Han pasado 11 años y no se ha terminado de esclarecer los hechos del 30 de septiembre de 2010; lo que está claro es que Correa, con su irresponsable vehemencia, fue el detonante de toda esa tragedia. Nada de “golpe blando” que ese trío de testaferros de Correa concluyeron en su informe; nada de secuestro, él se metió en el hospital y esperaba a que le “rescaten” las huestes del inefable Patiño; peor, que lo iban a matar, él fue a meterse en la “boca del lobo”.

En octubre 4 de 2010, la Liga de Trabajadores de Brasil (IV Internacional), en relación a la revuelta policial en Ecuador, publicó: “No existía ninguna dirección –ni siquiera de los policías revoltosos– que reclamase la destitución del presidente. Los policías reclamaban la revocación de la ley de servicio público, pero no destitución del presidente por la fuerza. Por otro lado, todos los representantes del Estado burgués y de la burguesía se pronunciaron contra el presunto golpe y por la defensa de la ‘democracia’. Tanto las instituciones políticas como militares del Estado burgués mostraron su apoyo a Correa. La mayor expresión de eso es que el estado de excepción es una medida que da poderes excepcionales al presidente para legislar por decreto y más fuerza al ejército para intervenir. Sin embargo, el estado de excepción fue impuesto por el Gobierno, apoyado en los militares que estaban con el Gobierno desde el comienzo. Además, durante todas las operaciones (inclusive desde dentro del hospital), Correa mantuvo el mando del gobierno y del país, comunicándose libremente con el exterior”.

En la Senain, ajenos a los acontecimientos de ese día, estaban en un seminario internacional; dos de los invitados informaron de los hechos.

Andrés Gómez de la Torre Rotta, director de la Escuela de Inteligencia del Perú, escribió: “Estoy en Quito, en un seminario de Inteligencia en Flacso-Ecuador. No se ve como un golpe de Estado clásico, más bien como una huelga policial muy similar a la peruana de 1975. Desde luego habrá desmanes y desorden público, falla la gestión y manejo de crisis del Gobierno. Prueba de fuego para la Senain que se estrena con su primer fiasco”.

El mexicano Raúl Benítez Manaut, investigador de la UNAM: “Estuve en Quito, coincido con muchos colegas ecuatorianos con los que conversé. No hubo golpe, pero el manejo mediático así lo quiso hacer pasar. Un golpe de Estado es cuando explícitamente hay una conspiración para sacar a alguien. (…) A Correa nadie lo fue a sacar de ningún lado. Él fue a buscar a los policías a su cuartel, los calentó con su discurso, se enojaron más, se perdió el control de la situación, le hicieron agresiones, fue al Hospital de la Policía por propia voluntad, y nunca perdió el control del Estado. Él fue, no lo buscaron. Es la gran diferencia. Otro debate es si la fuerza pública tiene derecho a la protesta radical o no. Pero eso no se discute en este caso. Debemos ser académicamente serios y no dejarnos llevar por la marejada de la prensa y manipulaciones y declaraciones conspiracionistas que no se sustentan”.

Los muertos, los presos falsamente acusados, los militares que cumplieron su deber claman por justicia. (O)