Ibarra

Los operativos contra la minería irregular continúan en la parroquia Buenos Aires, en el cantón Urcuquí, provincia de Imbabura. En el sitio varios ecuatorianos y ciudadanos extranjeros realizan la extracción de materiales auríferos burlando, en algunas ocasiones, los controles militares.

En las últimas horas en los recorridos de reconocimiento a las zonas mineras de Imbabura, un equipo de combate del Grupo Militar Yaguachi, en el sector de la Mina Vieja, en Buenos Aires, encontró un campamento rústico cerca de una bocamina.

Este lugar habría sido utilizado para descanso de ciudadanos dedicados a estas labores prohibidas, indicó Diego Hernández, comandante de la Brigada Andes, quien ratificó que las acciones en contra de este delito continuarán.

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En el operativo fueron decomisados dos motores nuevos de luz, tres extensiones, dos taladros de perforación, tres carretillas de mina, una maquina templadora de poleas para carretillas, dos paquetes de costales (100 cada uno), víveres perecibles y no perecibles, una cocineta, dos tanques de gas, cobijas, vestimenta y ollas.

Trascendió que no hubo detenidos tras esta nueva intervención en la que participó la Policía Nacional y la Unidad de Investigaciones de Delitos Mineros. En el campamento se encontró comida caliente, por lo que se presume que varias personas huyeron al notar la presencia de los uniformados.

Efectivos del Grupo de Caballería Mecanizada Yaguachi de Ibarra ejecutan operaciones y patrullajes constantes en este sector para frenar este tipo de explotación que, hasta hace dos años, generó violencia e inseguridad en este territorio imbabureño.

En julio del 2019, un megaoperativo en el que participaron militares y policías desalojó durante cuatro días a más de 3.800 personas que vivían en este lugar en cambuches elaborados con plásticos y madera, buscando oro en precarias condiciones.

Allí, grupos violentos y al margen de la ley intentaron tomarse este lugar bautizado como la Ciudad de Plástico, donde operaban prostíbulos, billares, discotecas, tiendas, hoteles, gabinetes de belleza e incluso existía una iglesia.

La exitosa operación en esa ocasión acompañada de un estado de excepción permitió retomar el control y restituir la seguridad y el orden. En el pueblo recuerdan que desde esa fecha fueron silenciadas plantas de energía, maquinaria y bombas de succión utilizadas para labores mineras.

Ahora en este antiguo asentamiento minero hay una aparente tranquilidad, según los habitantes. Ellos contaron que durante los dos años del auge de la minería ilegal, se evidenciaron ajusticiamientos e incluso la presencia de cadáveres enterrados.

Desde entonces han sido aprehendidos ciudadanos que continúan arribando a la zona para desarrollar estas actividades ilícitas, además de inmovilizar material aurífero, equipos y herramientas. (I)