Cada vez que visito a mis amigos Luis y Kevin Romero y Stalin Rueda, seguidores apasionados de Emelec, no puedo dejar de preocuparme por su estado de ánimo. En la mirada se nota abatimiento y tristeza. Los tres me lanzan una interrogante, mezcla de decepción y angustia: “¿Usted cree que nuestro equipo se salvará del descenso?“. Yo trato de inyectarles algo de ánimo y les doy argumentos en los que ni yo mismo creo, pero ellos no abandonan ese gesto de desaliento que provoca la mala campaña de los eléctricos.