Los resultados electorales en Wisconsin y Florida dejaron un regusto agridulce para el presidente estadounidense, Donald Trump, que no ha contado con el nivel de respaldo que esperaba, y en especial para su aliado, el magnate tecnológico Elon Musk, que ha visto malograda su inversión récord en la campaña de un juez conservador para el Supremo estatal.

Para una mayoría de analistas políticos, los comicios eran vistos como una suerte de referendo a cuenta de los dos primeros meses del Gobierno Trump.

La dos asientos de la Cámara de Representantes logrados por los republicanos eran algo previsible en un estado que actualmente se considera trumpista y ayudan a mantener la ligera mayoría que ostentan en la Cámara Baja del Congreso y a impulsar así la agenda del presidente.

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Sin embargo, los márgenes en los triunfos de los candidatos respaldados por Trump, Randy Fine y Jimmy Patronis, fueron menores de lo esperado.

Esto, además de apuntar a un entusiasmo más tibio para con los logros por el magnante neoyorquino durante sus primeros dos meses de regreso en la Casa Blanca, no contribuye a tranquilizar a la heterogénea bancada republicana en la Cámara de Representantes y supone una admonición para candidatos conservadores que vayan a concurrir próximamente en distritos disputados.

A su vez, la derrota del juez conservador Brad Schimel, al que Trump dio su respaldo explícito, frente a la magistrada Susan Crawford para lograr un asiento clave en el Tribunal Supremo de Wisconsin supone una dolorosa derrota para el presidente y sus huestes, ya que el resultado mantiene la mayoría liberal en una corte que tiene en agenda decidir sobre temas como el aborto o los derechos trans.

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El éxito de la liberal Crawford es especialmente doloroso para Elon Musk, involucrado personal y económicamente en la campaña de Schimel, para la cual aportó una inversión conjunta de unos 20 millones de dólares junto a otros empresarios del sector tecnológico.

En un momento en el que muchos habían acusado a Musk, que incluso donó cheques a quienes mostraban su apoyo por el juez conservador, de querer comprar estas elecciones, la victoria de Crawford pone coto -al menos momentáneamente- a la influencia que el hombre más rico del mundo y patrón de la red social X tiene sobre la política estadounidense.

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El premio para la magistrada del condado de Dane vino a su vez acompañado de un sabor amargo para el espectro demócrata o para cualquiera que no apoye las políticas de corte autoritario que está exhibiendo Trump desde su retorno a la Presidencia.

Pese al fracaso de Schimel, el magnate neoyorquino sí sumó un triunfo en Wisconsin, donde también se celebró el martes un referendo impulsado por los republicanos para reforzar la obligatoriedad de que los votantes en el estado presenten una identificación para depositar sus papeletas.

La apabullante victoria del ‘sí’ cimienta la iniciativa de Trump, que recientemente firmó una orden ejecutiva en la misma línea, para prevenir el fraude generalizado que, según él, mina el sistema electoral estadounidense y que, según defienden sus opositores, en realidad busca privar del voto a la población con bajos ingresos o discapacidad.

La alegría del presidente estadounidense tras conocerse el conteo quedó patente en una publicación en su red social Truth Social.

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“LA IDENTIFICACIÓN DE VOTANTES ACABA DE SER APROBADA EN LAS ELECCIONES DE WISCONSIN. Los demócratas lucharon con ahínco contra esto, presumiblemente para hacer trampa. Esta es una GRAN VICTORIA PARA LOS REPUBLICANOS, QUIZÁS LA MAYOR VICTORIA DE LA NOCHE”, escribió.

El resultado del referendo certifica al mismo tiempo que, pese a rechazar en las urnas al magistrado conservador que respaldaron sin rodeos Trump y Musk, Wisconsin sigue siendo a día de hoy un “estado púrpura” o “estado bisagra”. (I)