A la queja de Sebastián Palacios -excampeón nacional y panamericano de bicicrós y medallista de bronce en el Mundial de Francia 1999- respecto a lo que él llama “tratamiento apresurado y sin la discusión necesaria” del proyecto de nueva Ley del Deporte por parte de la Comisión Especializada del Derecho a la Salud de la Asamblea Nacional, que el quiteño integra, se une el reclamo del exvoleibolista César Pólit Ycaza. Para el también expresidente de la Federación Ecuatoriana de Voleibol, exsecretario nacional del Deporte y exmiembro de la Confederación Sudamericana de su disciplina, hay “una tomadura de pelo” cometida por quienes aprobaron el informe para segundo debate. “Ha prevalecido la voluntad de algún asesor, o asesores, de la Comisión y se perdió el rumbo”, estima el autor del libro Estado y Deporte. Amigos y enemigos íntimos. Palacios y Michel Doumet votaron en contra (siete votos a favor y tres abstenciones).

¿Cuál es la pérdida de rumbo a la que se refiere respecto al tratamiento que recibió el proyecto de nueva Ley del Deporte en la Comisión de Salud?

Esa es la pregunta del millón de dólares. ¿A quién favorece el manejo torcido y sesgado que ha tenido el proyecto de Ley del Deporte? Hay un sesgo intervencionista flagrante. Si uno redacta una Ley Orgánica se supone que esta tiene como fin garantizar y preservar derechos fundamentales, que en el caso del deporte son los de las autonomías de los organismos y la distribución equitativa de recursos. Como la han aprobado aquello no se plasma. Propicia la conculcación de derechos de las organizaciones deportivas y acecharlas con la intención de que, tal vez, determinada entidad se beneficie con la intervención del Estado, como ocurrió en el 2012 (el Ministerio del Deporte, con José Francisco Cevallos, intervino a 41 federaciones ecuatorianas y se designó un nuevo directorio del COE).

Si este proyecto tenía como intención reemplazar la aún vigente Ley del Deporte del correato, ¿por qué se estancó?

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Porque los hijos del intervencionismo están presentes todavía en muchas organizaciones deportivas. En este proyecto de ley hubo aportes importantes de determinados actores, pero otros han guardado un silencio cómplice y cómodo. La actual Ley del Deporte es intervencionista, pero con los cambios que le han hecho al cuerpo legal aprobado se corre el riesgo de propiciar un mayor intervencionismo estatal. En la nueva se le dedican siete artículos a la intervención estatal, a la manera de hacerlo, y deja márgenes discrecionales a los funcionarios de Gobierno para hacer y deshacer, para disolver organismos deportivos. No sé si no se han percatado de eso, si es por ingenuidad, desconocimiento, o cálculo político, pero es peligroso para el deporte ecuatoriano.

¿Es decir que el proyecto de Ley del Deporte originalmente presentado es distinto al que aprobó la Comisión de Salud?

Participé en monitorear los avances de este proyecto, que fue una construcción conjunta con varias organizaciones deportivas, y con los actores del deporte. Hoy, lamentablemente, ese esfuerzo está en riesgo de quedar en nada. Los famosos asesores de la Comisión de Salud han ido incorporando cosas y se creó este pequeño monstruo. Esto ha sido una verdadera tomadura de pelo. Se esperaba que las acotaciones de actores deportivos que comparecieron ante la Comisión con sus opiniones, argumentos y sugerencias por escrito fueran acogidas. Incluso la Secretaría del Deporte alertó de las posibilidades de inconstitucionalidad de algunos artículos del proyecto de ley, pero nada ha sido escuchado. Y lo que es peor: en el interior de la Comisión sus miembros no conocen lo que el otro colega aportó. No sabemos quién es el dueño de las voluntades dentro de esa Comisión. Nos han desairado. No se han respetado varias opiniones y participaciones importantes, y ha prevalecido la opinión de un par de asesores, o de tres.

¿Qué experiencia tienen los miembros de la Comisión de Salud de la Asamblea en administración del deporte?

Dudo que tengan conocimientos del deporte, pero al menos deberían tener sentido común. No pueden aprobar un documento que no ha sido discutido. Cómo pueden votar por un proyecto que no han leído ni debatido internamente. Dudo de la capacidad intelectual de quienes actúan de esa manera. Tal vez, simplemente, se han prestado a algún juego. Por eso entiendo la posición de Michel Doumet y de Palacios, que votaron en contra. Sé que el presidente de la Asamblea (César Litardo) ha expresado su desencanto por el procedimiento usado para la elaboración del informe para segundo debate. Para él, está claro que no hubo transparencia en las formas empleadas, por no decir manejo atropellado. Tiene la potestad de no llevarlo al pleno y se quedaría en donde salió. No creo que se haga de la vista gorda.

¿En el proyecto se establece que en las elecciones de directorios de las federaciones deportivas provinciales ya no tendrá competencia el Estado?

Eso era importante eliminarlo porque le daba al Estado posibilidades infinitas. Tenían dos representantes de la secretaría del Deporte, uno del Ministerio de Salud y aparte, por cada jurisdicción provincial, los alcaldes también tenían uno. Es decir, mayoría. Así las autonomías de las federaciones solo eran aparentes. Eso es un avance, pero por cada paso hacia adelante se han dado diez hacia atrás en otras materias.

¿Cómo queda el tema de la elección de los directorios de las federaciones ecuatorianas por deporte?

Ese es otro gran absurdo del proyecto. Y ahí no son estrictamente responsables los asambleístas, que poco conocen del Sistema Deportivo Nacional y de los enfrentamientos entre federaciones provinciales y ecuatorianas por deporte a través de la historia. Es un absurdo que vale la pena explicarlo matemáticamente. Se pretende volver a la figura de que cada federación ecuatoriana se constituye por un mínimo de cinco asociaciones, y siendo casi 50 federaciones estamos hablando de crear 250 asociaciones. De ahí hay que multiplicar por cinco (el número de clubes exigidos): se necesitan 1.250 clubes y para crearlos se deben buscar varios miles de socios en un año. Y si en ese lapso no consiguen unas 30.000 personas, pasamos a un proceso de intervención estatal como el del 2012 (el Ministerio del Deporte intervino, en el gobierno de Rafael Correa, a 41 federaciones. Tras ese proceso, el cargo de presidente del Comité Olímpico Ecuatoriano fue ocupado por Augusto Morán, viceministro del Deporte). Entonces la gran pregunta es: ¿A dónde vamos con eso? ¿Hay interés de algún dirigente o exdirigente provincial, o de quién, para regresar a esa figura que generó conflictos en décadas anteriores? Imponer cinco asociaciones a las federaciones ecuatorianas es disparate si se toma en cuenta que hay deportes como el golf y el yachting que de dónde van a sacar 5 asociaciones y 25 clubes cada una. ¿Entonces no van a existir esas dos federaciones que pongo como ejemplo? Esa irracionalidad debe ser superada. Lo que se busca con aquello es tener espacios de poder y atar a las federaciones ecuatorianas a los caprichos no solo de los asambleístas, sino de otros interesados en someter otra vez a las federaciones a un yugo de otros organismos deportivos o voluntades de dirigentes para tener un control hegemónico del deporte nacional. (D)