Más allá de todas las lecturas que se están dando en relación con la victoria electoral de Donald Trump y el Partido Republicano en las elecciones de EE. UU., virtualmente todos los analistas coinciden en señalar que una de las razones principales que explican la debacle del Partido Demócrata es su asociación tan cercana con el movimiento woke. Jane Karlville, uno de los estrategas políticos y comentaristas más reconocidos en EE. UU., señaló que no existe duda de que la derrota electoral de Kamala Harris se debe, en gran medida, a las dificultades de su partido de distanciarse de las políticas de la era woke, lo que trajo consigo el rechazo de la mayoría del electorado. Curiosamente, este asunto del movimiento woke y su activismo no ha trascendido de forma importante en la discusión política de nuestra región, por lo que para muchas personas su significado y alcance terminan siendo una incógnita.
El término woke podría entenderse como estar atento o despierto respecto de determinados temas sensibles, y viene siendo utilizado desde hace algún tiempo como parte de una ideología sensible y comprometida en la lucha contra las injusticias sociales. El woke incorporaba inicialmente reivindicaciones muy ligadas a minorías, habiéndose convertido en una especie de narrativa a la cual se agarró gran parte de la izquierda estadounidense. Si bien su término fue empleado hace ya algunas décadas, su vigencia y popularidad alcanzó niveles muy altos, especialmente en los últimos años, con mayor fuerza inclusive a raíz de las movilizaciones de Black Lives Matter en el año 2014, cuando fue una de las principales consignas en las protestas contra los abusos policiales a personas de color en los Estados Unidos.
A partir de ese año, la causa woke se extendió para defender supuestamente otras minorías étnicas, los derechos de las mujeres, los de la LGBTI y cualquier otra causa relacionada con la idea de igualdad y diversidad. En algún momento, Elon Musk publicó en alguna ocasión un tuit en el cual señalaba que “el virus mental woke está haciendo que Netflix sea insoportable de ver”. Curiosamente, en los últimos tiempos se ha dado en EE. UU. una reacción antiwoke, por llamarla así, a tal punto que un diario importante como The New York Times publicaba recientemente que el pensamiento woke se ha disipado de forma notoria, al punto que terminó siendo un lastre para el partido político que acogía la mayoría de sus fundamentos.
Publicidad
Hay que reconocer que la ideología woke llegó a extremos de imposición de ideas y elementos, incluso provocando el fenómeno de la “cultura de la cancelación”, que es básicamente un fenómeno que se da principalmente en las redes sociales y que busca el reproche a las personas que han asumido ciertas actitudes y comportamientos mal vistos por quienes se sienten identificados con el pensamiento woke. Se cita el caso extremo, por ejemplo, incluso de ciertos autores que tuvieron que reescribir pasajes de sus obras con el fin de integrar elementos de inclusión y diversidad, lo cual es una señal de deshonestidad intelectual. Como ideología, el woke ha tenido una vida corta pero con evidente repercusión política. (O)