En su estudio sobre el cuento como género literario, Julio Cortázar trae a colación la opinión de un amigo suyo aficionado al boxeo para quien “la novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out. Esto para indicarnos que, mientras en la novela el autor dispone de más tiempo para acumular los efectos sobre el lector, en el cuento, para ser bueno, esos efectos deben ser incisivos, mordaces, sin cuartel desde el primer párrafo. La novela puede disponer de varios argumentos, protagonistas y tramas. No así el cuento. En las primeras páginas de un cuento, y quizás en la primera página, debe estar todo o casi todo. Difícilmente puede uno toparse con elementos o situaciones simplemente decorativas o superfluas en los párrafos iniciales de un buen cuento. Ese es un lujo vedado para el cuentista. El tiempo no es su aliado. Por ello es que a diferencia de la novela, en el cuento no cabe más de un clímax. Claro que, como advierte el propio Cortázar, un buen cuentista puede ser un boxeador muy astuto y no debe extrañarnos que si bien algunos de sus golpes iniciales pueden parecernos frívolos o innecesarios, luego pueden resultar ser parte de una sorpresa.