Desde muy temprana edad, Bolívar Arellano tenía curiosidad por las imágenes. Su espíritu de aventura lo hizo salir de su casa sin destino y temor alguno. Cuando todavía no cumplía los 20 años, Arellano ya había estado en Colombia y Venezuela.

En Bucaramanga cubrió algunas de las grandes manifestaciones del cura Camilo Torres, poco tiempo antes de dejar la sotana e ingresar a la guerrilla.

Tras un par de años, decidió retornar a Ecuador. Fue fotógrafo de El Telégrafo, donde, en poco tiempo, logró captar la agresión al entonces presidente Carlos Arroyo del Río por un manifestante. Su fotografía dio la vuelta al mundo y también fue galardonada.

En Ecuador se llora también a víctimas del 11 de septiembre

Fue testigo de la movilización estudiantil en 1969 e investigó el asesinato del dirigente Rafael Brito. Lo amenazaron de muerte y decidió ir a Estados Unidos a continuar con su carrera.

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Se convirtió en freelance para Associated Press y cubrió la guerra civil de El Salvador en 1982. En ese acontecimiento captó con su cámara cómo el Ejército salvadoreño mató a 200 personas en dos horas, a pesar de que ponía en riesgo su vida.

Guerrilleros secuestraron a miembros de iglesias católicas y evangelistas, fotógrafos, entre ellos, Arellano. Ocurrió en el río San Juan que divide Nicaragua y Costa Rica en 1985. Foto: Cortesía Bolívar Arellano.

También estuvo en la guerra civil en Nicaragua en 1985. Ahí fue secuestrado junto a otros profesionales de la rama por varios días.

Pero cuando Arellano creía que ya lo había vivido todo se encontró con el centro del torbellino de los acontecimientos que quedarían para siempre en la historia mundial, el fatídico ataque a las Torres Gemelas, ocurrido hace 20 años en Nueva York por el grupo terrorista Al Qaeda. Esto causó la muerte de casi 3.000 personas, 15 de ellas ecuatorianas.

Ese 11 de septiembre de 2001, Arellano estaba cubriendo para el New York Post a los candidatos de la elección de la alcaldía de esa ciudad. Regresó al medio de comunicación a revelar las fotos. Su jefe le informó del primer avión que impactó la Torre Norte.

Arellano solía demorarse 35 minutos en llegar al sitio, pero lo hizo en 12. Apenas arribó capturó las expresiones de pánico que tenía la gente, a los rescatistas en su labor hasta acercarse al pie de los gemelos.

El fotógrafo de 77 años pensó que se trataba de una avioneta y le parecía imposible que fuera un ataque terrorista.

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Con sus dos cámaras en mano apuntaba a todo ángulo hasta que vio que las personas se lanzaban de las torres. Para él, eso fue lo más impresionante que la propia caída de los gemelos.

Dice que jamás imaginó que quedarían en su memoria tantas muertes seguidas, gritos y llantos.

Fotografió a trece personas, entre ellas, hombres y mujeres que se lanzaban sin zapatos. Unos con los brazos abiertos, otros abrazándose, de espalda o con pañuelo en mano.

“Yo vi los cuerpos caer, el primero lo tomé en el aire y cometí el error de ver el cuerpo y me causó una impresión muy fuerte. El cuerpecito se deshizo y el resto se esparció. Los doce restantes tomaba en el aire y cerraba los ojos cuando iban a chocar con el piso. Fue lo peor, como 17 años duró en mi mente”, relató.

Pero eso no fue todo lo que vivió ese día. El oriundo de Alausí escuchó a un policía que le advertía que saliera del lugar porque las torres iban a caer. Le refutó y decía que eso era imposible, que ya los bomberos apagarían el fuego y no pasaría nada.

Minutos después escuchó un estruendo y vio caer la torre y la fotografió. Pensó que sería la última. Corrió hacia un sargento de bomberos, que también trataba de ponerse a salvo. Fue cubierto por la nube de polvo. Mientras eso suscitaba, en su mente se proyectó una película de su vida, junto a su esposa, padres e hijos.

Bolívar Arellano sufrió una herida en la rodilla en la caída de la Torre Sur. Foto: Cortesía Bolívar Arellano.

Luego de esto, Arellano decidió seguir en su profesión y acudió a la Torre Norte. Cuando caminaba por el sitio usó otro de sus rollos para fotografiar a los rescatistas tratando de mover escombros.

Ya en la otra torre, todo lo que pensó que parecía imposible lo creyó. Incluso se puso a analizar por qué lado escaparía en caso de que cayera la otra torre, y así ocurrió.

Volvió a escuchar el estruendo y corrió desesperadamente sin soltar sus cámaras. Por la fuerza del impacto, Arellano voló unos metros y sufrió un corte de tres pulgadas en su rodilla derecha.

Las 2 causas científicas por las que se cayeron las Torres Gemelas tras el impacto de los aviones el 11 de septiembre de 2001

No se dio cuenta de la herida hasta que un policía le dijo que ya no podía volver. Acudió, en esas condiciones, al medio de comunicación para revelar las fotos y su jefe lo mandó de inmediato al hospital.

Finalmente, a las 17:00 se comunicó con su familia y se enteró de que era un ataque terrorista. Y no solo en las Torres Gemelas sino en el Pentágono y el avión que se estrelló cerca de Shanksville, Pensilvania.

Tras 20 años de lo ocurrido, el fotógrafo -ahora independiente- pasó 17 viviendo ese trauma. Lloraba, soñaba, a tal punto que solo una vez acudió a un aniversario. Le costaba contarlo.

Arellano fotografió a los padres de Hugo Sañay Peñafiel, oriundo de Alausí, que falleció en las torres gemelas, fuera de su vivienda. Foto: Cortesía Bolívar Arellano.

“Me quedé como 17 años mal, me quedó una tos seca, después se me calmó la tos y durante un mes del año se activaba. Yo me acuerdo cuando el edificio caía y siempre trato de ser macho, pero no. Eso queda para toda la vida”, cuenta.

Compensación fue donada

Arellano recibió cerca de $ 400.000 como parte de la compensación a heridos durante el atentado. Y otra parte de los seguros.

De estos, $ 325.000 fueron donados a una escuela de su natal Alausí, que asegura que ya no existe. Invirtió para computadoras, sillas, arreglos en general.

También regaló a quienes tenían alguna urgencia y les decía: “No te pido que me devuelvas, ayuda a otra persona”.

Arellano cree que ese podría ser el objetivo de haber vivido tantos acontecimientos: ayudar a los demás. (I)