A los ricos que solían comprar demasiado se les llamaba coleccionistas. Ahora, todos ellos —y quienes pertenecen simplemente a la clase aspiracional— son inversionistas.

No solo se trata de que hayan estado todo el año pasado derrochando en acciones de empresas públicas recién creadas y no probadas que todavía no generan productos ni mucho menos ganancias. Al parecer, durante la pandemia, todas las adquisiciones lujosas se han convertido en una clase de activos denominada alternativa.

En vez de estar disputándose las reservaciones en los restaurantes de moda de Marcus Samuelsson y Jean-Georges Vongerichten o entrar en la guerra de subastas de los apartamentos de Park Avenue 740, compiten constantemente en las subastas en línea de joyas, relojes, muebles, estampas de deportistas, automóviles clásicos, tenis Nike de edición limitada y arte criptográfico.

La pobreza aumentó y los bolsos Birkin se volvieron más codiciados.

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Muchos comerciantes no querían hablar de esta tendencia y afirmaban que no deseaban dejar constancia de estar charlando sobre aretes que se venden en casi 90.000 dólares en un momento de una creciente desigualdad económica.

John Demsey, presidente ejecutivo de Estée Lauder Cos., expresó esa misma inquietud, aunque reconoció tener un gran pasatiempo en esta cuarentena.

“Me la paso viendo relojes”, comentó. “Vendo relojes. Compro relojes. Es una locura. En estos momentos, no tengo ninguna razón para comprar un reloj. Todo el día estoy en casa frente a la computadora. Siempre tengo la hora directo en los ojos. ¿Con qué motivo me vería la muñeca? Pero quiero una muestra palpable de algo, así que veo relojes”. Y también lo hacen muchas otras personas.

Los relojes Rolex Day Date que, en 2020, se vendían en 30.000 dólares en el mercado secundario, ahora están alcanzando más de 50.000 dólares en algunos sitios de reventa. El Nautilus 5980, un reloj deportivo cronógrafo de oro rosa de Patek Philippe con un precio al público de 85.000 dólares, pocas veces se puede encontrar en la calle 47 por algo menos de 200.000 dólares.

Según Benjamin Clymer, editor del sitio de relojes Hodinkee, una razón de que los precios aumenten es que “Suiza está cerrada, pero siguió habiendo demanda mientras que la oferta se redujo de manera drástica”.

Pero también, comentó, “los ricos que solían gastar su dinero en viajes, ahora no lo están usando, así que está aumentando muchísimo el valor de todo lo coleccionable”.

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Mesas de café y automóviles Porsche

Eso incluye a los autos, un pasatiempo que para Clymer comenzó en 2011 y prosperó en 2015, cuando una inversión estratégica multimillonaria en Hodinkee le ayudó a pasar de bloguero a magnate.

En el verano de 2020, Clymer se puso a buscar un Porsche 911 Carrera RS modelo 1973.

Poco antes de la pandemia, se había vendido uno por 560.000 dólares en el sitio de subastas Bring a Trailer (o BaT, como se le conoce), pero Clymer se imaginó que podría haber un mercado favorable para el comprador. Tal vez podría conseguirlo por menos dinero.

Encontró una belleza en un concesionario que no había puesto el precio en su sitio web. Estaba en perfecto estado. Clymer pidió que le cotizaran y casi se desmaya cuando oyó la respuesta: 1,2 millones de dólares.

“Yo dije ‘Estás loco’. Se vendió en menos de un mes”.

Para el Día de Acción de Gracias, las casas de subastas publicaban comunicados de prensa casi a diario en los que hablaban de sus ventas sin precedentes.

Un par de sillones Conoid del afamado ebanista japonés George Nakashima, por los que en 2019 pedía alrededor de 10.000 dólares, en octubre de 2020 se vendían en 23.750 dólares en la casa de subastas Wright de Chicago. Una mesa de café de T.H. Robsjohn Gibbings, un arquitecto británico cuyo nombre es muy poco conocido fuera del mundo de los muebles, llegó a 237.500 dólares en diciembre; el resultado general de la venta fue de 2,5 millones de dólares, aproximadamente el doble de lo que esta casa ganó en la misma venta un año antes.

En febrero, una ilustración digital de Donald Trump boca abajo en el pasto, cubierto de palabras como “perdedor” se vendió por 6,6 millones de dólares, una cifra récord para un token no fungible, o TNF, llamado así porque no existe ningún objeto físico del que el comprador pueda tomar posesión.

Para ser congruentes, esta imagen fue pagada en Ethereum, una especie de criptomoneda que, entre los milénials, es casi tan conocida como el bitcoin. Dos semanas después, Christie’s vendió otro TNF de Beeple, esta vez por 69 millones de dólares.

Los precios de las mejores estampas antiguas de deportistas alcanzaron los niveles de las de Andy Warhol. En enero, una de Mickey Mantle de 1952 se vendió a través de PWCC Marketplace en 5,2 millones de dólares. En marzo, Goldin Auctions, un sitio de artículos deportivos de colección, celebró su subasta anual de invierno. “Recaudamos una cantidad neta de 45 millones de dólares”, afirmó Ken Goldin, fundador y director general. “El año pasado fueron 4,7 millones”.

Uno de los clientes habituales de Goldin es Clement Kwan, expresidente del grupo Yoox Net-a-Porter y fundador de Beboe, una línea de lujo de vaporizadores para marihuana y pastillas comestibles que The New York Times ha llamado “el Hermès de la marihuana”.

“Desde que comenzó la pandemia, mi cartera financiera ha crecido 50 por ciento”, dijo Kwan desde Miami la semana pasada. “Mis objetos de colección se incrementaron en 200 por ciento”.

Las ganancias imprevistas de Kwan llegaron después de enterarse, en 2019, que, el siguiente verano, Netflix iba a transmitir un documental sobre Michael Jordan. Eso le dio la idea de comprar juegos de las primeras estampas de Jordan en cerca de 30.000 dólares cada uno. También compró acciones en Bleecker Trading, una tienda de reliquias de deportes por encargo en el barrio de West Village.

En mayo de 2020, Kwan vendió una estampa de Jordan en casi 100.000 dólares. En enero, a través de Goldin, se vendió una estampa de Jordan muy solicitada por 738.000 dólares.

El renovado interés por Jordan abarca los zapatos tenis.

En mayo pasado, Ariana Peters —quien junto con sus hermanas Dakota y Dresden Peters, es propietaria de lo que algunas personas creen que es la colección de tenis más valiosa del mundo— tuvo su venta más grande en cinco años de estar en este negocio: un par de Air Jordan de 1985 autografiados que se vendieron en 275.000 dólares.

La influencia de la nostalgia: de Nintendo a Pokémon

Quienes no están listos para desembolsar grandes cantidades de dinero por objetos antiguos de colección están entrando en el negocio a través de fondos de inversión creados recientemente.

Rally, una aplicación para Android y iPhone que vende acciones fraccionarias de todo, desde Rolex GMT a restos de dinosaurios, tenía 100.000 usuarios al principio de la pandemia y controlaba un inventario de 12 millones de dólares. Rob Petrozzo, su director de productos y fundador, mencionó en una entrevista que la empresa ahora controla 30 millones de dólares de mercancía y tiene más de 200.000 usuarios. Según esta empresa, la edad promedio de los usuarios, en su mayoría varones, es de 28 años.

En esta aplicación, los inversionistas compran, venden o intercambian acciones como si fueran valores bursátiles. De hecho, los lanzamientos de nuevos productos se denominan OPI (Oferta Pública Inicial).

“El entorno de las acciones y el entorno de las criptomonedas durante el último par de años generaron inversionistas en verdad inteligentes que comprenden la dinámica del mercado, así que es un complemento para sus cuentas de Coinbase y de Robinhood”, comentó Petrozzo.

Uno de los “inversionistas” de Petrozzo es Nicholas Abouzeid, el director de mercadotecnia de 24 años de MainStreet, una compañía de 50 personas que ayuda a las empresas emergentes a encontrar y solicitar créditos fiscales e incentivos del gobierno.

Una tarde reciente, Abouzeid estaba conectado por Zoom desde su habitación en su casa de Woodbury, Connecticut. Con su camiseta blanca de manga larga y sus anteojos con montura de madera, se veía como cualquier otro joven de raza blanca que podría trabajar para Mark Zuckerberg o Josh Kushner. Detrás de él había repisas con reliquias: juguetes de Superplastic, juegos de Nintendo sin abrir de la década de 1990 y tenis de colección Nike de Sacai Waffle.

En la bolsa de valores como tal, el año pasado Abouzeid ganó lo que describe como “más de lo que nadie debería ganar en un año”, al comprar y vender posiciones en empresas de tecnología de gran crecimiento como Slack, Stitch Fix, Shopify y Fastly. “Siempre estoy entrando y saliendo”, comentó.

Sacó gran parte de sus ganancias y las puso en los objetos coleccionables de Pokémon.

De alguna manera, esto es resultado de su nostalgia por el juego, el cual comenzó a jugar cuando estaba en sexto grado. De otra, es “una clase alternativa de activo y un modo de diversificarse”, como él mismo lo dijo.

Su santo grial es una primera edición de estampas de Pokémon en paquetes cerrados.

Después de su lanzamiento en 1999, el juego costaba 110 dólares. En enero, Heritage Auctions de Dallas vendió uno por 408.000 dólares.

Abouzeid no tiene tanto dinero, pero en una “OPI” de junio de 2020 de Valley Road, compró 125 “acciones” de uno a un precio de 25 dólares cada una.

Ahora, cada una vale 120 dólares, lo que le da una ganancia de alrededor de 13.500 dólares (que es, por lo menos, 300 por ciento más de lo que ganó con sus acciones de Slack). (I)