El jueves último, en uno de los tantos partidos maravillosos que entrega la Premier League, el Manchester United venció 3-2 al Arsenal; se dio allí una circunstancia extraña, en la cual el cuadro londinense se puso en ventaja. Tras un córner servido por el noruego Odegaard (los tira fantásticamente, combados y llovidos como granadas al punto del penal), el arquero De Gea iba a intervenir, pero cayó al suelo, producto del entrevero en el área; pareció que acusaba una falta. En ese instante, Smith Rowe pateó al arco, el meta español seguía caído y la pelota entró. Gol. Sin embargo, el árbitro Martin Atkinson sancionó falta a favor del Manchester, anulando la conquista. Estaba concediendo tiro libre a favor del United cuando el VAR lo llamó y le informó que ningún rival tocó al arquero; fue su propio compañero Fred quien había pisado casualmente a De Gea. Por lo tanto, era gol legítimo. Y lo validó.

El martes, en Santa Cruz de la Sierra, se dio otra incidencia polémica y que afecta directamente al título del fútbol boliviano. Blooming vencía como local 1-0 a Always Ready, segundo en las posiciones. En una corrida larga, Algañaraz, delantero de Always, cometió una falta groserísima con el codo sobre el defensa Baldomar, el juez Jorge Justiniano dejó seguir y llegó el gol de la igualdad. Luego ganó 2-1 Always, equipo del presidente de la Federación Boliviana, Fernando Costa (fue su titular hasta hace pocos meses). Con ese triunfo, Always alcanzó en el liderato a The Strongest, que empató, y lo supera por goles, cuando restan solo dos fechas para culminar el torneo. Esa grave falla referil puede resultar decisiva para determinar el campeón del año. Y no pudo ser reparada, en Bolivia no hay VAR.

En ambos casos quedó reflejada, una vez más, la extraordinaria utilidad del recurso tecnológico en favor del fútbol, de la justicia y de los hinchas. Diariamente se originan decenas de situaciones de distinto tipo que inducen al error arbitral, cambian o pueden cambiar resultados y decidir campeonatos. Campeonatos por los que un grupo de hombres ha luchado un año entero. No obstante, aunque menos que hace tres años cuando se instauró, aún quedan legiones de detractores del uso del videoarbitraje. “Va a acabar con el fútbol”, “lo desnaturaliza”, “hace perder mucho tiempo”, “hay demasiados intereses, lo utilizan como quieren”. “Hay que respetar la esencia del juego”. Palabras huecas que suenan bien, ¿cuál esencia…? No nos vacunemos, entonces, no usemos celular, no viajemos en avión, desinstalemos Internet, volvamos a la esencia de todas las cosas. Volvamos a los estadios de 1930.

Odiaban el VAR, ahora ruegan que lo pongan

A quienes no gustan del VAR les hacemos la siguiente composición de lugar: su selección está jugando la final del mundo, va ganando 1 a 0 y faltan 2 minutos, el rival marca un gol en clarísimo fuera de juego, pero el árbitro no lo advierte y lo convalida igual. ¿Qué prefieren…? ¿que haya VAR o no...? ¿respetan el fallo del juez aunque pierdan injustamente el título…?

Es cierto que al comienzo (Mundial 2018) su uso generó cierto desconcierto y se generaron significativas pérdidas de tiempo, pero se fue afianzando. Había que compatibilizar el trabajo del silbato en el campo y de cinco analistas en la cabina de VAR. Ahora se falla muy poco. Y las demoras se mitigan dando más minutos adicionales. El tiempo de juego real no se ha reducido. Los árbitros salen con más tranquilidad a dirigir porque tienen una red de contención abajo. Los jugadores ya han interpretado que cuando el VAR cambia una decisión es porque está debidamente revisada.

Hubo, también es cierto, una sensación al principio de que el VAR era manipulado según a quién le tocara. Eso pasó en Sudamérica, sobre todo. No olvidemos que la FIFA se resistió todo lo que pudo (Blatter era enemigo de este recurso y a los grandes clubes del fútbol no les convenía deportivamente), hasta que se implementó por clamor popular, los fallos arbitrales eran un horror. Ayer mismo, en el clásico Borussia Dortmund 2 - Bayern Munich 3, no fue convincente la actuación del plantel de colegiados: para dar el penal que significó el gol de la victoria bávara sí hubo VAR, para un claro penal que le habían cometido minutos antes a Marco Reus, del Borussia, no apareció el VAR, al menos no se indicó al juez que lo revisara. Quedó una sensación amarga. Pero también esto se va erradicando. El sistema funciona cada vez mejor, tarda menos y, al estar expuesto a la crítica, se cuida más de actuar con mayor ecuanimidad. Un punto importante es que el árbitro principal no puede desoir el llamado de la cabina. Y en la cabina hay cinco profesionales más. Alguno puede tener algún interés particular, los cinco es más difícil.

El VAR: ¿vigilar a los que vigilan?

Incluso los detractores más acérrimos de esta tecnología, cuando un partido no tiene VAR, preguntan asombrados: “¿Cómo…? ¿no hay VAR?” Porque saben que representa una tranquilidad, un reaseguro, pero para aquellos que lo denostaron ahora es difícil arrear las banderas. Igual, las críticas se han reducido considerablemente. Cada vez resulta más necesario el recurso por la velocidad del juego y la movilidad de los jugadores, que induce a más equivocaciones al imparcial. Sería una locura volver atrás. Pero no pasará. Y en cinco años estará completamente impuesto, se hablará cada vez menos de él. En general, hubo tenaz oposición a casi todas las innovaciones del fútbol, y todas dieron excelente resultado. Las tarjetas, el aerosol para marcar distancia, los tres puntos a la victoria, la imposibilidad del arquero de tomar con las manos un pase de un compañero, la flexibilización del offside, todas las medidas para reducir el juego brusco y las pérdidas de tiempo, la profesionalización de los árbitros…

La noche de este domingo jugarán Independiente del Valle y Emelec la primera final del campeonato ecuatoriano. Por suerte, habrá VAR. Esperemos que, cuando le toque actuar, nos dé la razón de su utilidad, que esté a la altura del compromiso y no inclinado a los intereses de nadie. (O)