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La maldición del Torino, ¿verdad o mito?

En el fútbol existen leyendas que van más allá de lo creíble: la del 'Garabato' en Colombia, la de Makanaki en Ecuador... En Italia también.

Gigi Meroni, uno de los protagonistas de la 'maldición' del Torino a lo largo de la historia. Foto: Diario As

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Hoy en día hay una tendencia periodística que dicta que la historia tiene espacio solo para los ganadores, los que se convierten en ídolos, a los que todos aplauden y admiran. Una postura equivocada, porque la historia también tiene un importante espacio para los perdedores; los esfuerzos, el sacrificio y el sueño postergado son una manera de exaltar el mérito del triunfador.

Con estas premisas, no existiría ninguna duda en afirmar que el éxito no es azar, aunque también muchos preguntan si existe la suerte en el deporte. Sobre el particular, la mala suerte en el ámbito deportivo tiene mucha tinta y capítulos, y ha ganado espacio gracias a las creencias populares, las que han alimentado la idea de la existencia de maldiciones que por su reiteración se van convirtiendo en leyendas.

Gianni Breda, considerado uno de los mejores periodistas deportivos italianos de todos los tiempos, dedicó muchos esfuerzos a girar la rueda de la historia, para desentrañar si los irresistibles momentos en la vida del club de fútbol italiano Torino, fundado en 1906, son eventos diseñados por el destino. Breda lo calificó como el equipo de balompié con peor suerte en la historia, dichos que, viniendo de tan notable personaje, convencieron a muchos seguidores de que no era cuestión de casualidad.

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‘Maldiciones’ en el fútbol

Son conocidos los casos de maldiciones que han tenido resonancia en el mundo futbolístico, como la famosa maldición del Garabato. Se comenta que Benjamín Garabato Urrea, uno de los fundadores del popular América de Cali en la época que el equipo participaba en el fútbol amateur y opuesto a que el club se convirtiera en profesional, sentenció que nunca sería campeón. Tal afirmación condenatoria adquirió vigencia cuando el América, de cuatro finales de la Copa Libertadores de América, las perdió todas.

Sin irnos muy lejos, el equipo más popular de Ecuador tiene su propia historia de maldiciones; la más famosa, la de Makanaki, jugador nacido en Camerún y contratado por Barcelona Sporting Club en 1995. Al momento de dejar el club el africano habría sentenciado que si no le pagaba la deuda que tenía con él, no volvería a ser campeón. Se comentó que Makanaki había enterrado en el campo del Monumental unos huesitos de mala suerte que mientras no se los encontraran la maldición tendría vigencia. Muchos apasionados hinchas barcelonistas creen que aquello existió, porque desde 1998 tuvieron que pasar catorce años para que Barcelona fuera nuevamente campeón. La leyenda dice que el club nunca le pagó lo adeudado a Ciryl Makanaki, pero que pudo soltar la maldición cuando Alfonso Pocho Harb llevó a recorrer la cancha a un famoso chamán que llegó desde Cuenca, aunque otros afirman que el mismo Harb, cansado de esa maldición, recorrió toda la cancha llevando entre las manos el cuadro de la Madre Dolorosa.

El caso del Torino

Regresando al tema principal, de por qué se lo ha calificado al Torino como el club con peor suerte de la historia, diversos sucesos dramáticos, repetidos en varios momentos de su vida, fueron de tanta connotación que los hinchas rivales de la ciudad de Turín lo señalan como la squadra maledetta (el equipo maldito).

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Se puede considerar como el suceso más sentido en el fútbol de Italia la tragedia de Superga, sucedida en 1949. El denominado Gran Torino era el más increíble fenómeno futbolístico de la posguerra. Es conocido que nació bajo el bombardeo del conflicto. Su presidente Ferruccio Novo no solo se dedicó a contratar jugadores en pleno conflicto, incorporó también como DT al conocido Vittorio Pozzo, que había sido entrenador de la selección italiana, con la que ganó los campeonatos mundiales de 1934 y 1938, además de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. Así comenzó la construcción del Gran Torino.

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Otra de las facilidades conseguidas por el presidente del club fue por tener vínculos con el fascismo. Consiguió la excepción para los jugadores con el servicio militar. La prensa italiana calificaba así al Gran Torino como un equipo armónico. Su inspiración, clase y vigor se fusionaban perfectamente. Ganó el Scudetto en 1946, 1947 y 1948.

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Estuvo muy cerca de ganar el de 1949. Cuando faltaban cuatro fechas para terminar el campeonato, el club pidió autorización para viajar a Portugal, para jugar un partido amistoso con el Benfica. Todo salió bien, fue un verdadero espectáculo en Lisboa. Terminado el encuentro el 4 de mayo de 1949, el equipo abordó el avión que los traería de vuelta a Turín en la Avio Linee Italiane. Despegó a las 09:40. A las 13:00 hizo escala en Barcelona. A las 14:50 despegó a Turín. Cerca de la pista de aterrizaje, la torre de control le confirmó las malas condiciones atmosféricas. A las 16:59 existió el último contacto con quien dijo que estaba a 200 m, y el acercamiento por la vía de la colina donde está la basílica de Superga. El momento de la tragedia llegó a las 17:03. El avión se estrelló en la ladera. El capitán de la nave, Pier Luigi Meroni, calculó mal y el avión colisionó. Fallecieron todos, un evento que enlutó al fútbol.

Con el pasar de los años el apellido Meroni, del piloto de la nave en 1949, creó una nueva leyenda de mala suerte para el Torino. Esta sucedió en la década de los 60, cuando la estrella del equipo Gigi Meroni, apellido igual al del piloto años antes, había sido la figura del equipo en plena vigencia. Gigi era comparado con el famoso George Best. Lamentablemente, terminado un partido que ganaron a la Sampdoria, Meroni, ese 15 de octubre de 1967, mientras cruzaba la vía saliendo del estadio, fue embestido por un vehículo, conducido por Attilio Romero, un joven fan del Torino y de Gigi. Un póster del jugador colgaba en su habitación. La tragedia nuevamente conmocionó al fútbol. Romero fue declarado inocente luego del juicio respectivo, pero vivió toda su vida mortificado. Sin embargo, la suerte o el destino le tenía preparado nuevos retos. Romero, un ejecutivo de la FIAT, 33 años después del accidente que terminó con la vida de su ídolo, llegó a la presidencia del Torino.

Pero lo peor estaba por llegar. Romero manejó tan mal las finanzas del club que lo llevó a la bancarrota y hasta a la disolución, por un tiempo. El nefasto directivo terminó en la cárcel dos años y medio por defraudación al fisco. Se lo reconoce como símbolo maldito.

Algunos otros casos se suman a la ‘mala suerte’ del Torino, como cuando decidió transferir a su máxima figura Gianni Lentine en 1992 al AC Milan con la oposición de la hinchada. Cuando esta se enteró, fue a lanzar monedas a la casa del presidente del club y a la del jugador, gritándole a este “mala suerte para ti”. Lentine pasó a Milán, pero sucedió lo inesperado la noche del 2 de agosto de 1993: sufrió un grave accidente que lo dejó en coma tres días y su vigencia como estrella se apagó.

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En fin si es verdad o mito, cada cual sacará sus conclusiones. (O)

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