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El deseo de los migrantes en busca del ‘sueño americano’ los hace enfrentar peligros como el cruce en el Tapón de Darién

Más de 187.000 migrantes que se dirigen a Estados Unidos han llegado este año a Panamá tras cruzar la peligrosa selva fronteriza con Colombia.

Un amigo ayuda al migrante venezolano Jesús Arias cuando llegan a la aldea de Canaan Membrillo, el primer control fronterizo de la provincia de Darién en Panamá, el 13 de octubre de 2022. Foto: -- LUIS ACOSTA

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Miles de venezolanos que hace semanas habían iniciado un dramático viaje hacia Estados Unidos a través del tapón de Darién, en Panamá, ven esfumarse el ‘sueño americano’ tras la negativa del país del norte a aceptar a migrantes sin patrocinio.

La selva del Darién se había convertido en un escape para los cientos de miles que se han marchado de Venezuela por la crisis.

Según autoridades panameñas, de 2.800 venezolanos que transitaron la selva el año pasado, los casos se dispararon a más de 114.000 en lo que va del 2022.

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“Ya no (quiero ir a EE.UU.). Ya no es secreto que está todo cerrado. Ya de mi parte quisiera devolverme”, comenta a EFE el venezolano Carlos Figueroa, de 28 años, desde un albergue panameño en una zona de la selva del Darién junto a miles de migrantes y tras enterarse que EE.UU. cerró sus fronteras terrestres a todos los nacionales de Venezuela que lleguen por tierra.

Los 10 peligros para los migrantes que deciden cruzar la selva del Darién en camino a Estados Unidos

“Eso son guerras psicológicas”, le interrumpe otro migrante en la estación de recepción migratoria de San Vicente -uno de los dos albergues humanitarios que mantiene Panamá- al que llegan los transeúntes tras cruzar el Tapón de Darién, la peligrosa selva que comparten Panamá y Colombia como frontera, por la ruta de Canaan Membrillo durante casi una semana.

Figueroa se despide del “sueño americano” porque en el albergue “para nadie es ya un secreto que la frontera está cerrada” y “todo el mundo ha visto las redes sociales”.

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“No hay peor ciego que el que no quiere ver. Entonces, invertir lo poco o mucho que uno tiene para quedarse en México botado”, se lamenta el joven venezolano.

El viaje clandestino por el Tapón de Darién suele durar cinco o seis días a merced de todo tipo de mal tiempo: serpientes, pantanos y narcotraficantes que utilizan estas rutas para llevar cocaína a Centroamérica. Foto: -- LUIS ACOSTA

El Gobierno de Estados Unidos lanzó la pasada semana un programa que da estatus legal por dos años a los venezolanos que llegan en avión y expulsará de manera inmediata a quienes crucen por tierra la frontera con México, como una medida para frenar la masiva oleada migratoria de esa nacionalidad en curso.

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Dentro de este programa no están incluidos los que ingresen irregularmente por Panamá, es decir por el Darién, México y los que han sido deportados en los últimos cinco años.

Más de 187.000 migrantes que se dirigen a Estados Unidos han llegado este año a Panamá tras cruzar la peligrosa selva fronteriza con Colombia, la mayoría venezolanos, informó este lunes el ministro panameño de Seguridad Pública, Juan Pino, quien piden “alternativas regionales” para gestionar este fenómeno.

Solo “en lo que va de mes de octubre han pasado 36.062, en su mayoría de Venezuela”, agregó Pino, en el marco de una gira este fin se semana por la jungla del Darién, el peligroso trayecto de 266 kilómetros que hacen estos viajeros para entrar a Centroamérica desde el sur.

“El cuello de botella” de miles de venezolanos

El puerto colombiano de Necoclí es un “cuello de botella”. Unos 9.000 migrantes, la mayoría venezolanos, esperan apiñados su turno para cruzar la peligrosa selva del Darién y seguir la ruta hacia Estados Unidos.

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“Allá en Venezuela la situación está demasiado difícil. Vengo con mi esposo, vengo con mis cinco hijos menores de edad, una de mis hijas está embarazada”, dice angustiada Tibisay Luna a la AFP, de cabello recogido en dos trenzas.

Montañas de valijas, fogones improvisados, rostros exhaustos. La población es un campamento a cielo abierto en el noroeste de Colombia.

Un migrante venezolano descansa en el suelo en la aldea de Canaan Membrillo, el primer control fronterizo de la provincia de Darién en Panamá. Foto: -- LUIS ACOSTA

Todos esperan atravesar el Tapón del Darién, un corredor selvático de 266 km entre Colombia y Panamá. Es el infierno, rumoran, por su geografía inexpugnable y la amenaza de grupos armados.

“Necoclí es un cuello de botella donde ya los migrantes no pueden seguir porque tienen que coger un tiquete (de barco) y muchos no tienen recursos”, explica Wilfrido Menco, defensor de derechos humanos en la zona.

“Después de arrojar a sus dos hijos, el hombre se lanzó al vacío”: el duro relato de los médicos que atienden a migrantes en la selva del Darién

Unos 150.000 migrantes han cruzado hacia Centroamérica en lo que va del año, una cifra que ya sobrepasó los 134.000 de todo 2021, según la Defensoría del Pueblo.

La entidad calcula que 9.000 están represados en Necoclí, la mayoría venezolanos que huyeron de la crisis en su país.

Miles de venezolanos esperan atravesar el Tapón del Darién, un corredor selvático de 266 km entre Colombia y Panamá. Foto: -- LUIS ACOSTA

“Mucho tiempo de trabajo acá en Colombia para uno poder juntar (dinero) para irse a buscar no un sueño, es un sacrificio que uno hace para poder ayudar a la familia en Venezuela”, sostiene Luis Santos, varado en este caluroso pueblo de unos 45.000 habitantes.

Ruta legal

El embajador encargado de Estados Unidos en Colombia, Francisco Palmieri, aconsejó este sábado a los venezolanos que buscan cruzar el Tapón del Darién, en la frontera con Panamá, que no arriesguen su vida para llegar a EE.UU., porque desde esta semana quienes intentan entrar de forma ilegal son deportados a México.

“Conversé con migrantes venezolanos en Necoclí y les dejé un mensaje importante: conozcan la nueva forma legal de entrar a los EE.UU. no arriesguen sus vidas y las de sus familias. Venezolanos que intenten ingresar de forma ilegal serán expulsados a México”, expresó el diplomático en Twitter.

Palmieri vistió este sábado Necoclí, en el departamento colombiano de Antioquia (noroeste), donde esta semana había unos 9.000 migrantes represados a la espera de conseguir un bote que los traslade hasta Acandí, en el Chocó, para arrancar su travesía por el Darién.

Paso por el ‘infierno’

La travesía clandestina por el Darién suele durar cinco o seis días a merced de todo tipo de inclemencias: serpientes, pantanos y narcotraficantes que usan estas rutas para llevar cocaína a Centroamérica.

“Hay muchas cosas que han dicho del Darién. Pero si la mayoría pasa, yo tengo que vivir la experiencia. Algunos salen vivos, no sé los demás”, comenta Kimberly Rivero.

Migrantes venezolanos esperan ser registrados en la aldea de Canaan Membrillo, el primer control fronterizo de la provincia de Darién en Panamá, el 12 de octubre de 2022. Foto: -- LUIS ACOSTA

Hasta el año pasado eran ciudadanos haitianos quienes integraban la mayor parte de los migrantes en esta zona.

“Estamos esperando que nos llamen para agarrar el mar y cruzar la selva (...) estamos rindiendo la comida, estirándola como un chicle”, dice el músico Ramón Delgado, que lleva consigo un güiro, un instrumento que suena cuando se raspa.

El representante de la ONU para refugiados y migrantes venezolanos, Eduardo Stein, pidió esta semana “apoyo urgente” de la comunidad internacional para enfrentar este éxodo.

De los más de 6 millones de venezolanos que han migrado desde 2015, 2,4 millones están en Colombia, según cifras oficiales.

“Se trata del movimiento forzado de personas más grande de la historia del subcontinente, de un país que no está en guerra y de un país de los mejor dotados económicamente de todo el subcontinente”, precisó Stein desde Panamá. (I)

Redacción
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