En la memoria de los jugadores mexicanos de los años 90 aún está intacto el buen juego que mostró Álex Aguinaga con la camiseta de Necaxa. Fueron catorce años en los que el Güero conquistó a los aficionados aztecas con su talento.

Y rememorando sus actuaciones, Mario Carrillo, exentrenador del América y analista de ESPN, dijo: “Hace tiempo hablé con un empresario y le dije que todo el mundo admira a Luka Modric, pero Aguinaga era más que Modric. Este es de Ecuador y el otro de Croacia, pero por su trascendencia en el Real Madrid se hizo conocido”.

“Aguinaga era más hábil jugando por fuera, podía jugar de extremo por la derecha, apoyar en el trabajo defensivo, de volante creativo detrás del delantero. Modric no es cualquiera, pero a lado de Aguinaga no le pide nada”, resaltó Carrillo en una entrevista concedida a Ricardo Peláez, excompañero del Güero en el Necaxa (1987-1997).

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El tricolor llegó en 1989 al equipo y fue uno de los puntales para que los Rayos sean uno de los protagonistas en la máxima categoría del balompié mexicano. Levantó el trofeo de la Copa México (1994-1995); dio tres vueltas olímpicas en la primera división (1994-1995, 1995-1996 y 1998); y la copa Campeón de Campeones (1994-1995).

A nivel internacional, el ibarreño logró la Recopa de la Concacaf en Miami (1994) y la Copa Copa de Campeones de la Concacaf en Las Vegas (1999).

También fue distinguido como el mejor centrocampista (1992-1993); y el mejor jugador y volante ofensivo en la temporada 1995-1996.

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Para culminar, Peláez manifestó: “Para mí está dentro de los mejores jugadores en la historia del fútbol. Los que no lo vieron jugar, Aguinaga tenía sacrificio, habilidad, velocidad, desequilibrio, asistencia, gol, todo”.

“Aguinaga le abrió las puertas a los jugadores de su país en el exterior, fue un embajador”, concluyó el exdelantero de la selección de México. (D)

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