La conmemoración del Día Mundial de la Alimentación, el 16 de octubre, tiene como objetivo desde 1979 concienciar y fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza, que en la actualidad está en concordancia con la Agenda 2030 y su meta de hambre cero.

Este año, con el lema “Nuestras acciones son nuestro futuro”, se pide un esfuerzo a la humanidad para ser más sostenibles, desde las acciones diarias, para reducir el desperdicio de alimentos y llevar una nutrición sana y equilibrada mientras se protege el medioambiente.

Se promueve también la noción de que una alimentación saludable debe cubrir los requerimientos del organismo según la edad de la persona.

Aunque ambas premisas son aparentemente obvias, las sociedades batallan cada vez más con contradicciones relativas a la alimentación, que generan alarmas por grandes grupos humanos afectados por el hambre mientras otros padecen desórdenes alimenticios.

Desde el 2012, cada 30 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria, que provocan daños en la salud física y el funcionamiento psicosocial.

Ya sea por causa del hambre o por las consecuencias que acarrean los desórdenes alimenticios, una nutrición no adecuada conlleva problemas de salud en el desarrollo, por escasez de nutrientes o por excesos en la ingesta de alimentos, lo que desencadena costos sociales y demanda de recursos para cobertura médica.

Incentivar el consumo de productos agrícolas ricos en vitaminas y minerales, así como la preparación de alimentos en casa, para lograr una nutrición balanceada desde los primeros años, debe tener como grupo objetivo a quienes crían y forman a niños y adolescentes. Por ello, la concienciación de la población en torno a una correcta alimentación debe estar incluida en los programas de Gobiernos en coordinación con los sectores de salud, educación, bienestar social, comunicación y la producción de alimentos. (O)