El costo de la malnutrición se paga a plazos y con lamentaciones. Un niño que no recibe alimentación adecuada, desde la etapa de gestación y en sus primeros años de vida, verá atrofiado su desarrollo físico, su aprendizaje y tendrá problemas de salud. Esa es una realidad que el país arrastra por décadas e incide en su subdesarrollo.

Como bien lo ha señalado el presidente Guillermo Lasso, en la presentación de una estrategia inicial de donación de leche para infantes de cantones pobres –del programa Ecuador sin hambre, que busca combatir la desnutrición crónica infantil–, la buena alimentación de los niños “debe ser una prioridad familiar y estatal”.

En el entorno familiar se debe procurar, desde la etapa de gestación, que la madre asista a los controles médicos periódicos y alimentarse de manera apropiada; luego del alumbramiento, el infante debe ser amamantado con el pecho materno al menos durante sus primeros seis meses de vida; y, en adelante, darle al niño una alimentación balanceada y saludable, evitando la malnutrición y el sobrepeso, para que alcance su pleno desarrollo físico, intelectual y de integración social.

La competencia estatal, señalada en la Constitución en el Derecho a la alimentación, cita que la población tenga acceso seguro y permanente a alimentos sanos, suficientes y nutritivos. Ciertamente, esto se le dificulta de manera considerable a la población en condición de pobreza; en otros casos, se requiere que haya campañas formativas que enfaticen el consumo de productos nutritivos por delante de otros que no lo son y en los que se destina dinero que pudiera ser mejor empleado.

El mandatario refirió que debemos actuar ahora “porque la desnutrición es prevenible”. La crítica en redes sociales surgió señalando que no solo se necesita leche para nutrir a los niños. Sin embargo, la donación de leche merece relieve por sumar la colaboración del sector privado en respuesta a una necesidad social. Es deseable que la gestión gubernamental logre gestionar otros apoyos del sector privado en aspectos susceptibles de mejoría. (O)