La desaparición del Instituto Nacional de Higiene y Medicina Tropical Leopoldo Izquieta Pérez –creado en octubre de 1941– fue decretada en agosto del 2012. Con ello se restringió el accionar de los profesionales ecuatorianos en el área de la biotecnología moderna, pues era un centro de referencia en salud pública. En más de 70 años de funcionamiento, ahí se impulsó la producción de biológicos e inmunizantes. Actualmente Ecuador los importa y padece escasez reiterada de vacunas para los niños en sus primeros años.

Gremios médicos y la sociedad civil no han cesado desde entonces en rechazar el cierre del Izquieta Pérez. En días pasados la ministra de Salud, Ximena Garzón, señaló que el Gobierno apunta a repotenciarlo, con miras a que esta entidad se encargue, en un futuro, de producir las vacunas contra el coronavirus.

Ahora, médicos y gremios de la salud solicitan al gobierno del presidente Guillermo Lasso que se derogue el decreto 1290, firmado por el entonces presidente Rafael Correa, que lo eliminó para crear dos nuevas entidades: el Instituto Nacional de Investigación en Salud Pública (Inspi) y la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (Arcsa).

La solicitud abarca repotenciarlo, pues con el paso del tiempo era necesario atender actualizaciones en la planta de producción de biológicos.

La capacidad científico-técnica adquirida por el Instituto Nacional de Higiene, así como el prestigio del país en este importante campo de investigación, desarrollo y producción de biológicos debe restituirse. Para ello hace falta la inversión y dirección adecuadas.

La ministra ha señalado que se elabora un diagnóstico de la entidad y posteriormente se diseñará un plan para repotenciarla, y que al cabo de un par de meses se conocerá el resultado de esa evaluación. Los ecuatorianos agradecerán que esta señera institución guayaquileña, que fue un baluarte en diagnósticos e investigaciones, pueda ser recuperada, repotenciada y puesta nuevamente al servicio del país. (O)