Por Gustavo Costa von Buchwald, especial para La Revista

Tres veces en la historia París se vuelve el centro de arte de la humanidad. Primero en lo que se denomina el arte gótico, allá por los siglos XII y XIII, estilo que influye en todo el mundo cristiano occidental. Por segunda vez durante más de siglo y medio todos los reyes y emperadores tenían puestos sus ojos en Versalles y París. Federico II de Prusia (hoy en territorio alemán), María Teresa de Austria y Catalina de Rusia soñaban los usos y costumbres, modas y arte que observaban en la corte de los reyes de Francia Luis XIV, Luis XV y Luis XVI.

Pero en realidad a partir del año 1850 París no conoce rival en Francia o el mundo en relación con la imposición del arte francés, pero lo que en verdad se impone es el arte parisino. Esto se debe a la salida de franceses al extranjero, como Henri Matisse a Moscú, a Fernando Leger a Nueva York, a Le Corbusier a Pakistán y Tokio o a Paul Gauguin a Tahití. Y, por otra parte, a la afluencia de artistas que no nacieron en París, como Pablo Picasso, Vincent van Gogh, Jacques Villon, Raymond Duchamp-Villon, André Derain, Suzanne Valadon, Pierre-Auguste Renoir, Henri de Toulouse-Lautrec, Salvador Dalí, Amadeo Modigliani, Diego Rivera y Frida Kahlo.

París surge como ninguna otra ciudad donde los genios de todos los países pueden enfrentarse y confrontarse bajo la mirada benévola de una cultura francesa libre y tolerante.

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En fechas posteriores también fueron a París artistas ecuatorianos como Manuel Rendón Seminario y Luis Molinari Flores en busca de tendencias pictóricas que podrían ayudarlos a descubrir su propio arte.

Los barrios del arte

¿Por qué llegan tantos artistas de Europa y del mundo a París? A fines del siglo XIX y comienzos del XX, en París había una efervescencia económica-comercial, evidenciadas por ejemplo en la Feria Internacional de París de 1900. Por ello, los pintores buscaban sus galerías y marchantes para la exposición de sus obras.

Los barrios de Montmartre y Montparnasse tenían un atractivo especial en esos tiempos, porque esos artistas plásticos famosos, de diferentes estilos, pintaban y vivían en estos vecindarios, por lo cual los ciudadanos y turistas solían visitarlos porque era la oportunidad para codearse y conocerlos. Resultado de esta bohemia parisina aparecieron estilos y tendencias pictóricas en el arte moderno. Esto se debe, en parte, a que cuando varios artistas pintan juntos viene la crítica del dibujo, que hace que el artista busque la mejora de su obra.

Muchas veces estos artistas se reunían en alguna cafetería a pintar a la mesera, al chef o la silla del bar. Inclusive hoy en día los bares y restaurantes donde acudía Van Gogh todavía existen. La lista de artistas famosos que desarrollaron su inspiración en Montmartre y Montparnasse es infinita.

Existe confusión sobre si la Escuela de París (1915-1940) era una academia o algún tipo de instituto donde se enseñaba artes plásticas. No es así. La Escuela de París fue un movimiento de un grupo de artistas que trabajaron en la capital francesa desde principios del siglo XX hasta después de la Segunda Guerra Mundial.

Existe una gran diversidad de artistas que hace a este movimiento heterodoxo, y como resultado tenemos una variedad de estilos que incluye el impresionismo, posimpresionismo, expresionismo y surrealismo.

El tiempo les dio la razón

Pero veamos en la historia qué ha sucedido con los movimientos pictóricos y cómo han sido juzgados. Es notorio que los impresionistas fueron víctimas de las más escandalosas persecuciones, cólera, ataques virulentos y desprecio. La prensa francesa entre 1890 y 1914 indicó alguna vez: “¿Por qué estos señores tienen una vez más la pretensión de imponernos los balbuceos informales de los fracasados, mamarrachos nauseabundos en lo que a originalidad consiste un descaro monumental?”.

Me pregunto si alguien en cualquier profesión puede seguir adelante con tanta adversidad. En este sentido el tiempo les dio la razón. Las obras de estos grandes genios del arte plástico contemporáneo francés, que forma parte la Escuela de París, poco a poco entraron en los museos del planeta y colecciones privadas. Esa inmensa y fecunda reunión de artistas de todas las nacionalidades, lenguas y razas en los barrios de Montmartre y Montparnasse de París cambió la forma de vernos como humanidad.