que comer en un lugar pequeño y cerrado para no percibir la fetidez; o almuerza antes de las 13:00.

Asimismo, Laura Terán comenta que es un martirio servir la comida con el olor nauseabundo. “El sector exige a Interagua que ya cese el olor de las lagunas”, asevera.

Habitantes de Guayacanes y Sauces afirman que desde hace cuatro años se reunieron para reclamar un mantenimiento para las aguas residuales, y de parte de la entidad recibieron una respuesta positiva y disminuyó el olor. Pero este se lo siente de nuevo, y fuerte.

Este año, algunos vecinos se han quejado con la empresa Interagua, pero no los escuchan. Ellos se sienten ignorados frente a esta problemática.

Las lagunas de oxidación están en un área amplia ubicada a las orillas del río Daule, cerca del puente que une a Guayaquil con Samborondón, desde Sauces 4. Residentes de las urbanizaciones del lado de Samborondón también manifestaron que con los vientos ese aire fétido les llega intensamente, y piden que se dé solución. (I)