El arzobispo italiano y exnuncio en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, muy crítico con el papa Francisco, ha sido imputado por el delito de “cisma” por el Dicasterio de Doctrina de la Fe, según reveló este jueves él mismo.

Viganò explicó en la red social X que la apertura de este juicio canónico en su contra le ha sido notificada con “un simple correo electrónico” y que se le acusa del delito de cisma por negar la legitimidad de Francisco y rechazar el Concilio Vaticano II.

“Supongo que la sentencia ya está preparada dado que se trata de un proceso extrajudicial. Considero las acusaciones en mi contra un honor. Creo que el propio tenor de las acusaciones confirman las tesis que vengo defendiendo”, sostuvo.

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Viganò calificó el Concilio Vaticano II (1962-1965), el acuerdo que revolucionó y modernizó la Iglesia, como “un cáncer ideológico, teológico, moral y litúrgico” y tildó la “Iglesia Bergogliana”, en alusión al apellido del papa, Bergoglio, de “metástasis”.

El arzobispo ha decidido hacer público este proceso en su contra el mismo día en que había sido convocado por el Dicasterio (ministerio vaticano) de la Doctrina de la Fe para notificarle en el Vaticano las acusaciones, tal y como consta en el documento de citación, fechado el pasado 11 de junio.

Delito de cisma

En el acto se le informa de su imputación por el delito de cisma, es decir, por “afirmaciones públicas de las que resulta una negación de los elementos necesarios para mantener la comunión con la Iglesia católica: la negación de la legitimidad del papa Francisco, la ruptura de la comunión con él y rechazo del Concilio Vaticano II”.

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Viganò, de 83 años, es un representante del sector más conservador de la Iglesia católica, nombrado arzobispo en 1992 por Juan Pablo II y luego, entre otros cargos, fue nuncio apostólico (embajador) en Nigeria hasta 1998 y en Estados Unidos entre el 2011 y el 2016.

En los últimos años no ha escondido su confrontación con el papa Francisco y en 2018 le acusó abiertamente de conocer los abusos sexuales del cardenal estadounidense Theodore McCarrick, a quien el pontífice más tarde expulsaría del sacerdocio por sus conductas, y llegó incluso a solicitar su renuncia.

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Viganò ha calificado a Francisco de “herético”, “tirano”, ha puesto en duda su elección en el cónclave que lo eligió en 2013 y le ha llegado a calificar de “siervo de Satanás” tras la publicación del documento ‘Fiducia Supplicans’ que permite la bendición de parejas homosexuales.

El secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolin, confirmó la acusación contra el monseñor al margen de una conferencia en la Universidad Urbaniana de Roma: “Ha asumido algunas actitudes sobre las que debe responder”, dijo ante los medios.

“Es normal que la Doctrina de la Fe haya actuado ante la situación y esté llevando a cabo investigaciones necesarias. Le ha dado la posibilidad de defenderse”, apuntó.

A nivel personal, Parolín dijo “lamentar mucho” este caso porque “siempre” apreció al arzobispo “como un gran trabajador muy fiel a la Santa Sede, siendo en cierto sentido un ejemplo”.

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“Cuando fue nuncio apostólico trabajó extremadamente bien. No sé qué ha ocurrido”, reconoció.

Por otro lado, el pasado noviembre Francisco dejó sin apartamento y redujo el sueldo al cardenal estadounidense Raymond Burke, también muy crítico con su magisterio y exponente del ala más ultraconservadora de la Curia Romana. (I)