Oigo voces desde Guayaquil que –con justificada razón– expresan su descontento sobre la forma en que se manejó la emergencia sanitaria del COVID-19. Semejante enfado se debe a las demoras que se dieron en atender a los enfermos y en el manejo de los fallecidos. Las reacciones tardías del Gobierno echaron más leña al fuego al desprecio con el que se ve al modelo de gobierno central vigente.

Quienes antes hablaban de establecer un sistema de autonomías ahora se expresan por el establecimiento de un modelo federal. Es conveniente entonces poder definir las posibles reglas de juego.

Definitivamente, hay que acercar al ciudadano a sus instituciones de gobierno más inmediatas. Prueba de ello se encuentra en el proyecto del estatuto autonómico de Quito, que plantea el establecimiento de “alcaldías menores” para el manejo de ciertos sectores del territorio capitalino. Muchos expertos sugieren además que se le dé mayor relevancia al barrio como módulo central de nuestra cotidianidad. El barrio debería ser el núcleo de nuestras actividades diarias; que vivir, trabajar y comprar sean actividades que puedan realizarse en un radio de distancia caminable, sin mayor necesidad del automóvil o del transporte público. Pero este tipo de directrices pueden gestionarse desde la escala urbana, sin necesidad de un modelo federal.

También vale la pena aclarar que no existe un solo modelo federal. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿cuál es el modelo federal que nos convendría? Siento que la alternativa más adecuada para nosotros sería el modelo federal alemán, donde coexisten estados y ciudades-estado por igual; las cuales pueden tener equivalencia con nuestra figura de los distritos metropolitanos.

Muchos creen que las ventajas de un modelo federal están en que los impuestos se quedan en donde son cobrados. Eso es una verdad a medias. Si vemos el modelo federal estadounidense, todos los estados aportan a un fondo nacional en proporción a su capacidad productiva. Sin embargo, ese fondo nacional se distribuye según las necesidades y requerimientos de los estados. Así se explica que Nueva York, California y Texas le den más dinero del que reciben; mientras que estados más pobres, como Alabama, Mississippi y Kentucky, reciben más de lo que aportan. Situaciones similares se vivirían en nuestro país.

Mucho antes de que Guayaquil hable de federalismos, la ciudad debe asumir su naturaleza metropolitana y convertirse en Distrito Metropolitano, uniendo las gestiones municipales de Guayaquil, Durán y Samborondón bajo la sombra de una alcaldía metropolitana mayor. Los detalles de dicho proceso deben ser revisados en el Cootad y mejorados; no solo para Guayaquil, sino para aquellas ciudades que opten por dicho modelo de organización.

Hablar de federalismos es algo que no se debe hacer a solas. Si quienes empujan esta idea desde Guayaquil realmente quieren lograr cambios concretos y positivos, deben dejar de hablar entre sí e invitar a dicha conversación a las demás regiones del Ecuador. Aunque, siendo honestos, en estos tiempos tan inciertos, hay muchos otros asuntos que son más prioritarios.

@Ladrillazo

No existe un solo modelo federal. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿cuál es el modelo federal que nos convendría?