En terrenos que antes estaban llenos de maleza y con piso de tierra, ahora hay casas. Algunas de ellas son de dos plantas y de cemento; otras son de caña, pequeñas, y en las que solo una persona habita desde inicios de 2020.

Quienes llegaron a esa extensión de tierra en donde se iba a ubicar la urbanización Arcos del Río, perteneciente a la inmobiliaria Terrabienes, situada en el kilómetro 1,5 de la vía Terminal Terrestre-Pascuales, norte de Guayaquil, son perjudicados del caso denunciado por falsa promesa de entrega de viviendas hace casi 10 años.

Clientes de Terrabienes piden sus pagarés

En la especie de urbanización, que se ha levantado por parte de un grupo de al menos 250 personas, se han hecho adecuaciones para tener las condiciones mínimas para vivir.

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Unas 120 viven de forma perenne en el sitio y el resto va, al menos, una vez por semana para vigilar el espacio del que han tomado posesión.

Un guardia está en el ingreso que sí quedó construido antes de que se denunciara el caso. Allí incluso han colocado pancartas en las que se detallan normas de convivencia y los beneficios del pago de una alícuota, que según uno de los moradores es lo que sirve para mantener el servicio de guardianía.

Asimismo, están las divisiones de cada uno de los lotes en donde ahora se asientan las casas.

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Las familias se abastecen de agua por tanqueros. Foto: Ronald Cedeño

Entre la ‘vecindad’, como ellos mismo la llaman, han adecuado un parque en el que han sembrado algunos árboles. También han habilitado un espacio para las asambleas semanales que tienen para hablar de los avances del caso. Esta área está en el fondo de la ciudadela; allí se observan sillas blancas y una carpa azul.

En las casas el común denominador son los letreros colocados por los perjudicados, en los que se detallan los montos que aún no han recibido desde que se denunció la presunta estafa.

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Las partes frontales de las casas tienen grandes tanques azules en donde recolectan el agua. En algunos predios hay hasta dos de estas estructuras. Los postes de luz tienen adecuados reflectores que los financiaron entre los miembros de la Asociación de Perjudicados por la Compañía Terrabienes. De hecho, el logo de la asociación se puede observar en el ingreso a la ciudadela.

Los árboles que están al ingreso de la urbanización fueron sembrados por las familias que allí habitan. Foto: Ronald Cedeño

“Nosotros hemos hecho casi todo para vivir de una manera digna. Aquí hemos formados barrio, vecindad y vivimos tranquilos. Aquí hay personas que se han arriesgado a construir su casa con todas las de la ley; otros, en cambio, solo habilitaron lo necesario”, dijo uno de los residentes.

Dentro de la urbanización se pueden observar esos contrastes. En la parte inicial hay una decena de casas, que hace casi 10 años eran las viviendas modelo de la inmobiliaria. Algunas de ellas han sido terminadas por las familias; otras están deshabitadas.

Más hacia el fondo hay casas de caña o de una sola planta con techo de zinc. Los pozos sépticos se han habilitado en casi todos los predios por la falta de conexiones.

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“Esta fue nuestra manera de tener una vivienda propia después de que algunos hemos sentido que perdimos aquello que con mucho esfuerzo confiamos para tener una casa. Aquí hemos formado familias algunas personas, aquí no hay ‘vacunas’, aquí no hay inseguridad, aquí nos hemos apropiado de un espacio que en realidad es nuestro”, manifestó otro morador.

Entre los perjudicados aún hay la esperanza de que la casa que siempre quisieron para su futuro les sea entregada y la inversión que hicieron se cristalice. “Aquí vivimos porque nosotros sabemos que tenemos el derecho y haremos lo posible para poco a poco acercarnos a vivir como queríamos en un principio”, señalaron. (I)