Uno tiende la mano a los migrantes y a los colectivos LGTB+ y el otro los rechaza en nombre de la identidad cristiana de Europa. El encuentro que tendrá lugar este domingo entre el papa Francisco y el dirigente húngaro Viktor Orbán es un choque entre dos visiones de la cristiandad.

El primer ministro húngaro empuña precisamente su religiosidad para justificar su política de exclusión, mientras el pontífice defiende la acogida como un deber cristiano.

Los expertos han destacado que el papa estará solo siete horas en Hungría, donde se dirigirá a decenas de miles de fieles del mundo entero en ocasión del 52º Congreso Eucarístico Internacional, iniciado el lunes.

Después reservó tres días para visitar la vecina Eslovaquia, donde el catolicismo juega un rol más importante en la sociedad.

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“Conversión tardía, pero sincera”

Una de las paradojas de los diez años de mandato de Orbán es que, a pesar de su voluntad de impulsar una identidad cristiana dañada por el comunismo, los húngaros aseguran mayoritariamente no tener religión.

Poco después de su retorno al poder en 2010, el primer ministro modificó la Constitución para incluir referencias a Dios, al cristianismo y a los valores familiares tradicionales. Una de sus medidas más emblemáticas fue el uso de dinero público para renovar iglesias y abrir escuelas confesionales.

“Una conversión tardía pero sincera” del mandatario, según Gyorgy Schopflin, exdiputado europeo de Fidesz, el partido conservador nacionalista de Orbán. “A finales de 1980 y a principios de 1990, estaba menos apegado al catolicismo o a sus propios orígenes calvinistas”, explicó a la AFP.

“Cretino” o “imbécil”, entre algunos insultos que recibió el papa Francisco

Su tardío apego a Dios no implica lealtad a la Santa Sede, con la que mantiene tensas relaciones.

El compromiso del papa Francisco con los refugiados le valió calificativos de “cretino” o “imbécil” en los medios cercanos al gobierno.

Un diputado de Fidesz lo apodó el “papa Soros”, en referencia al filántropo estadounidense de origen húngaro George Soros, quien tiene mala fama en movimientos de derecha.

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“Son falsos creyentes que utilizan la religión como propaganda y cuyos actos son de todo, menos cristianos”, comentó Katalin Lukacsi, antigua integrante del partido cristiano-demócrata, socio de coalición del Fidesz.

En 2017, dejó la formación debido, principalmente, a un “discurso degradante contra el papa”.

Cristianismo “instrumentalizado”

Según Balazs Gulyas, también católico practicante y periodista de la revista Magyar Hang, Viktor Orbán “instrumentaliza el cristianismo con fines políticos”.

“La manera en que trata a los refugiados es inhumana y me da vergüenza escuchar a aquellos que están en el poder decir que aplican una política cristiana”, dijo a la AFP.

También en supuesta defensa de estos valores, el primer ministro hizo aprobar una ley prohibiendo “la representación y la promoción” de la homosexualidad a menores de 18 años.

En ello también se distingue del papa Francisco que, aunque obviamente fiel a la concepción cristiana del matrimonio entre hombre y mujer, se ha mostrado abierto a las personas homosexuales señalando que “Dios ama a cada uno de sus hijos”.

Los fieles esperan que estos distintos puntos de vista no arruinen el domingo una semana de comunión durante el primer congreso acogido por Hungría desde 1938. (I)