Aunque sea en la tabla del alma, ganar siempre suma. No existe tónico más curativo ni noticia más tranquilizadora que la victoria. Es de suponer que eso aconteció con Ecuador 2 - Bolivia 1. Ni era por la Eliminatoria ni Bolivia es Brasil o Argentina, pero todo triunfo calma los nervios, agrada, ilusiona. Buena idea de Gustavo Alfaro (y seguramente de la Federación también) la de aprovechar la fecha FIFA y armar este amistoso, así Bolivia sea el último de la tabla. No importa, todo partido sirve, más a nivel de selección, en el que no abunda la posibilidad de jugar. Y en tiempos pandémicos, cuando no sobran ocasiones. Aparte, se jugó con seriedad, sin pensar en el rótulo de “ensayo”.

El tema de un partido preparatorio, siempre, es qué deja, para qué sirvió. En el caso de Ecuador, fue extremadamente útil para que su técnico, que desde su llegada ha tenido apenas dos semanas a sus jugadores, pueda conocerlos más, probarlos, ver cómo se acoplan, seguir sacando conclusiones. Incluso para armar un grupo, que siempre es tan complicado en cualquier actividad humana. Cuanta más convivencia, más amistad. Y de la empatía surgen los buenos equipos. Ojalá hubiesen podido concertar otro amistoso y seguir concentrados, volver a hacer noventa minutos de fútbol, aceitar más la máquina, darle rodaje.

Ecuador dio nueve titulares de ventaja: Angelo Preciado, Robert Arboleda, Xavier Arreaga, Pervis Estupiñán (la defensa completa), Carlos Gruezo, Moisés Caicedo, Renato Ibarra, Junior Sornoza, Enner Valencia. Solo Domínguez, Mena y Michael Estrada de los habituales. No obstante, ratificó las enormes diferencias que hay con Bolivia. Hoy, son antípodas. Y se lo hizo ver. De entrada asumió el protagonismo, más por actitud y confianza que por localía. Además, con Bolivia no cuenta la altura.

Pese a ello, los dos goles llegaron por errores elefantísticos de Bolivia. En el primero, centro de Perlaza, Fidel Martínez que cabecea con la oreja y le salió un tirito a las manos del arquero, pero este (Javier Rojas, debutante), pareció tenerlas enjabonadas, se le cayó la bola y el mismo Martínez la remachó a la red. En el segundo, Juan Carlos Arce, delantero devenido en volante ofensivo, estaba en el área (¿qué hacía ahí?), la pelota le vino al pie, pero para no chocarse con un compañero, saltó y la dejó pasar, insólito; se la dejó a Michael Estrada en el punto del penal para que este aprovechara y convirtiera a voluntad.

En verdad, el mejor gol de la tarde fue el boliviano, el de Rodrigo Ramallo (hijo de William, goleador de la Eliminatoria de 1993, quien le marcó dos goles a Ecuador, uno de La Paz y otro en Guayaquil). Ramallo pescó una bola que bajó Marcelo Martins y, de aire, sin dejarla tocar el piso, sacó un remate precioso y preciso que se metió junto al palo derecho del sorprendido Alexander Domínguez. No hay culpa de nadie, es todo oportunismo del atacante.

Ecuador ratificó las enormes diferencias que hay con Bolivia. Hoy, son antípodas. Y se lo hizo ver.

De lo que se vio, muy buena tarea de Pedro Pablo Perlaza, sólido reemplazo de Preciado. Excelente lo de Mena, siempre movedizo, peligroso, asociativo, bueno en el toque, clarividente para orquestar ataques. Un jugador franquicia para el técnico. Bien Michael Estrada porque cumplió la tarea del verdugo: tuvo una y fue gol. Aprobado el otro lateral, Leonel Quiñónez. Fidel Martínez aportó un gol, cumplió. El resto no desentonó.

Mención para Gonzalo Plata: con Ecuador se siente tan capaz que intenta todo, la gambeta, la pared, el gol. Y muchas cosas le salen, aunque a veces excede la floritura y debiera ser más vertical. Alfaro ha de estar encantado con él, con 20 años muestra un desenfado notable, y puede seguir creciendo. La pregunta es ¿Por qué casi no juega en Portugal…? En 30 partidos que lleva el Sporting en la temporada, Plata apenas jugó 335 minutos, o sea tres juegos y fracción. En 12 no fue ni convocado, en 8 estuvo de suplente y no entró, en 2 fue titular (1 por Copa de Portugal y 1 por Copa de la Liga) y en otros 8 sumó 5 minutos, 10, 19, 19, 28… ¿Por qué…? ¿También hay racismo con él en Portugal, donde juegan cientos de futbolistas de origen afro…? Para su evolución humana y deportiva sería deseable que se adapte al medio europeo y se afirme.

Párrafo para Damián Díaz. ¿Cuál es el sentido de su convocatoria si el equipo está jugando bien y Kitu está a punto de cumplir 35 años…? Recién van cuatro fechas de Eliminatoria, aún el proceso no está consolidado, está bien que Alfaro siga viendo jugadores. Díaz es un creador que no necesita de un gran despliegue para dar soluciones. En un partido cerrado, complicado, adverso, puede abrir la puerta del gol con un toque, una pelota profunda, incluso con un gol. Se lo ve bien, entusiasmado. Aparte, no creemos que llegue como titular sino como una buena alternativa en la zona de desequilibrio.

El golero boliviano Javier Rojas Iguaro se anticipa al intento de Damián Díaz. Foto: API

¿Y Antonio Valencia…? ¿Quién lo rumorea para volver a la selección…? ¿Su agente…? Se fue mal del equipo, después de haberse presentado fuera de forma en la última Copa América, pero más allá de eso, como laterales hay dos valores excelentes: Preciado y Perlaza. Los dos han rendido en nivel óptimo. En el medio, Gruezo y Moisés Caicedo han estado impecable uno, brillante el otro. No se justifica. Tampoco por el lado de Renato Ibarra, Mena o Sornoza. Próximo a los 36 años, lo de Valencia se parece más a una operación de prensa de su entorno que una necesidad de la selección.

Se percibe un gran entusiasmo en la Tricolor, un deseo evidente de todos sus miembros de querer ser convocados, jugar, descollar y formar parte de algo importante. Se nota un ambiente optimista, ganador, con la seguridad de saber a qué se juega. Todo parte de un técnico inteligente y perspicaz, rápido de reflejos, convencido de sus ideas y cero compromiso con los jugadores. Llegó con las manos libres, habla claro y trabaja fuerte. Y los resultados lo respaldan. A su vez, él se encontró con un material excelente. Pareciera estar gestándose algo grande. ¿Será en la Copa América…? (O)