“Eres soltera, no tienes hijos, (entonces) qué estás haciendo que no puedes ayudar” es la frase recurrente que escucha Mónica de 37 años cuando la llaman sus superiores en sus horas o días de descanso.

Una situación que arrastra desde antes de la pandemia y que la soporta por temor a perder su empleo o recibir represalias.

A esto se suma que no la incluyen en proyectos, ascensos o alza salarial. Su alto nivel de estrés y angustia le provoca dolores de cabeza y gastritis.

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Y así se configura el acoso laboral o mobbing donde el hostigador, de manera reiterada, infunde miedo, intimidación, angustia, causa desánimo en el trabajador, lo insulta o induce a la renuncia del mismo. Llegando a consecuencias como enfermedades en el caso de Mónica o extremas como el fallecimiento.

“Recientemente un compañero de trabajo falleció porque tuvo una carga tan exigente, un nivel de estrés tan alto, que al finalizar un objetivo que la empresa le había puesto, murió de un infarto”, contó Mónica, quien afirmó sentirse aliviada durante esta entrevista al contar su historia. Sentimientos que pocos llegan a contarlos y peor denunciarlos.

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Fue en noviembre de 2017 que se incorporó al Código del Trabajo la figura del acoso laboral, que es sancionada con visto bueno y despido. Se configura del empleador hacia el trabajador o viceversa, o entre compañeros de la misma empresa.

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Desde marzo de 2020 a 22 de abril de 2021 el Ministerio de Trabajo registra 137 denuncias por acoso laboral, de las cuales 106 fueron resueltas. Y esto determina que cada mes entre 2 a 26 personas denuncian el hostigamiento, la mayoría hombres.

Guayas se convierte en la provincia con más acusaciones llegando a 56; seguido de El Oro con 23; Loja con 18; Pichincha y Santo Domingo de los Tsáchilas con 14, entre otros.

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Como parte de las medidas para mejorar esta situación, la cartera de Estado publicó el acuerdo ministerial 2020–244 que expide el protocolo de prevención y atención de casos de discriminación, acoso laboral y/o toda forma de violencia contra la mujer en los espacios de trabajo.

Jorge Olmedo, subsecretario de Empleo y Salarios, afirma que este documento explica cómo las Unidades de Talento Humano del sector público y privado deben actuar en ese tipo de casos. Estas deberán recibir las denuncias, recopilar la información y emitir una resolución. Sin embargo, menciona Olmedo que el ciudadano también puede denunciar en el Ministerio de Trabajo.

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Pero en este procedimiento no tuvo respuesta Liliana. Ella presentó una denuncia de inspección focalizada en octubre pasado por acoso laboral y un mes después la despidieron, incluso la liquidaron con menos cantidad de la que debió recibir.

Su caso lo transformó en una demanda judicial, que de acuerdo a su abogada Vannessa Velásquez, tardará varios años por la falta de agilidad del sistema.

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Cuenta que Liliana fue liquidada con $ 8.305 cuando debió recibir $ 12.000. En caso que gane la demanda de impugnación al acta de finiquito, acoso laboral y otras figuras lograría $ 52.000 por todos los perjuicios.

Y para demostrarlo se requieren de elementos probatorios dice el abogado laboral Mesías Andrade como capturas de pantalla, conversaciones por WhatsApp u otra red social, registro y grabación de llamadas, correos electrónicos, y hasta llevar una anotación de las fechas.

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Elementos que ayudarán a dar un dictamen, asegura Richard Buenaño, juez de la Sala Laboral de la Corte Provincial de Justicia de Pichincha. Explica que el acoso laboral debe ser reiterativo, caso contrario se trataría de un llamado de atención, pero cuando hay secuelas físicas y psicológicas el tratamiento judicial es más profundo para determinar la causa.

Por eso sugiere guardar toda la evidencia e incluso apoyarse de testigos así el acosado sea el trabajador o el empleador.

Y al final toda esta situación se convierte en una carga emocional y física, afirma Tamara Tolero, psicóloga clínica, quien indica que el acoso laboral junto a las crisis y confinamientos provocarían un incremento de trabajadores enfermos.

“Mientras más tiempo es peor. Las secuelas son más graves como desarrollar un trastorno ansioso depresivo, gastritis, ataques de pánico”, apunta.

Agrega que un indicador clave para saber cuando una persona sufre acoso laboral es la baja autoestima y la falta de confianza del afectado.

¿Cómo reconocer el acoso laboral?

  • Críticas constantes por parte de jefes/compañeros en público.
  • Difundir información privada de la víctima en reuniones grupales y rumorear sobre ella.
  • Hostigamiento y explotación de la víctima, exigiéndole tareas inalcanzables en plazos inviables de conseguir.
  • Ordenándole tareas sumamente fáciles para su categoría para que acabe por aburrirse.
  • Mandarle emails amenazantes y hacerle llamadas telefónicas, incluso fuera de horario laboral.
  • Hablarle sin respeto en público, incluso con gritos e insultos, y de forma violenta.
  • Restringirle su comunicación, cambiándole de ubicación en el lugar de trabajo y separándole de sus compañeros, prohibiéndoles a estos hablar con la víctima.
  • Juzgar el desempeño de su trabajo de manera ofensiva. Cuestionarle sus decisiones e iniciativas.
  • Ridiculizar a la víctima en público, mofarse de sus capacidades.

¿Cómo denunciar?

Ingresar a la página web del Ministerio de Trabajo, en la sección Sistema Único de Trabajadores. Y seleccionar el tipo de denuncia.

Llenar el formulario con su información personal, haciendo referencia al acoso laboral.

Otra opción es acudir a las Unidades de Talento Humano de cada empresa y contar el caso. Ellos realizarán la investigación y emitirán una resolución.

En tanto, plantear una demanda por acoso laboral también es otra alternativa. Aquí requería el patrocinio de un abogado. (I)