La canción, ese hilo cósmico de inspiración al que pocas personas acceden, es la clave de la industria musical.
Hay canciones que alegran el espíritu, que nos acercan a lo divino y por eso el trabajo de los autores y compositores debe ser valorado. Hace poco escuché decir de un conocido cantante de música popular que él paga por canción “máximo cincuenta dólares”, una ridiculez, considerando que ese cantante cobra por un concierto armado con canciones suyas y de otros autores y compositores varios miles, sin contar que muchos artistas ‘licencian’ las canciones a perpetuidad. El Ministerio de Cultura debe seguir facilitando procesos para fomentar la producción de nueva música nacional, ayudando a evitar exponerlos a estas vergonzosas propuestas. Otro tema que debe ser revisado es el valor del voto en las sociedades de autores y compositores. No cabe que el voto de un compositor que ‘suena’ valga 25 (veinticinco) votos contra uno de quien no ‘suena’. Esa injusticia debe rectificarse. (O)
Diego Fabián Valdivieso Anda, economista, Quito