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Diego Oquendo, en su retiro de los micrófonos: ‘Jamás fui morenista y no le debo absolutamente nada a nadie’

Luego de cerca de 50 años de trayectoria, el periodista se retira. En sus memorias, dice, hará muchas revelaciones.

QUITO. El periodista Diego Oquendo habla sobre su retiro en su oficina, luego de su último programa de entrevistas en radio Visión. Foto: Carlos Granja Medranda

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Diego Oquendo, en su despedida de la radio, cuenta que hace tiempo se encontró en la calle con una abuelita. Ella le dijo que lo conoce, que lo había visto en la televisión y que lo ha seguido desde la infancia. Él se sorprendió, pero se quedó pensando. La anécdota lo persigue. La cuenta con gracia un día y la vuelve a contar, con el mismo humor, al siguiente. Esta mujer que se decía su fan bordeaba los 90 años. “¡Y encima dijo que me había visto desde que era una niña, jaja…!”. , se ríe el periodista, mientras cuenta este episodio en su último programa como presidente y periodista estrella de radio Visión.

La última edición de Buenos días, un espacio de opinión y entrevistas, tiene lugar el 29 de julio de 2022, con Diego Oquendo despidiéndose luego de 50 años de ejercicio periodístico. En la cabina está él y su colega Catalina Villacís. En la consola, Edison Carrillo, que también cuenta que estuvo en el último día de radio Tarqui… Los saludos y las palabras de afecto llegan por teléfono, chats y correo electrónico, mientras Remi, un perrito french poodle -el compañero de tantas madrugadas- se pasea por el estudio.

No solo se va del aire Diego Oquendo, sino también radio Visión. El anuncio de esta despedida fue una sorpresa, incluso dentro de la misma emisora.

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¿Su retiro fue una decisión propia o tuvo otros motivos?

Yo siempre he creído que toda persona en el mundo cumple su ciclo. Llevo en la prensa escrita, radio televisión como 50 años, aunque, en realidad, no miento cuando digo que me siento mentalmente lúcido y físicamente bien, en términos generales. Pero algo que he evitado hasta hoy es que algún momento la ciudadanía diga “Don Diego, ¿cuándo se va?”. Porque el Diego Oquendo de este momento, evidentemente, no es el mismo de hace tres o cinco años.

¿Por qué no es el mismo?

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Por ejemplo, quizás no debería decirlo, pero lo admito, yo experimento un cierto problema con mi voz, que ha sido mi herramienta de trabajo durante 50 años. De tal modo que antes de cada programa, tengo que hacer una terapia de voz. Entonces, he considerado, con la mejor intención del mundo, que es el momento de que me retire. Por cierto, ha sido una decisión muy dura, tremendamente dura.

Su trayectoria periodística ha sido reconocida. ¿Cuáles fueron sus momentos más importantes?

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Han sido muchos. He tenido que poner a prueba mi vocación periodística; sobre todo, durante los malos gobiernos. Lamentablemente, este país ha tenido gobiernos abusivos y que no respetaron a la prensa. Fueron momentos cruciales, porque tuve que enfrentarme a las dictaduras militares, a gobiernos autoritarios como el de León Febres Cordero y, ni qué decir, de la prepotencia del correísmo. Tal vez mi actitud periodística alcanzó mayor volumen en la medida de los riesgos en que me movía.

¿Cuál de esos gobiernos fue el más poderoso?

O más duros. Pueden ser las dictaduras militares, en las que sufrí, porque me desterraron, me encarcelaron, me pegaron. Pero yo vi al correísmo como un gobierno nefasto, en todo sentido, pues pese a haber sido democráticamente elegido en las urnas, este señor (Rafael Correa) quiso hacer de las suyas.

¿Ningún gobierno fue tan poderoso como el de Rafael Correa?

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Así es. Mi tiempo fue de dictaduras militares, conocidas como “dictablandas”, porque si bien se cometían abusos, decir que se perseguía a la gente sistemáticamente… Yo viví varias dictaduras militares y en todas padecí lo mío. Me sacaron del país a Bolivia, a Uruguay…

¿Y quién le pegó?

Fue en el quinto velasquismo. El 1 de abril de 1970. Yo era muy duro con el gobierno del doctor Velasco Ibarra. Era reportero y cronista de El Tiempo. Yo era un periodista que me iniciaba y él era un coloso, a quien, de todas maneras, admiraba y respetaba. Pero ese 1 de abril, yo salía de cumplir mis tareas como cronista parlamentario y al cruzar el parque El Ejido, para salir a la avenida Diez de Agosto, fui asaltado por dos paracaidistas. Bueno, me dieron una tremenda paliza. Caí inconsciente en el pavimento. Fue un ataque tan brutal que estuve en la clínica 69 días; estuve semiciego unos seis días y durante once orinaba sangre. ¿Quién me mandó a pegar? El ministro de Defensa de esa época. Aunque no puedo decir que él, porque hizo una declaración pública protestando por el atropello a Diego Oquendo.

A pesar de que en aquella ocasión casi lo matan, ¿cree que fue peor el correísmo?

Por la persistencia. Era un acoso a día seguido. Por ejemplo, un medio de comunicación, como la radio, vive de la publicidad y nos vetaron totalmente la publicidad oficial. Y si alguien quería anunciar con Diego Oquendo, le llamaban (desde el gobierno) a advertir. Fue terrible. Se creó una iliquidez irreparable. Aparte de eso, el acoso era que me interrumpían el programa dos y tres veces a la semana y cada sábado (en las sabatinas de Correa) era crucificado, incluso con fotografías. Cada sábado era encarnecido, infamado y calumniado. Las dictaduras militares sí tuvieron su dureza, pero no lo hacían a día seguido.

Dictaduras modernas

Sí. Durante el velasquismo no puedo decir que todos los días me persiguieron. Pero la saña del gobierno de Correa contra Diego Oquendo fue terrible.

Tanto que en algún momento se enfrentó en persona a Correa en una cafetería

Claro. Yo voy a una cafetería donde la gente me conoce, tiene sus deferencias conmigo: tres líneas de café… Un día sábado, llegó a ese lugar Correa con su séquito de guardaespaldas y su familia, y tomó lugar en una mesa. Al pasar, me vio e hizo un intento de acercarse, pero se fue. Yo me levanté, me acerqué y le dije “señor presidente, qué bueno que venga con su familia”. Él me dijo que reconocía mi gesto, pero que “tenga cuidado”. Yo le contesté “¿cuidado de qué?”. Y le dijo a su esposa que yo le atacaba todos los días. Le indiqué que no es así, que yo le critico cuando creo que su gobierno debe ser objeto de crítica. Fue un enfrentamiento. Le dije “usted es quien debe tener cuidado, porque está aquí rodeado de la fuerza, de guardaespaldas, y no puede atar mi conciencia ni maniatar mi palabra”.

Pero cuando empezaba el gobierno de Correa usted tenía esperanza en él

¡Desde luego! En la primera vuelta (2006) yo voté por León Roldós y en la segunda, por Rafael Correa. ¿Cómo podía suponer que este hombre joven, con ideas renovadoras, con buena presencia podría terminar como terminó? Yo di mi voto por él, voto del que me arrepiento toda la vida. El Correa del comienzo no fue el Correa del final.

¿Y tampoco el Correa de hoy?

Claro. Es un hombre lleno de amarguras, de problemas internos no resueltos, de venganza, de amargura, de obsesión por el poder.

QUITO.- Diego Oquendo, en el último programa de Buenos días, de radio Visión. Foto: Xavier Reyes

Diego Oquendo, quien el pasado 1 de mayo cumplió 85 años, tiene tres hijas: Michelle, Sara y Daniela: y tres hijos: Diego, Sebastián y Christian. Lo ha dicho dentro y fuera de los micrófonos: son su vida. Ha trabajado durante años en radio Visión junto a Michelle y a Diego. Sin embargo, cuenta, ninguno le tomó la posta por una decisión familiar. Dice que en su vida profesional nunca recibió prebendas y niega haber tenido atenciones especiales, como señalan sus detractores; por ejemplo, con una preferencia en la etapa inicial de la vacunación contra el Covid. Los detalles de la venta de la radio los prefiere mantener en reserva, aunque cada que puede agradece el respaldo de su familia. Desde el 1 de agosto, la frecuencia será utilizada de Mach Deportes, con una programación totalmente dedicada a la actividad deportiva.

Usted ha sido periodista y dueño de un medio. ¿Cómo logró llevar esas dos facetas?

Tal vez allí descubro una falla mía. Lo admito, públicamente. Radio Visión jamás fue un negocio, fue un ideal. Y eso fue un error, porque un medio de comunicación colectiva tiene que manejarse como una empresa. Venturosamente, seguimos en forma decente, absolutamente en paz.

¿No hubo contradicción entre el empresario y el periodista?

No, porque yo nunca me manejé como empresario, sino como periodista. Pero esa, precisamente, fue mi debilidad.

¿Por qué no continuaron sus hijos con la radio?

Porque cuando hablé con mis hijos, ellos, lealmente, dijeron “si usted se va, nos vamos juntos”. Ahora, tanto Michelle como Diego van a seguir haciendo lo suyo, sus programas (Michelle en YouTube y Diego en Blue Radio).

A pesar de su firme posición ante distintos gobiernos, luego del correísmo hubo muchas críticas por una cierta cercanía con Lenín Moreno

Con Lenín Moreno tuvimos una amistad de muchos años; hasta nos hemos tuteado. Evidentemente, no fue un gobierno perfecto, de ninguna manera; pero sí tuvo una profunda raigambre democrática. Moreno no persiguió a nadie, no cerró ningún medio de comunicación colectiva… Ahora, si hay acusaciones en su contra, él deberá responder frente a la ley, siguiendo el debido proceso. Yo jamás fui morenista; no le debo absolutamente nada al señor Moreno, como no le debo al señor (Guillermo) Lasso, de quien debo admitir que tiene una convicción democrática.

¿No le debe nada a nadie?

No. No le debo nada a nadie.

En esas críticas, se señala el nombramiento de su hijo Christian en el servicio exterior

Jamás intervine ante el gobierno ni la Cancillería a favor de mi hijo Christian. Él es antropólogo, sociólogo, doctor en comunicación, domina el inglés, habla francés, sabe italiano; es brillante… En la época (de Moreno) había unas vacantes, presentó su hoja de vida y se dieron cuenta de que era un personaje de primera. Le aceptaron y le mandaron como segundo secretario a la embajada (de Ecuador) en Canadá. Cuando le aceptaron, él me consultó: “Papá, ¿qué hago?”. Le dije que es su vida. ¿Cómo puedo yo, porque es hijo de Diego Oquendo, violentar su trayectoria profesional? De ninguna manera. Jamás intervine en nada.

Esas críticas también son el costo de ser periodista

Claro, claro. Pero él es él, es una persona autónoma. Y, créame, yo me siento en paz; no le debo nada a nadie.

Usted ha dicho que está escribiendo sus memorias, que son cerca de 60 capítulos. ¿Cuál ha sido el capítulo más difícil de escribir?

Son revelaciones. Cuento cosas de León Febres Cordero que nadie imaginaría…

Ahora que se retira, ¿cómo ve a las nuevas generaciones de periodistas?

Recuerdo con mucho aprecio a periodistas de la categoría de Jorge Ortiz, de Carlos Vera, del pájaro Febres Cordero… Pero, claro, los tiempos han cambiado. Ahora, desde la perspectiva digital, son mucho más técnicos. Pero creo que existen periodistas muy reconocidos, especialmente en el área de la investigación.

¿No cree que estos nuevos formatos le restan calidad al periodismo?

Sí, sí, sí. Tal vez se cae más en la superficialidad. Por cierto, poniendo punto aparte a los periodistas investigadores. Como en todo, hay buenos periodistas y otros menos buenos.

¿Cómo va a compensar en su vida personal su salida de la radio?

Difícil, ¿no?. A pesar de esta autojubilación, yo soy un hombre hiperactivo… Voy a extrañar esto. Pero tengo frente a mí una vocación latente: soy un escritor. Voy a continuar con mis memorias y, eventualmente, me llamarán para hacer consultas de algún canal de televisión, de alguna radio o de algún periódico.

Es decir, deja los micrófonos, pero el periodismo seguirá por otras vías

Desde luego, nunca dejaré de ser periodista. (I)

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