Han pasado 23 años desde que Marc Pidoux vino al Ecuador siguiendo el llamado de su corazón: “Yo llegué a este maravilloso país por una exnovia, es decir, por amor”. Y lo que encontró en estas tierras lo conquistó de una forma inesperada, ya que, después de enamorarse de la cultura y de las tradiciones de nuestro país, decidió dejar atrás una prometedora vida en su Europa natal y hacer de esta patria su hogar permanente.

Este experimentado catador de vinos, quien antes de arribar al Ecuador trabajó en diferentes posiciones en restaurantes extranjeros de alto nivel, incluso con estrellas Michelin, cuenta que al principio no fue nada fácil adaptarse a la nueva situación de vida en este país ni tampoco al idioma, pero su fascinación por la cultura local fue más grande que cualquier vicisitud que se le pudiera presentar.

“Adaptarme fue una experiencia bastante intensa, porque llegué sin hablar español y aprendí gracias al apoyo de amigos, de mucha gente. Eso es lo bueno, porque el ecuatoriano está superabierto. Fue una conexión difícil al principio por la diferencia cultural, gastronómica, pero al final, como siempre, terminó bien”, apunta este apasionado conversador francés, quien entre risas recuerda que, en su niñez, cuando su padre le hizo probar su primera copa de vino, le dijo a este que “jamás en su vida” volvería a tomar esa bebida, y quién diría que unos años después él sería un férreo competidor en líneas de sumillerías de Suiza y Francia.

Inspirencers es una serie de contenidos transmedia para inspirar con el ejemplo

A pesar de que muchos de sus conocimientos los obtuvo durante los últimos 20 años de su vida, reflexiona que las experiencias que tuvo en sus primeros empleos también cimentaron su amor por el vino y la viticultura. “Cuando empecé tenía 19 años y fue como un simple mesero. Y gracias a mi pasión por el vino, demostré mi interés. Llamé la intención del dueño del restaurante en Alemania y él me enseñó todo sobre el mundo del vino”, explica Marc sobre esta gran experiencia que le permitió participar en concursos, visitar viñedos y, lo más importante, ganar “un mentor, una persona que” lo guio y le enseñó sobre el maravilloso mundo vinícola.

Hoy en día, con una hermosa familia formada en la capital ecuatoriana, Marc es reconocido en la región como un experto en la industria vinícola nacional e internacional no solo por acompañar, asesorar e impulsar a diversas marcas de renombre, sino también por los cursos y talleres de degustación de vinos y sumillería que imparte regularmente a través de su marca personal: El Francés del Vino. Asimismo, desarrolla contenido digital para sus redes sociales en las que da recomendaciones a la hora de probar un buen vino.

“Disfruto de mi trabajo, porque es mi pasión. No hablo de una bebida alcohólica, me refiero al vino, a todo el mundo del vino; eso me apasiona. Cuando me levanto cada mañana, me levanto con felicidad y voy a trabajar feliz. Y eso es lo que me encanta”, resalta el francés, quien añade que su meta en el mundo vinícola del Ecuador “es poder ser un referente” y así invitar a todas las personas que quieran aprender del vino a compartir con él la misma pasión.

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De un tiempo para acá viene trabajando en un nuevo proyecto con su marca personal, el cual está enfocado en las mujeres y el vino. Este es un ciclo de catas o degustaciones de vinos en restaurantes dedicadas al público femenino. “Lo hice en Manta, Guayaquil y Quito, y fue un éxito. Es un momento en donde podemos conversar de muchas cosas en confianza y aprender más del vino y de muchos temas más”.

En cada una de sus sesiones, Marc se explaya explicando que la clave para disfrutar plenamente de un buen vino es prestar atención a todos los detalles: color, aroma, sabor y textura. Además, les da a sus alumnos consejos prácticos para mejorar la experiencia en la degustación de vinos, como el uso de copas adecuadas y la importancia de la temperatura de servicio.

“Si recordamos la película Ratatouille, al final de la misma vemos a este inspector que come este plato de ratatouille y se remonta a su infancia. Y justamente, al nosotros tomar un vino vamos a tener emociones, lo que vamos a encontrar en un buen vino es una armonía entre todos los elementos, como el alcohol, los taninos en el caso del vino tinto, el azúcar, la acidez. Así que es más que todo una armonía”, reseña el francés.

Este consultor también resalta que “si alguien quiere empezar una carrera en el mundo de la sumillería”, este debe de tener “la pasión, que es básica, el motor” que los va a empujar a levantarse “cada día para trabajar tantas horas y a querer aprender toda la vida”. Apunta que el mundo del vino también requiere de balance y sacrificio, porque se va “a sacrificar tiempo, momentos en familia, con amigos y a estar siempre aprendiendo cosas nuevas”. “A veces debo tener cuidado con mi vida profesional para proteger mi vida personal, así que es un balance que manejo muy bien con mi esposa y mis hijos, pero hay que ceder en ambos lados”, añade.

Marc es un verdadero visionario de la industria vinícola, cuya pasión y dedicación han conquistado no solo el paladar de sus seguidores, sino que también el corazón de un país entero. Su historia es un claro ejemplo de superación y perseverancia, y le recuerda a todos que seguir los sueños puede llevar a lugares inesperados y maravillosos que abrirán las puertas a una nueva vida llena de sorpresas y oportunidades.

Esta es una nueva historia de Inspirencers, una serie de entrevistas inspiradoras que son parte de un proyecto transmedia de Corporación Favorita (con sus marcas Supermaxi y Megamaxi) y Diario EL UNIVERSO. (I)