Hasta los consabidos apoyadores de todo lo que hace la Federación Ecuatoriana de Fútbol mostraron su contrariedad por la deprimente actuación de la Selección en el amistoso jugado en Chicago contra Argentina (vencedor 1-0, el domingo 9 de junio), aunque volvieron al redil con la victoria 3-1 sobre Bolivia, el país más débil de la Conmebol, que jugó al pelotazo con un solo atacante.

Lo ocurrido frente a la Albiceleste fue una tragicomedia que pudo derivar en un colapso de quienes admiramos el buen fútbol. Nos salvamos un grupo de amigos, gracias al exquisito asado, rociado con vino tinto, brindado por dos excelentes anfitriones: Roberto Tolozano Benítez y su esposa. Cuando vimos la alineación nos sorprendimos todos: Ecuador iba a jugar sin delanteros. Nos preguntamos entonces ¿qué pretendió el técnico español Félix Sánchez Bas?, ¿que quien subiera a cabecear al área argentina sea el arquero Hernán Galíndez? No hay duda de que el peor entrenador de Qatar 2022 quiso pasar a la historia como un innovador de la estrategia futbolera, pero solo llegó a las puertas del ridículo.

Luego, en rueda de prensa, esa especie de confesión ante curas complacientes vestidos de periodistas, dijo que había querido implantar en la Tri la táctica del falso número 9.

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Lo más cercano a esta modalidad nos lleva a Josep Guardiola en aquel inolvidable FC Barcelona de Carles Puyol, Lionel Messi, Sergio Busquets, Xavi Hernández y Andrés Iniesta, pero algunos analistas aseguran que no fue Pep quien inventó esa maniobra.

Martí Perarnau, columnista del diario deportivo catalán Sport, afirma que Nándor Hidegkuti, de la famosa escuadra de Hungría de los años 50, fue el primer falso 9 del balompié mundial. La fecha que se certifica como originaria para dicho invento es el 25 de noviembre de 1953; pronto se cumplirán 71 años del hecho celebrado en el estadio de Wembley, en Londres. Hidegkuti no solo anotó un triplete histórico en aquel escalofriante triunfo húngaro 6-3 sobre Inglaterra.

Hidegkuti hizo algo más importante: al destrozar el marcaje de los dos centrales (Harry Johnston y Billy Wright) con base en retrasar su posición y dejarla “flotando”, generó un rol nuevo en los esquemas tácticos del fútbol. Al terminar el partido, Johnston reconoció en público que, simplemente, no había sabido cómo marcar al delantero de 31 años: no sabía si sujetarlo de cerca y alejarse del área, o dejarlo ir. De Wright, un reportero inglés, escribió: “Fue un bombero acudiendo al fuego equivocado”.

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De mis viejas lecturas de la revista El Gráfico recuerdo una referente a la Máquina de River Plate de la década de los años 40, un equipo que quedó en la más brillante historia. Renato Cesarini era el técnico y Carlos Peucelle, su ayudante. Aquel estupendo equipo de River tenía grandísimos futbolistas en todas sus líneas, pero el apodo fue ganado por aquel quinteto de atacantes que no siempre pudo coincidir en el terreno, pero que cuando lo hizo fue indestructible.

¿Los protagonistas?: Juan Carlos Muñoz, José Manuel Moreno, Adolfo Pedernera, Ángel Labruna y Félix Loustau, una delantera cuyos intérpretes siguen saliendo de memoria cada vez que los viejos seguidores de la banda roja evocan ese pasado inigualable.

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La innovación táctica consistió en cambiar la posición en el campo del centrodelantero Pedernera, ubicándolo atrás de sus compañeros, casi como un manejador de los hilos de ataque, dejando la tarea de área a Moreno y Labruna, dos estupendos goleadores. El Maestro don Adolfo era entonces un falso 9 que también rompía redes al confundir a los defensores rivales, empeñados en marcar a sus compañeros. El cambio causó asombro y las manos de los hinchas de River enrojecían de tanto aplaudir a sus jugadores que tejían una sinfonía de pases, gambetas, túneles y goles como si se tratara de una orquesta clásica.

Tras una goleada 4-0 sobre Chacarita Juniors, el 21 de septiembre de 1941, con tres tantos de Pedernera, el periodista Ricardo Lorenzo (Borocotó) tituló en El Gráfico: “Funcionó como una máquina el puntero”. Ese día nació el sobrenombre de ese River que dominó el fútbol gaucho de 1941 a 1947.

¿Quién inventó la Máquina? ¿Fue Cesarini o fue Peucelle? Este último, símbolo de River Plate, entrevistado muchos años después, respondió dando el nombre de una persona alejada del mundo de la pelota: “La Máquina fue un invento de doña Rosa, la mamá de Pedernera”. Sin su talento y su maestría esa formación no habría pasado a ser leyenda.

El falso 9 es una estrategia utilizada en el fútbol en la que un jugador, generalmente un delantero, se desplaza hacia atrás del área y actúa como un mediocampista, alejándose de su posición tradicional de atacante de punta. Es una maniobra de distracción que permite abrir espacios cuando el adversario se abroquela en su propia área y los defensores no saben si esperar o salir a marcar. El falso 9 crea oportunidades a sus compañeros y hace goles. Messi fue el jugador que usó Guardiola para convertir al FC Barcelona en el mejor equipo de la historia del balompié universal y a la Pulga en un goleador implacable.

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Sánchez Bas pretendió ser Guardiola ante el campeón mundial Argentina, sin entender que entre él y el exitoso técnico solo existe parecido en la calvicie. Como no tenía ni un solo delantero, decidió usar de supuesto falso 9 a Jeremy Sarmiento, un jugador joven que aún no muestra nada positivo en el combinado nacional. Quiso hacer de Sarmiento una especie de Messi tropical, pero el nuestro no tiene un microgramo del talento del mejor futbolista del planeta. El resultado de este adefesio fue que la Selección jugó el peor partido en lo que va del siglo XXI.

Ni los más fervientes periodistas adictos a la FEF tuvieron palabras de consuelo para la Tri. Muchos decidieron no referirse al tema y hablar de la Liga Pro. Los seleccionados no pudieron hilvanar una sola jugada decente, peor inquietar a Emiliano Martínez, que pareció estar disfrutando del sol en las playas de Cancún. Gracias a Galíndez no hubo goleada.

A 24 horas de la derrota se recurrió a las maniobras de distracción. Aparecieron dos exseleccionados que en su momento fueron protagonistas de un par de sucesos vergonzosos en la Tri: Antonio Valencia y Édison Méndez. Le reclamaron a Enner Valencia haberle dado la cinta de capitán al arquero nacido en Rosario, pero nacionalizado desde el 2019. Galíndez es un portero de notables recursos y un caballero en la cancha y en su vida privada.

Para la mayoría de los hinchas quedó en las narices un tufo a xenofobia. Galíndez no ha sido, a diferencia de otros mimados del periodismo de TikTok, un favorecido por el Estado, que ha otorgado nacionalidades “por servicios relevantes” a jugadores de dudosa conducta para que clubes liberen cupos de extranjeros. Galíndez vino al país en 2012, formó familia ecuatoriana y cumplió todos los requisitos migratorios. No lo favorecieron evitándole cumplir con la ley; no le regalaron la nacionalidad. Se la ganó mostrando su afecto al país que lo acogió.

El Ecuador-Bolivia no merece comentario. Visto el rendimiento de la Selección solo queda desearles suerte a nuestros representantes en la Copa América. La necesitarán. (O)